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dijous, 11 d’octubre de 2012

"Ser derrotado es a menudo una condición temporal, abandonarse es lo que hace que sea permanente." Frases para cambiar vidas.


Autor: Marilyn Vos Savant. 
¡Ya no más¡ ¡Hasta aquí llegué¡ ¡Renuncio¡ ¡No puedo seguir¡ ¡Me rindo¡ ¿Te recuerdas a ti mismo alguna vez exclamando frases similares a estas?
Ser conscientes de haber agotado todas nuestras reservas de energía en pos de la resolución positiva de una situación difícil y tener que rendirse ante la terca evidencia que nos grita, que hagamos lo que hagamos, no podremos ganar en un empeño concreto, es una sensación amarga y una experiencia dolorosa como pocas, para quien posea un cierto coraje y una mínima autoestima.
Abatirse, no por no haber prescindido de luchar, sino por comprender que no es posible alcanzar el desenlace deseado, no puede hundirnos en la postración y el nocivo desaliento. Es en ese instante cuando las probabilidades de caer en los abismos de la autocompasión, el victimismo, y la culpabilización se hacen más patentes.
Hay muchas veces que no se puede luchar contra una determinada situación, aunque se ponga todo el ánimo y todo el tesón e incluso hasta el talento que no tenemos, en sacarla adelante. Hay veces que uno consume todo su vigor y acaba por darse cuenta que no avanza ni un solo centímetro y el remedio a lo que le preocupa, sigue tan distante como el primer día.
A la persona que abandona el combate cuando ha hecho todo lo que legítimamente estaba a su alcance para virar un resultado adverso, no se le puede reprochar nada. Está en su derecho de abandonar y mal haría en recriminarse nada a si mismo. Simplemente hay que comprender que hay tareas más grandes que nosotros mismos y que nuestra capacidad. Vergüenza por tanto para aquel que no haya luchado, pero nunca para el luchó con todas sus ganas y no pudo.
Ahora bien, justo cuando notemos que todo está perdido y nos sintamos vencidos, es cuando debemos encontrar una provisión de fuerza que nos permita seguir adelante. Podemos, ya lo he dicho, tener de nuestro lado la razón y los argumentos para abandonar, pero no para permitirnos que una pérdida puntual se convierta en el preludio de una derrota eterna.
Los fracasos en la vida son tan efímeros como el tiempo que tardemos en ponernos en marcha para intentarlo de nuevo. Al que llora permanentemente por aquello que no pudo lograr, le faltará la claridad necesaria para ver lo que en adelante si que estará a su alcance.
Decía Simón Bolivar que el soldado bisoño lo cree todo perdido desde que es derrotado una vez. El veterano, añado, sabe que hay más batallas por luchar y que la oportunidad de triunfar está de nuevo muy cerca.
Destruidos en algún momento, quizá. Desmoronados, abatidos, compungidos, también, en fracciones de tiempo limitadas… pero nunca derrotados para siempre.

 “Cuando la derrota viene, acéptelo como una señal, de que sus planes no son sólidos, reconstruya esos planes y embárquese otra vez hacia su meta codiciada. Si se rinde antes que su meta haya sido alcanzada, usted es un "perdedor".
(Napoleón Hill)
Y no lo somos, ¿verdad?


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