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dimarts, 12 de juliol de 2011

VACACIONES EN CASA. Francesc Miralles El País. 25/07/10

Pasar el agosto en casa no implica rutina ni aburrimiento. Disponer de verdadero tiempo libre y disfrutar de la calma puede ser una oportunidad de cargar pilas y acometer el nuevo curso con entusiasmo.
“Muchas personas escapan de la rutina intensificando su vida. Pocas se esfuerzan en escapar de la alienación en vacaciones”
“En las vacaciones debe haber tiempo para desconectar y permitir al cuerpo y la mente sobreponerse del empacho de urgencias”
Debido a los estragos de la crisis económica, muchos millones de personas van a pasar sus vacaciones –o como mínimo buena parte de ellas– en casa. Más que considerarlo una desgracia, podemos dar la vuelta a la situación si recuperamos la ilusión que teníamos cuando éramos niños al terminar el curso.
El primer día que no nos teníamos que levantar para ir a la escuela remoloneábamos felices en la cama, a veces releyendo nuestro cómic o libro favorito. Tras asearnos, vestirnos y desayunar, disfrutábamos de la plácida calma de tener todo el tiempo a nuestra disposición para jugar, resolver pasatiempos o salir a practicar nuestro deporte favorito. Aunque no hubiera ningún viaje familiar a la vista, el solo hecho de tener tiempo libre en casa era para nosotros una bendición y un mundo lleno de posibilidades.
Si recuperamos ese mismo espíritu, las presentes pueden ser las mejores vacaciones de nuestra vida. 

EL ESTRÉS DEL VIAJE ORGANIZADO
“Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas” (Elbert Hubbard)
Existe la idea estereotipada de que para desconectar de los esfuerzos de todo el año hay que irse cuanto más lejos mejor, como si el hecho de poner distancia de por medio nos garantizara el descanso.
Esto es así solo en parte. Ciertamente, un destino lejano nos procura reposo mental y una perspectiva saludable sobre nuestra vida. Cuando el avión se eleva o salimos de la ciudad en tren o en coche empezamos a ver nuestra rutina como una miniatura en la que resulta muy fácil detectar los fallos y hacer planes de enmienda. Todo viaje implica hacer balance y nuevos propósitos, aunque cuando regresemos al redil no los llevemos a cabo.
Sin embargo, más allá de estos momentos de epifanía, la mayoría de viajes son más agotadores que la propia vida laboral. El sociólogo Jean Baudrillard lo explica así:
“Para muchas personas, las vacaciones no son una alternativa a la congestión y el estrés de las ciudades y el trabajo. Bien al contrario, piensan que para escapar de la rutina lo que deben hacer es intensificar su vida cotidiana. Se apuntan a viajes programados que los esclavizan, o ponen tanta presión en las actividades de ocio que se acaban volviendo una obligación peor que el trabajo. Pocas personas se esfuerzan en escapar de la alienación, que sería el gran objetivo de las vacaciones”.
El estrés de los viajes organizados, sumado a los desajustes corporales que conlleva el jet lag y/o un clima y alimentación diferentes, hace que más de una familia regrese con las pilas más descargadas que antes de partir.
Es entonces cuando se pronuncia la tópica frase: “Necesito unas vacaciones de estas vacaciones”.

