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dijous, 25 d’octubre de 2012

¿Cómo afecta la crisis a la pareja?. Yaiza Saiz.


La crisis económica no sólo desestabiliza a los mercados de valores, sino también a las relaciones afectivas. Cada vez más parejas se disuelven ante una mala situación financiera. Otras, por el contrario, se vuelven más sólidas y fuertes que nunca.
Dice un viejo refrán que “cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”. Y es que en lo que se refiere a relaciones afectivas, los problemas financieros son y serán siempre caldo de cultivo para el estallido de conflictos entre las parejas. La actual coyuntura económica que atraviesa Europa no sólo embriaga de pesimismo, ansiedad o depresión a los españoles por la falta de seguridad financiera, sino que también afecta a sus relaciones conyugales.
Según un estudio de La Maleta Roja, empresa líder en erotismo y salud sexual de la mujer, la crisis económica afecta a tres de cada diez parejas españolas. La razón es que en cuestiones de dos “las dificultades con dinero son menos dificultades”, explica la doctora Trinidad Bernal, experta en emoción y relaciones interpersonales, y directora de los programas de mediación de la Fundación Atyme (Fundación de Atención y ­Mediación para el cambio). En tiempos de bonanza económica es fácil mantener el equilibrio en el hogar, pero ¿y en momentos de incertidumbre y crisis? Según Guillermo Fouce, doctor en Psicología Social y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, “si una relación atravesaba a priori un momento delicado, la crisis económica puede potenciar la ruptura de la pareja. Por el contrario, si siempre se ha gozado de una buena relación, la crisis puede hacer más sólida la unión”.
Un condicionante para la ruptura La primera de las premisas citadas por el psicólogo se encarna en la situación de Joaquín (quien no quiere revelar su apellido por motivos personales). Este sevillano de 41 años, que actualmente se está separando, admite que aunque la crisis económica no fue una causa directa de la ruptura con su pareja, “sí ha sido un condicionante, un leño más para avivar la hoguera –explica–; si tienes solvencia económica muchos problemillas que surgen se van diluyendo”. En su caso, su mujer quedó desempleada como consecuencia del paro actual y desde entonces sólo ha podido optar a contratos laborales discontinuos. “Cuesta adaptarse a que si antes tenías unos ingresos ahora ya no los tienes –afirma Joaquín–; ella me pedía que me ajustara más y yo le reprochaba que ella tenía que ingresar dinero”. Los cambios laborales, el desempleo, el ver mermado el presupuesto familiar, o cualquier otro cambio vital en los hábitos y conductas de una pareja pueden hacer aflorar el reproche mutuo. “Tendemos a culpar al otro de la situación, a responsabilizarle de todo, a proyectar nuestros propios conflictos internos en la pareja”, explica Fouce.
Pero la crisis económica no sólo va astillando las relaciones de las parejas más débiles, sino que en muchas ocasiones obliga a demorar el divorcio en el tiempo.Si ella hubiera tenido trabajo, me hubiera atrevido a dar el paso antes”, asegura Joaquín. Según Antonio Rubio, presidente de la sección de derecho matrimonial y familiar del Col·legi d’Advocats de Barcelona, “desde el 2008 el número de divorcios por año está experimentando un ligero descenso”. ¿A qué se debe? “Ahora muchas parejas no tienen la posibilidad económica de acudir al juzgado, por lo que buscan una posible reconciliación o una convivencia pacífica”, explica Rubio. Lo que sí está aumentando en los tribunales de derecho matrimonial y familiar es “la litigiosidad y las ejecuciones de sentencias en reclamaciones económicas”. Fijar una pensión un poco más alta o un poco más baja, años atrás no causaba tanto conflicto, “ahora te piden que lo reclames todo. Incluso están surgiendo cláusulas especiales a raíz de la crisis”. Por ejemplo, “desde hace un par de años se ha comenzado a aplicar una cláusula a los divorcios por la que en caso de que la parte que deba pagar la pensión alimentaria quede en desempleo, se rebaje automáticamente un tanto por ciento la compensación económica”, explica Rubio.

