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dissabte, 19 d’octubre del 2013

"Es peor una mala jubilación que una muerte a tiempo". La Contra de La Vanguardia.

Ricardo Moragas. Gerontólogo.
Tengo 78 años. Soy barcelonés. Soy gerontólogo social, especialista en jubilarse jubilosamente. Tengo tres hijos y seis nietos. ¿Política? Progresista, ¡mejora de la sociedad! ¿Creencias? Soy católico practicante. Si te jubilas, ¡atorníllate una buena agarradera en el baño!

PARA TORPES
Es nuestro más veterano y experimentado especialista en gerontología social, es decir, en saberlo todo sobre la tercera edad y la jubilación, estadio que Moragas lucha para dignificar y que no sea una "muerte civil". Le apasiona su trabajo como formador de trabajadores -funcionarios públicos, empleados de grandes industrias..., a los que prepara para que su jubilación no sea una jubilación guillotina": como tal la viven muchos. "Uno me preguntó si podría seguir haciendo el amor tras jubilarse».", me ilustra Moragas, que compendia todo su saber al respecto en el libro Jubilación para torpes (Oberon), un buen manual alegremente ilustrado por Forges.

Jubilarse ¿es jubiloso?
Debería, pero no siempre lo es.

¿Por qué no?
Porque nadie nos enseña a prepararnos para tan crucial momento..., que siempre llega.

Excepto si te mueres antes.
Lo que no es mal final: es preferible una muerte a tiempo que una mala jubilación.

¿Qué es una mala jubilación?
Si entras en una cascada de dependencias...

¿Depender de otros?
Depender de otros para lo básico: es lo peor.

Enséñeme a jubilarme bien, por favor.
Es una asignatura que debería enseñarse desde el jardín de infancia.

Bromea.
No. Nos educan para ser siempre jóvenes y no ver el final de la vida, no aceptar que un día seremos viejecitos... Corrijamos eso.

¿Cómo?
Dejando que los niños vean a la abuela muerta, por ejemplo. Lleva a los niños al funeral y al entierro de un ser querido.

Aunque lloren.
Les ayudas a crecer: les muestras la realidad, que la vida es nacer, madurar, envejecer... y morir. Y después, lo que cada uno crea. Pero los padres sobreprotegen hoy a los hijos de un modo antinatural.

¿Qué puedo hacer por mi buena jubilación? ¿O ya es tarde?
Siempre se puede hacer algo: organizo cursos para que jubilarse no suponga una muerte civil, una muerte anticipada.

¿Y qué me aconseja?
Contemplar cinco aspectos: físico, mental, social, económico y residencial.

Físico: ¿cuidarme?
El 39% de la población española padece sobrepeso: ¡es la puerta a una jubilación achacosa! Evítalo con ejercicio, dieta mediterránea a horas regulares, sin tabaco, con poco alcohol..., y duerme tus horas cada noche.

Ahí voy mal...
Y al que llega a la jubilación, le doy un consejo básico: vigila no perder el equilibrio al caminar. ¡Es fundamental! Una mala caída puede desencadenar una cascada de dependencias... irreversible. Yo mismo me operaré una rodilla ahora, para evitar caerme.

Vamos con la mente: ¿cómo la cuido?
Mantenía activa. Veo que tomas notas mientras hablamos: ¡bien, estimulante! Y procura cultivar actividades intelectuales que te motiven... para seguir con ellas al jubilarte.

¿Es importante?
¡Mucho! La enfermedad más frecuente entre jubilados es la depresión: un 15%. Muchos jubilados lo llevan mal..l y hay bastantes suicidios, pero de eso nadie habla.

¿Y la degradación neuronal?
Olvidar dónde están las llaves es leve, más grave es olvidar el nombre de tu pareja. La clave es adaptarte a cada situación.

Y aquí habrá de todo.
Está el jubilado maduro: disfruta con su presente. El jubilado pasivo: le compensa quedarse en la mecedora. El defenso-activo: "Si me paro me muero", dice, haciendo cosas para evitar la ansiedad del tiempo libre...

Mi señor padre.
El jubilado colérico: lo critica todo y culpa a todos de sus fnistraciones. Y el jubilado autoagresivo: se odia, se culpa de todo...

Qué amargura.
Vamos con el entorno social: el 84% de los jubilados pierde el grueso de sus relaciones sociales al jubilarse. Y, aquí, la familia es crucial: en España, la familia palía muy bien lo que en otros lugares cubre el Estado.

Conviene cultivar la familia, pues.
Hay quien ha conocido a su mujer al jubilarse: uno me contó que, por su trabajo, en veinte años sólo habían convivido veinte días...

Un caso extremo...
Más común es convertirse en abuelos-esclavos: niñeros de nietos. ¡Cuidado! Hay que pactar una ayuda mutua razonable.

Aconséjeme sobre el dinero.
Las pensiones tenderán a encogerse. Planifique una pensión complementaria privada. Y ya venderá bienes superfluos al jubilarse, y pactará una renta vitalicia sobre la vivienda, o una hipoteca inversa-..

Y moderaré gastos.
Y evite crueles disputas entre hijos: deje un testamento lo más claro y preciso posible.

¿Qué es lo primero que debería hacer alguien al jubilarse?
Una memoria vital: un repaso de lo que ha sido su vida para entender que ha sido productiva, que tiene un sentido psicosocíal.

¿A qué edad deberíamos jubilarnos?
A los 70 años: estamos en forma a esa edad, y podemos disfrutar trabajando... y hacer sostenible el sistema público de pensiones.

¿Qué regalo le haría a un jubilado?
Un agarradero para el baño.

¿Ah, sí?
Sí, ¡y bien atornillado a la pared! Eso te puede salvar la jubilación. Eso y, en vez de bañera o plato, ducha a pie de suelo con piso antideslizante y sumidero en medio. ¡Hay que prevenir a toda costa una caída! Con eso evitarás una cascada de dependencias... letal.

Resuma la lección para jubilarse bien.
Lo ideal es tener salud, dinero y amor hasta el final y que la muerte sea sólo un saltito.

Deme un ejemplo de jubilado jubiloso.

El doctor Joaquín Barraquer.


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