EL INFIERNO DE NO HACER NADA
“El arte del descanso es tan importante como el arte de trabajar” ( John Steinbeck)
Otro modelo de viaje, el resort vallado en el que los veraneantes pasan diez días sin nada que hacer, puede acabar resultando tan desesperante o más que el tour a toque de silbato. Al tercer día de chapuzones en la piscina, bufé libre y actividades de ocio programadas, podemos acabar haciéndonos la pregunta de Bruce Chatwin: “¿Qué hago yo aquí?”.
Hay un relato breve de Margaret Stevens que explica muy bien el agobio y desconcierto que podemos sentir al pasar de la actividad frenética al reposo absoluto.
Cuenta la historia de un hombre que al morir se encontró en un lugar muy hermoso, rodeado de todas las comodidades imaginables. Un sirviente con chaqueta blanca se le acercó y le dijo:
–Puede tener todo lo que elija, cualquier comida, cualquier placer, cualquier tipo de entretenimiento.
El hombre estaba disfrutando, y durante muchos días probó todas las delicias y experiencias con las que había soñado en la tierra. Pero un día se aburrió de todo eso y llamó al sirviente y le dijo:
–Estoy cansado de todo esto. Necesito hacer algo. ¿Qué tipo de trabajo puede darme?
El sirviente negó tristemente con la cabeza y contestó:
–Lo siento, señor. Esto es lo único que no podemos hacer por usted. Aquí no tenemos trabajo para darle.
A lo que el hombre respondió:
–Esto es sorprendente. ¡Para eso ya podría encontrarme en el infierno!
El sirviente le respondió con voz suave:
–¿Y dónde cree que se encuentra?

HOTEL HOGAR 
“Dicen que tienes que viajar para ver el mundo. A veces pienso que si estás quieto y con los ojos bien abiertos, verás todo lo que puedes manejar” (Paul Auster)
La anterior fábula ilustra uno de los peligros de las vacaciones: si no aprovechamos para hacer cosas que nos llenen espiritualmente, pueden acabar siendo tan rutinarias y estresantes como el mismo trabajo.
Ya a finales del siglo XIX, Orison Swett Marden –precursor de los libros de autoayuda– resumía así los 12 objetivos de unas genuinas vacaciones:
1. Recobrar la alegría y el optimismo olvidados el resto del año.
2. Incrementar el poder creativo.
3. Retomar fuerzas y tener tiempo para que surjan las ideas para crecer profesionalmente.
4. Liberarse de los miedos y tensiones acumulados.
5. Recuperar la confianza perdida y promover la salud.
6. Destensar y renovar el cuerpo y la mente.
7. Hacer nuevas amistades y reforzar las existentes.
8. Dejar atrás prejuicios, odios y celos que nos condicionan a lo largo del año.
9. Aprender de la naturaleza, de los libros, de la gente.
10. Lograr una perspectiva más amplia del mundo y de nosotros mismos.
11. Abandonar los senderos trillados para abrir nuevas vías e ideas.
12. Volver al trabajo con entusiasmo renovado.
Una buena noticia: todos estos objetivos son alcanzables en unas vacaciones en casa.
En cualquier caso, tanto si nos marcamos demasiadas actividades como si nos dejamos llevar por la inercia de no hacer nada, el tiempo libre se puede convertir en un infierno donde arderán nuestras esperanzas de “cargar las pilas”.
Por eso al abordar la pausa veraniega debemos clarificar primero qué nos piden el cuerpo y el espíritu cuando se acerca. El descanso se puede conjugar perfectamente con actividades para reforzar la salud, alimentar la mente e inspirarnos para el nuevo curso. Y todo eso sin alejarnos del hogar.
George Sand, amante de Chopin, viajera y escritora avanzada a su tiempo, comentaba sobre esto que “mis viajes más bellos, los más dulces, los he hecho al calor del hogar, con los codos reposando en los brazos desgastados del sillón de mi abuela. ¿Por qué viajar si no se está obligado a ello? […] No se trata tanto de viajar como de partir; ¿quién de nosotros no tiene algún dolor que distraer o algún yugo que sacudir?”.
A continuación veremos cómo podemos convertir nuestra socorrida vivienda en un centro vacacional de primer rango. 