Vivir separados
Si bien divorciarse es costoso, más lo es “vivir en dos viviendas con doble recibo”, afirma Trinidad Bernal. “Muchas parejas llegan a acuerdos privados para evitar arreglar las desavenencias legalmente, pero es un error –explica la mediadora de pareja–; si existe conflicto y no se separan por no disponer de acceso económico a dos viviendas, la situación puede agravarse mucho más”. Las circunstancias de cada pareja marcarán su destino. Hay quienes deciden irse a cualquier precio y abandonar a su pareja, y quienes optan por quedarse, aguantar y resistir. Es el caso de Joaquín, que se vio forzado a quedarse en casa tensando la cuerda con su pareja durante un año más antes de tomar la decisión definitiva de separarse. “Lo peor es tener que comerte todo desde dentro del hogar, tienes el deseo de salir y te sientes sin escapatoria por no tener dinero para ello”. Según Bernal, “no hay que llegar nunca a este extremo, ni por los hijos ni por la economía”.
Esa escapatoria que nunca llega, derivada de la situación económica, puede deberse a que el compromiso entre la pareja se vea reforzado por la incertidumbre. “El amor, según la psicología social, se establece a partir de tres parámetros: la pasión, el compromiso y la intimidad –afirma Guillermo Fouce–. La crisis puede hacer disminuir el primero y el último de los parámetros, pero fortalecer el segundo”. Eso explica que cada uno de los miembros de la pareja vea más difícil encontrar alternativas. “Aunque parezca contradictorio, cuando hay más conflicto y más tensión, más se mantienen las relaciones –explica el psicólogo–; condiciona la decisión de romper”. Pensamientos como “vamos a aguantar porque estamos en un mal momento” o “van a despedirle” recorren continuamente la cabeza de alguno de los miembros de la pareja. “Se produce una reacción de solidaridad, incluso de comprensión por parte de la otra persona –asegura Guillermo Fouce–. La pareja se refuerza porque cree que por la situación no es el momento de romper, sino de unirse y salir adelante juntos”.

Solidaridad para evitar la catástrofe
Esta catalana de 32 años mantiene junto a su pareja a sus 4 hijos con tan solo 426 euros al mes. Tanto ella como su marido se encuentran parados y en el próximo mes de octubre verán agotada la última de las ayudas que les ofrece el Inem, “estamos pendientes de saber si la Genaralitat nos podrá ayudar con las cosas de los niños, y aunque los Servicios Sociales y Caritas también nos echan una mano, no tendremos ingreso alguno”, explica López. No obstante, para este matrimonio, “la esperanza es lo último que se pierde” y por eso reconocen estar ahora más unidos que nunca, “gracias a Dios nos apoyamos mutuamente, sino ¿qué nos queda?”. Para Miriam López, la clave para mantener la unidad afectiva y familiar con su pareja es hablar mucho y cuanto antes mejor, si no llegaría un momento en el que él tendría sus cosas y yo las mías y estallaría la tensión –explica–; hay que tratar de entender al otro y ponerse en su lugar. Respecto a los reproches, que tan fácilmente prenden la mecha de la discusión en una situación de crisis, considera que “las cosas que han pasado, pasadas quedan. Si sigues con tu pareja es porque se supone que la has perdonado, si no, es mejor que cada uno vaya por su camino”.
Miriam López recuerda con una sonrisa una anécdota que les sucedió en el juzgado de Sabadell, “nos dijeron que nos saldría más a cuenta separarnos, aunque siguiéramos viviendo juntos, porque así tendríamos más ayudas”. Pero el matrimonio, a pesar de las vicisitudes financieras por las que atraviesa, ni se lo plantea. “La crisis económica no tienen por qué pagarla las parejas. Esto es cosas de los gobiernos que no saben administrar, y estrujan al que no tiene y engordan al que más tiene”, afirma.

La enfermedad de la crisis
“No son las personas quienes se están volviendo locas –explica Fouce–; sino que es la propia situación financiera la enfermedad”. Cuando las circunstancias económicas, laborales o familiares cambian hay que saber adaptarse. Pero el principal problema de esta crisis es “saber hacia dónde vamos. Los niveles de incertidumbre son tan altos, que nadie sabe qué debe hacer para responder ante la situación”, asegura Guillermo Fouce. Por eso, la crisis es enfermiza, deprime y angustia, porque no tiene ni rumbo ni timón. “Lo que es insano en sí es la propia situación, más que sus consecuencias”, explica el psicólogo. Para atravesar junto a la pareja este mal bache, ese agujero que aún vemos sin fondo, es importante “no echar paja en el ojo ajeno –afirma el psicólogo social–; en tiempos de cambio y de conflicto es mejor no tomar decisiones de ruptura, sino pasar el mal trago y después del cambio decidir”.
En momentos como el actual, en el que nada se muestra diáfano ante los ojos, las energías se centran en sobrevivir y salir hacia adelante, solo o acompañado. Por eso, se potencia el egoísmo y el individualismo instintivo de la persona, o por el contrario, triunfa la generosidad y el amor.

