Palabras, imágenes, canciones, emociones que nos acompañan en nuestro camino.

dimarts, 7 de juny de 2011

INTIMIDADES MASCULINAS 1 - No es tan fácil ser varón . Walter Riso

Como todos he ocultado muchas veces mis emociones, me he escondido de reacciones que afloraban en mi y que, desde siempre, me habían dicho que no debía mostrar. "Los hombres no lloran", "has de ser fuerte, aguantar", "no muestres tus debilidades"... Y confieso que durante mucho tiempo lo hice. Cuando empecé a darme cuenta que reprimiéndolas me estaba reprimiendo a mi mismo algo empezó a cambiar dentro de mí. Me sentía más libre, mas auténtico, más yo. Cierto es que me encontré con reacciones que me sorprendían. 
Recuerdo un día, ya hace años, que en una charla con una amiga le comenté que había visto "Mi vida sin mi" de Isabel Coixet y no había parado de llorar, me respondió "¿Eres un hombre y reconoces que lloras?. 
Me sorprendió la respuesta, ¿porqué debo probar mi masculinidad siendo fuerte, reprimiéndome y ocultando lo que realmente siento?. Por suerte creo que todo esto está cambiando.
Os dejo una primera entrega de un libro de Riso. Como es un poco largo iré poniendo los posts por partes. No pretendo reproducir todo el libro, (sería ilegal y no es el propósito de este blog), pero si algún capítulo o extracto que creo interesante, como siempre os recomiendo la lectura del libro, Riso escribe de forma sencilla pero profunda, dando ejemplos que clarifican más los conceptos.


Me gustaría que dierais vuestra opinón, si estais a favor, en contra, que pensais...No hablamos mucho de estos temas y pienso que ya es hora de empezar a desmitificarlos.

