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dimarts, 23 d’octubre de 2012

SE TRATA DE INSISTIR. Gaspar Hernàndez.


El director de cine Woody AIlen sostiene que el 90%, del éxito se basa simplemente en insistir. Y un refrán chino dice: si caes siete veces, levántate ocho.
Muchas pruebas se interponen en nuestro camino; y muchas veces tenemos la tentación de tirar la toalla. Según el coaching, cada vez más de moda, el fracaso no existe: existen resultados no logrados. Si lanzamos la toalla, se terminó el viaje; aunque siempre podemos visualizar un nuevo destino, con un nuevo rumbo.
De eso, de cambiar el rumbo -no el destino- se trata,-según el gurú norteamericano Anthony Robbins, quien compara cualquier propósito a un viaje en barco: si el viento no nos es favorable, o nos encontramos con un temporal, podemos modificar el rumbo. No el destino. Quizá tardaremos más, pero al final llegaremos
En su libro Despertando al gigante interior (Debolsillo) lo deja bien claro: «Mantente comprometido con tus decisiones, pero mantente flexible en tus estrategias».
Me llamó la atención la historia que cuenta de Soichiro Honda, fundador de la empresa que lleva su nombre. Es una historia difícil de olvidar. «Al igual que otras compañías», dice Robbins, «Honda Corporation empezó con una decisión y un deseo apasionado de producir un resultado».
En 1938, cuando todavía estaba en la escuela, el señor Honda invirtió sus ahorros en un taller que le sirviese para desarrollar su concepto de un aro de pistón. Deseaba venderlo a la Toyota Corporation. Trabajaba día y noche. Dormía en el taller. Incluso empeñó las joyas de su esposa. Cuando completó los aros de pistón, Toyota le dijo que no cumplían los niveles de calidad.
Perseveró. Según Robbins, «en lugar de enfocar la atención sobre el dolor de la experiencia, decidió continuar enfocándola sobre su objetivo. Pero cambió sus métodos». Pasaron cuatro años. Finalmente, Toyota le ofreció el contrato con el que había soñado. Pero entonces, surgió un nuevo problema.
El Gobierno japonés se estaba preparando para la guerra y se negó a entregarle el hormigón que necesitaba para construir su fábrica. No tiró la toalla. Desarrolló otra estrategia. Él y su equipo inventaron un proceso para crear su propio hormigón. Pero, entonces, de nuevo, surgió otro problema
Durante la guerra, la fábrica fue bombardeada. El señor Honda decidió ver la botella medio llena. Reconstruyó la fábrica y recogió los bidones extra de gasolina que habían desechado los aviones estadounidenses. Los denominó «regalos del presidente Truman», porque aquella materia prima era muy valiosa en aquel tiempo en Japón La necesitaba para su proceso de fabricación, y le salió gratis.
Pero entonces, un terremoto arrasó la fábrica y decidió vender su explotación de pistones a Toyota.

BICICLETAS CON MOTOR
Acabada la guerra, en Japón había una gran escasez de gasolina. El señor Honda ni siquiera podía usar su coche. Colocó un pequeño motor su bicicleta. Los vecinos le empezaron a pedir «bicicletas motorizadas» como la suya.
Así que decidió construir une planta para fabricar motocicletas.
Pero surgió un nuevo problema no disponía del capital necesario Escribió una carta a los 18.000 propietarios de tiendas de bicicletas de Japón y les convenció de la movilidad -barata- que produciría si invento. El artilugio se convirtió en un éxito inmediato. Incluso el emperador le recompensó. Y empezó a exportar sus motos para venderlas a los jóvenes de Europa y de Estados Unidos.


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