Sexo, el espejo de los problemas
La vida sexual de una pareja también puede verse condicionada por la inestabilidad financiera. Y es que “cualquier problema que podamos tener nos afecta sexualmente”, explica Francisca Moleno, médico y directora del Instituto de Sexología de Barcelona. Según revela una investigación del South Bank University de Londres, liderada por el sociólogo Jeffrey Weeks, en los periodos de crisis económica las personas son más tradicionales, pasivas y conservadoras en sus comportamientos sexuales. Por el contrario, las épocas de bonanza económica conllevan una relajación en las costumbres que permiten un mayor aperturismo y permisividad hacia comportamientos sexuales distintos de los tradicionales.
Pero ¿es esta ecuación tan simple? Moleno cree que el aumento o la disminución del deseo sexual “depende de la situación económica de cada pareja”. Para la sexóloga, también es factible que se produzcan casos contradictorios. “Quién esté preocupado por la crisis financiera, pero tenga sus necesidades cubiertas, puede buscar refugio en el sexo y mejorar la actividad”, explica. El sexo se traduciría de este modo en una vía de escape al pesimismo social y reforzaría el vínculo afectivo con el otro. No sería lo mismo para aquellas parejas preocupadas por llegar a fin de mes. “Estas personas dejan de pensar en el sexo porque no tienen ganas de nada. De ese modo se reduce la libido”, asegura Moleno. La crisis económica o el paro pueden afectar a alguno de los miembros de la pareja y reducir la motivación necesaria para mantener una vida sexual plena. ¿A quién afectan sexualmente más los problemas financieros, a los hombres o a las mujeres? “Las disfunciones sexuales en estos casos son mixtas –explica Moleno–, mientras que en los hombres las preocu­paciones laborales y económicas alteran la erección, en las mujeres se dificulta la lubricación durante el encuentro sexual”. No obstante, los hombres estarían un poquito más damnificados, ya que “hay una relación bastante directa entre el papel sexual y el social”. Para un hombre, quedar desempleado y no poder ingresar dinero a la economía familiar no es sólo un grave atentado contra su propio ego o imagen social, sino también contra la percepción que tiene de él su pareja. “Creer que la otra persona ya no le ve como una parte importante del engranaje familiar puede influir directamente en su sexualidad, y es posible que comience a padecer problemas de erección”, afirma Moleno.
La clave para solucionar estas redecillas sexuales es compartir tiempos y espacios con la pareja. “Cuando uno de los dos está muy preocupado deja de pasar tiempo con el otro explica la sexóloga, y es un grave error”. A la sexualidad, según Moleno, hay que dedicarle ahora más tiempo que nunca para evitar que se deje de estimular el erotismo y la seducción. ¿Por qué? Esta experta receta practicar sexo como cura contra la crisis y el paro porque tener estabilidad emocional es uno de los pilares básicos en momentos de incertidumbre. El sexo aumenta la dopamina, que es la hormona que produce en el cerebro sensación de bienestar –afirma–, y, además, ¡practicarlo es gratis, sólo hay que invertir un poquito de energía!”.

Cómo evitar la confrontación y el reproche
La economía no debe apagar el amor de una pareja. Los psicólogos recomiendan algunas claves para que los problemas financieros no interfieran en la relación afectiva.
  • Ser realistas y asumir las circunstancias.
  • Entender que la relación afectiva es una prioridad frente a los problemas que puedan surgir.
  • Mantener un buen nivel de  comunicación e intimidad con la pareja.
  • Entender los problemas económicos como un reto compartido.
  • No aislarse, tener temor a hablar con la pareja sobre las preocupaciones puede hacer estallar el reproche.
  • No proyectar los conflictos internos en la pareja.
  • Aprender a pedir ayuda y a buscar apoyo en el otro. Ser comprensivo.
  • Hablar y discutir las finanzas abiertamente con la pareja, ya que son una cuestión de dos.
  • Recordar que “el dinero viene y va”. Quizás ahora no se atraviese un buen periodo económico, pero ya llegarán tiempos mejores.



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