No es tan fácil ser varón
Ser hombre, al menos en los términos que demanda la cultura, no es tan fácil. Esta afirmación, descarada para las feministas y desconcertante para los machistas, refleja una realidad encubierta a la que deben enfrentarse día a día miles de varones para cumplir el papel de una masculinidad tonta, bastante superficial y potencialmente suicida.
Pese a que la mayoría de los hombres aún permanecen fieles a los patrones tradicionales del "macho" que les fueron inculcados en la niñez, existe un movimiento de liberación masculina cada vez más numeroso, que rehúsa ser víctima de una sociedad evidentemente contradictoria frente a su desempeño.
Mientras un grupo considerable de mujeres pide a gritos mayor compasión, afecto y ternura de sus parejas masculinas, otras huyen aterradas ante un hombre "demasiado suave". Los padres hombres suelen exigir a sus hijos varones una dureza inquebrantable, y las maestras de escuela un refinamiento tipo lord inglés. El mercadeo de la supervivencia cotidiana propone una competencia tenaz y una lucha fratricida, mientras que la familia espera el regreso a casa de un padre y un marido sonriente, alegre y pacífico. De un lado el poder, el éxito y el dinero como estandartes de autorrealización masculina, y del otro la virtud religiosa de la sencillez y la humildad franciscana como indicadores de crecimiento espiritual.
Una jovencita de 19 años describía su hombre ideal así: "Me gustaría que fuera seguro de sí mismo, pero que también saque su lado débil de vez en cuando; tierno y cariñoso, pero no empalagoso; exitoso, pero no obsesivo; que se haga cargo de una, pero que no sea absorbente; intelectual, pero que también sea hábil con las manos...". Cuando terminó su larga descripción le contesté que un hombre así sería un interesante caso de personalidad múltiple.
No es tan sencillo ser, al mismo tiempo, fuerte y frágil, seguro y dependiente, rudo y tierno, ambicioso y desprendido, eficiente y tranquilo, agresivo y respetuoso, trabajador y casero. El desear alcanzar estos puntos medios, que entre otras cosas aún nadie ha podido definir claramente, creó en la mayoría de los hombres un sentimiento de frustración permanente: no damos en el clavo. Esta información contradictoria lleva al varón, desde la misma infancia, a ser un equilibrista de las expectativas sociales: a intentar quedar bien con Dios y con el diablo.
No me refiero a los típicos machistas, sino a esos hombres que aman a sus esposas y a sus hijos de manera honesta y respetuosa, pero que no han podido desarrollar su potencial humano masculino por miedo o simple ignorancia. Hablo del varón que teme llorar para que no lo tilden de homosexual, del que sufre por no conseguir el sustento, del que no es capaz de desfallecer porque "los hombres no se dan por vencidos", del que ha perdido la posibilidad de abrazar y besar tranquilamente a sus hijos, estoy mencionando al hombre que se autoexige exageradamente, que ha perdido el derecho a la intimidad y que debe mostrarse inteligente y poderoso para ser respetado y amado. En fin, estoy aludiendo al varón que se debate permanentemente entre los polos de una difusa y contradictoria identificación, tratando de satisfacer las demandas irracionales de una sociedad que él mismo ha diseñado y que, aunque se diga lo contrario, aún no está preparada para ver sufrir realmente a un hombre de "pelo en pecho".
Muchos hombres reclaman el derecho a ser débiles, sensibles, miedosos e inútiles, sin que por tal razón se los cuestione. El derecho a poder hablar sobre lo que sienten y piensan, no desde la soberbia ni para justificarse de los ataques insanos del resentimiento feminista, sino desde la más honda sinceridad.
Afirmar que el hombre sufre no significa desconocer los problemas del sexo femenino. Las mujeres se han preocupado por su emancipación desde hace tiempo, y han expresado su sentir por todos los medio disponibles a su alcance: un ejemplo a seguir por los hombres. Sin embargo, no creo que la liberación masculina deba establecerse sobre la base de la incriminación, la condena y la subestimación por el sexo opuesto, tal como lo hicieran los pensadores de finales de siglo como Schopenhauer, Nietzsche y Freud; ni tampoco a partir de una autodestructiva culpa milenaria por todos los desastres de la raza humana, como lo han querido sugerir algunos varones arrepentidos de su propio género. El mundo ha sido construido y depredado por ambos sexos. La frase lapidaria de Krishnamurti va dirigida tanto a hombres como a mujeres: "Si realmente amáramos a nuestros hijos, no habría guerras". Asumir la responsabilidad absoluta del deterioro del planeta y de la humanidad es un sacrificio innecesario, además de injusto.
Si consideramos las aparentes prebendas con las que cuenta el sexo masculino, algunas mujeres se asombran de que ciertos varones mostremos insatisfacción con el papel que nos toca desempeñar: "¿Liberarse de qué?", "¿Más liberación?`," ¿No les parece que nos han hecho ya bastante daño apropiándose de todo cuanto hay?". Basta hacer referencia a la insatisfacción masculina, para que algunas voces femeninas se alcen: "¿Y acaso nosotras no sufrimos?". Nadie lo niega.
Una mujer que conocí no hace mucho, era incapaz de sostener una conversación con un hombre sin esgrimir alguna consigna antimasculina. Cuando pude expresarle mis opiniones frente a los problemas que debemos enfrentar los varones, me echó la culpa de las paupérrimas condiciones laborales a las cuales eran sometidas las mujeres durante la revolución industrial. Cuando le repliqué que yo todavía no había nacido en aquella época, se levantó furiosa y se fue, sin antes hacerme personalmente responsable por la explotación que el señor feudal ejercía sobre las siervas de la gleba (obviamente, no sobre los siervos).
¿Por qué se subestima el sufrimiento masculino?. ¿De dónde viene esa extraña mezcla de asombro e incredulidad cuando un varón se queja de su papel social?. Se da por sentado que las supuestas ventajas de las que goza el hombre son incuestionables, y por lo tanto, cualquier queja al respecto debería ser considerada como una prueba más del afán acaparador y de la ambición desmedida que lo ha caracterizado. "¿Cómo es posible que quieran más?". La respuesta es sencilla: querernos menos.
Desde la perspectiva de la nueva masculinidad, las pretendidas reivindicaciones y ganancias del poder masculino machista son un verdadero encarte.
El nuevo varón quiere estar acorde con un despertar espiritual del cual se ha rezagado considerablemente, desea menos capacidad de trabajo, más afecto, más acercamiento con sus hijos y más derecho al ocio. Ya no quiere estar aferrado a los viejos valores verticalitas que fundamentaron la sociedad patriarcal. El nuevo varón está cansado de ostentar un reinado absurdo y esclavizarte, tan envidiado por las feministas de primera y segunda generación. Al nuevo varón no lo inquietan los míticos ideales de éxito, poder, fuerza, autocontrol, eficiencia, competitividad, insensibilidad y agresión. Les regalamos el botín y deponemos las armas: no nos interesan.
Muchos hombres desean volver a las fuentes originales del poder masculino, que no se alimenta de la explotación y la imposición sino de una profunda humanidad compartida. La liberación masculina no es una lucha para obtener el poder de los medios de producción, sino para desprenderse de ellos.
La verdadera revolución del varón, más que política, es psicológica y afectiva. Es la conquista de la libertad interior y el desprendimiento de las antiguas señales ficticias de seguridad. Tal como dice el refrán: "No es rico el que más tiene, sino quien menos necesita". Y los hombres debemos reconocerlo: hemos necesitado de demasiadas cosas inútiles para sobrevivir.
La nueva masculinidad no quiere quedar atrapada en la herencia salvaje y simiesca que tanto aplaude y festeja la cultura. Tampoco desea reprimir o negar la propia biología, sino superarla, transformarla e integrarla a un crecimiento más trascendente. El estereotipo tradicional del varón lo ha mantenido atado al patrón biológico, fomentando y exagerando, directa o soterradamente, un sinnúmero de atributos primitivos que ya han perdido toda funcionalidad adaptativa. En la moderna jungla de asfalto, "valores" como la fuerza física, la valentía, la violación y la agresión física, sólo para citar algunos, ya no definen al más apto. En este sentido, pienso que las mujeres han logrado independizarse mucho más que nosotros de los viejos arquetipos. Insisto: la idea no es suprimir nuestras raíces, ni reprimir las expresiones naturales que surgen de las mismas, sino cortar aquellos lastres disfuncionales que nos impiden avanzar hacia una nueva existencia. Es imprescindible desbloquear el estancamiento evolutivo en el que nos encontramos. Ni la cruel genética determinista ni el ingenuo ambientalismo relativista: independencia y evolución. Dos claves, dos premisas, dos banderas.
Por último, vale la pena señalar que, aunque a través de la historia se han hecho varias revisiones al papel del hombre, el cuestionamiento actual del varón parece insinuarse de una manera más profunda que en las anteriores. A diferencia de la crisis masculina de los siglos XVII y XVIII en Francia e Inglaterra, donde solamente los hombres de las clases dominantes asumieron un papel más femenino y pacifista en oposición a la brutalidad masculina previa, el trance actual parece ser más generalizado y radical, no sólo por la magnitud geográfica sino, además y principalmente, por los valores que afecta. Un nuevo hombre está naciendo. Algo se está gestando en el varón y no viene de afuera. Ese extraño presagio masculino, que se hace sentir fuertemente en las nuevas generaciones de adolescentes varones, lleva implícito un singular mensaje de amor que debemos aprender a descifrar. 