EL PARAÍSO EN CASA
“El ser humano feliz es aquel que siendo rey o campesino encuentra la paz en su hogar” (Johann Wolfgang Goethe)
A la hora de programar unas vacaciones en casa es importante combinar la actividad con un tiempo de desconexión que permita al cuerpo y a la mente sobreponerse del empacho de urgencias a lo largo del curso.
Para los que no saben estar sin hacer nada, algunas sugerencias para estas pausas regeneradoras serían:
• Regalarnos un largo y energético desayuno para empezar el día.
• Practicar un deporte suave que nos permita poner la mente en blanco al concentrarnos en el esfuerzo.
• Ver una película, preferiblemente de ritmo tranquilo y sin cortes publicitarios, con el móvil apagado como si estuviéramos en el cine.
• Dedicar una hora diaria a leer una novela que lleva todo el año acumulando polvo.
• Poner en orden nuestra colección de libros, discos y DVD.
• Cocinar un plato exótico que nunca hemos probado.
• Hacer el amor (también nos olvidamos de eso a veces).
Pasar las vacaciones en casa, sin embargo, no implica que no podamos compartir con otras personas esta nueva dimensión del hogar. Entre las muchas actividades placenteras que podemos organizar están:
• Un encuentro de viejos amigos con juegos de mesa de por medio.
• Montar una cena-karaoke con votaciones y premios para la mejor y peor interpretación.
• Procurarnos un telescopio para, desde la azotea, observar los cráteres de la Luna en buena compañía.
Entre nuestras cuatro paredes caben tantas propuestas como alcance nuestra imaginación, y el solo hecho de programarlas y prepararlas ya constituye un placer adelantado.

UN ‘SPA’ CASERO
“Las verdaderas vacaciones no son viajes de descubrimiento, sino un ritual de tranquilidad”. (Andrew Philip Adams)
Además del ocio íntimo o compartido, podemos convertir nuestro hogar en un balneario donde relajarnos y descargar las tensiones de una temporada sin duda exigente. Como parte del juego podemos incluso colgar en un lugar bien visible los distintos horarios de cada placer, que pueden incluir:
Estiramientos y masaje. Lo puede procurar la pareja. Los singles pueden intercambiar ese favor con un amigo/a que se preste a ser masajeado después.
Baño con aromaterapia. Si disponemos de bañera, podemos optar por sales de baño o bien agregar al agua un aceite esencial para lograr el efecto deseado.
Meditación. Para iniciarnos solo es necesario sentarnos con la espalda recta y centrar nuestra atención en el aire que circula suave y silenciosamente por nuestra nariz, sin preocuparnos por los pensamientos que puedan cruzar como nubes nuestra pantalla mental.
Yoga. Es recomendable haber participado previamente en algún curso, pero una sesión para principiantes en DVD puede servir para estrenarse en este benéfico arte.
El spa hogareño debe completarse con una alimentación de calidad cocinada en casa y un horario de sueño generoso y reparador. 

El HOGAR, UN LUGAR DE PASO

“Todos sabemos que mantener las manos quietas trae problemas. Si no hacemos nada, nos aburrimos. Por ello, es mejor permanecer activos. Es como una droga. Su casa llegará a convertirse en un lugar donde usted sólo va de vez en cuando para cambiarse de ropa. Así, su vida llegará a estar tan encumbrada de actividades que las veinticuatro horas del día no le bastarán. (…) Sin tiempo para la reflexión, se sentirá cansado, pero estará demasiado ocupado para reposar. Al estar tan ocupado, cuando lleguen a su vida nuevas actividades que realmente desearía realizar, no las va a poder incluir en su agenda. Cada minuto cuenta. Por eso le parece tan importante no descansar entre una actividad y otra”.
Gil Friedman,Cómo llegar a ser totalmente infeliz y desdichado

UNA PAUSA MERECIDA

1. LIBROS
– ‘Tómate un respiro’, de Francis Amalfi (Océano).
– ‘Cómo disfrutar de la vida’, de Orison Swett Marden (Abraxas).
– ‘Cómo llegar a ser totalmente infeliz y desdichado’, de Gil Friedman (Oniro).
2. DISCOS
‘XX’, de The XX (Everlasting).
‘Let go’, de JJ (Secretely Canadian).


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