6 comentaris:

  1. Hola Joan,

    Jo crec que aquest text ja comença a estar una mica (només una mica) desfaçat en el temps. Crec que cada vegada hi ha més homes que no senten cap mena de pudor en mostrar obertament la seva sensibilitat. De fet jo he tingut la sort de coneixe'n uns quants, alguns d'ells bastant "masclistes" en altres aspectes. A vegades penso que és com si s'hagués posat de moda i quedés bé per un home dir, sobre tot a una dona, que ell també plora. Crec que és una cosa que ells saben que moltes de nosaltres valorem molt positivament.

    Tantmateix, en el fons, continuem encara tan estretament lligats a les nostres arrels més ancestrals i als nostres origens, que és com si aquestes mostres de sensibilització fossin encara una mica forçades i a vegades conviuen amb altres rols i estereotips molt masclistes tant o més absurds.

    M'explico: m'he trobat amb homes que aparentment no els costa dir a una dona que són capassos de plorar i emocionar-se davant d'una situació donada (un indici clar de "feminització" masculina) però que quan una dona els mostra obertament els seus sentiments ràpidament es fan enrere, perquè encara conviuen amb l'estereotip de que han de ser ells (com a mascles) qui dominin la situació en el joc amorós. Les dones també reclamem el nostre dret a poder expressar lliurament els nostres sentiments als homes sense por a perdre'ls, a declarar-nos i a no haver de reprimir les nostres emocions tant sovint.

    Per tant, tot plegat el que indica és que cada vegada més els un necessitem assolir també els rols dels altres, i trencar els limits que la societat ens ha anat imposant al llarg del temps, perque per damunt de tot (més enllà de si som homes o dones) som persones i, tot i les diferencies, els nostres sentiments i necessitats són, crec, molt similars.

    ResponElimina
  2. patrons tradicionals,el bagatge educacional cultural i social que la nostra generació ha viscut i portem,vulguem o no,tenen un pes important en les espectatives que tenim les fèmines i la societat sobre els homes.Això,homes us fa sentir que mai encerteu,no? La expresió emocional és ben entesa en la dona ,i és valorada diferent quan un home la mostra .Moltes vegades al parlar d´aquest temes amb amics,expressen que, hem tingut una evolució vertiginosa les dones en tots els nostres rols i els homes no tan.Aquest desfase jo crec és el punt de partida del desconcert o si cap, més diferència entre ambdós.En el secle passat,no fa tan,tot cuadrava, normes,actituds i comportaments masclistes eran la base de la nostra societat i política.I ja desde els cromanyons el fort,proveidor,lluitador,poderós és l´home,i qualsevol signe emocional que no fos la força o la ràbia eran considerades com debilitats.No hi ha espai per la sensibilitat,tendresa.Costa molt desenvolupar algo que no ens han ensenyat a fer-ho.
    Afortunadament cada cop més valorem a la persona i no tan el gènere i potser ,donar-vos el espai suficient i el respecte a vosaltres homes pq mostreu la vostra part més intima i emocional sense cap cuirassa,és feina de nosaltres ,les dones.Compartit la riquesa de les vostres emocions,segur que ha de ser magnífic per ambdós.jo us animo que ho feu

    ResponElimina
  3. hombre y mujeres, mujeres y hombres, somos las dos caras de la moneda social del sexismo que nos oprime a amb@s por igual.. de hecho, el subtítulo es un poco contradictorio.. "Lo que toda mujer debe saber acerca de los hombre".. me pregunto si no sería mejor que aprendiésemos cada quien a ser quien somos independientemente del pene o la vagina.. ser persona, elevarse un metro sobre el caracter sexual de cada un@ es tan necesario como agotador.. pero ahí vamos.. ganándole batallas a esta guerra.. =)
    Gracias por la recomendación!!

    ResponElimina
  4. Si, potser tens raó en el fet que estigui una "mica" desfasat, per sort anem avançant i cada cop hi ha més homes que no ens costa, al contrari, desitjem poder mostrar les nostres emocions i, al menys jo, em sento alliberat, més jo.

    Tambè estic d'acord en el que dius de que la dona mostri obertament els seus sentiments. Potser al rebre-ho ens sentim estranys, aclaparats, confosos. I ara et parlaré per mi, per una banda m'agrada que sigui així, és més hauria de ser-ho, però els pocs cops que s'ha produït ha sorgit de dins meu una sensació extranya. Si aquests sentiments han estat correspossos m'he sentit inmensament feliç, inclús aliviat a mi em costa molt decidir-me, però si no ha estat així no estic acostumat a haver de dir no, potser pensant en entristir a la noia. No se, és difícil d'explicar el que per a vosaltres les noies és quelcom normal al haver-vos succeit moltes vegades per a mi és dolorós per no saber com sortir-me i ser una situació "nova". Encara he d'aprendre molt d'aquestes situacions, acostumar-me i veure-ho com el que és, completament normal. Potser el fet de que tota la vida he hagut de créixer amb aquestes creences fan que siguin més difícils de desmuntar.

    Gràcies Tanit per la teva aportació m'ha fet pensar-hi molt!.

    ResponElimina
  5. Si Xoaniña debemos aprender, aprender y desmontar como le decía a Tanit tantas creencias limitadoras que nos condicionan. No se si entiendes el catalán pero le decía que no estoy, al menos yo como hombre, acostumbrado. Han sido muchos condicionantes y una manera de funcionar por la vida que ha hecho mucho daño y, ahora, cuesta aprender este nuevo, aunque necesario,rol. Pero pienso que, poco a poco, los hombres cada día vamos entrando en este mundo de las emociones que tan bien y tanto habeis sabido ver las mujeres. Por mi experiencia te diré que es un mundo que me apasiona pero que, desgraciadamente, no veo que me acompañen muchos amigos. Incluso algunos se extrañan... Mirar dentro de ti?, sentir?... ¿para que?...

    Acostumbrados como estamos no nos trabajamos esta parte. Yo acudo a seminarios, talleres de una Fundación en Barcelona (de hecho de ahí me salió la idea del blog) y puedo asegurarte que el nivel de participación mujer-hombre llega a ser de 8 a 1. A veces miro la sala llena de mujeres con algún hombre disperso y pienso, lo que se pierden los que no quieren venir!. Pero también te diré que, por suerte, cada vez somos más!.

    Gracias por tu aportación!.

    Joan

    ResponElimina
  6. Gràcies Anònim per la teva aportació. Et contestaria el que he dit a la Tanit o la Xoaniña. Hem d'anar desmuntant tot això per ser més lliures i gaudir més de la vida. Pensa que alguns homes en el fons ens sentim o ens hem sentit molts cops presoners d'aquests rols. No és gens fàcil no....

    Gràcies per la teva aportació!

    I us animo a que en segui fent, ens ajuda a tots i totes a entendren's més, a crèixer i a ser més persones i més lliures.

    ResponElimina