Palabras, imágenes, canciones, emociones que nos acompañan en nuestro camino.

divendres, 17 de juny de 2011

LA ESENCIA - Encantado de conocerme. Borja Vilaseca.

Continúo con la transcripción de parte del libro de Borja Vilaseca, que empecé ayer en otro post. Espero no se enfade por esto, pero encuentro que cada frase, palabra, expresión, me llega muy adentro. Ha sabido conectar conmigo?, estoy yo más receptivo?, no se, es complicado pero leo y leo y releo el libro y cada día encuentro cosas nuevas en el libro y en mí. Cosas que no quería ver, cosas que, a veces duelen, pero que se que son ciertas y, poco a poco, voy incorporando el hecho que conocerlas y asimilarlas a tu día a día hace que siga andando, hacia adonde?, no se, tampoco me lo planteo, pero el camino me gusta y lo disfruto. 


Seguramente ha sido dos de los posts más elaborados y sentidos que he puesto pues la lectura y posterior transcripción me han hecho concoerme más a mí mismo. Estoy seguro que este conocimiento se trasladará en un cambio de actitudes, en intentar cambiar para mejorar. No puedo más que dar, desde aquí, las gracias a Tere por darme a conocer el eneagrama!.


La esencia es lo que somos verdaderamente, nuestro yo verdadero. Es el ser a través del cual vivimos y experimentamos la realidad objetiva, es decir, “lo que es”.
La esencia es lo que somos en profundidad, pero, debido a nuestro complejo proceso de evolución, queda sepultada durante nuestra infancia por nuestra personalidad, ego o falso yo.
Sin embargo, todos hemos vivido momentos esenciales, en los que nos hemos sentido libres para fluir en paz y armonía, como si estuviéramos conectados con los demás de una forma que supera nuestra capacidad de entendimiento.
Estamos en contacto con nuestra esencia:
  • Cuando estamos muy relajados, tranquilos y serenos.
  • Cuando no nos tiranizan los pensamientos ni luchamos contra nosotros mismos y contra los demás.  
  • Cuando nos abrazan sentimientos positivos hacia nosotros mismos y hacia los demás.
  • Cuando practicamos el altruismo sin expectativas, anteponiendo las necesidades de los demás a nuestros intereses egocéntricos.
  • Cuando amamos sin esperar nada y aceptamos con una sonrisa que lo que no podemos cambiar.
  • Cuando pensamos positivamente y nos sentimos optimistas.
  • Cuando nos observamos a nosotros mismos y a lo que nos rodea sin etiquetar, juzgar ni opinar.
  • Cuando permanecemos en silencio y escuchamos con atención las señales que nos envía nuestro cuerpo.
  • Cuando sentimos que todo está bien y no nos falta de nada.
  • Cuando dejamos de querer comprender lo que nos sucede, y simplemente disfrutamos siendo lo que somos.
  • Cuando abandonamos la necesidad de querer cambiar el mundo y lo aceptamos como es, aportando sin expectativas nuestro granito de arena.
  • Cuando somos plenamente conscientes de nosotros mismos en el aquí y ahora.
  • Cuando nos ponemos en sintonía con la pasión de nuestra vida, disfrutando de lo que hacemos sin pensar en los resultados.
  • Cuando logramos ver el lado positivo de todo cuanto nos sucede.
  • Cuando sentimos que formamos parte de la realidad y nos sentimos uno con ella.
  • Cuando sentimos una profunda alegría y gratitud por estar vivos.
  • Cuando somos lo que somos y aceptamos todo lo que llena nuestra vida sin ningún pero.
  • Cuando reconocemos no saber y nos mostramos abiertos mentalmente a nuevas fórmulas de aprendizaje.
Cuando experimentamos cualquiera de estos sentimientos, podemos estar completamente seguros de que hemos regresado al lugar de donde partimos: nuestra esencia, la fuente de energía de la que todos procedemos. Nuestro yo verdadero solemos percibirlo en la zona del vientre, donde sentimos una sensación de los más placentera, e incluso nos provoca agradables escalofríos.


Al ser conscientes de la verdad que se ha revelado en nosotros, experimentamos una paz y una felicidad duraderas, los dos rasgos esenciales de nuestra verdadera naturaleza. Esta experiencia transformadora supone un cambio de paradigma. Empezamos a centrar la mirada en nuestra realidad interior, que nos lleva a ver y comprender con mayor claridad y objetividad la realidad exterior. A partir de entonces, nuestra conducta se vuelve ética, flexible, coherente, pacífica y armonizadora. Empezamos a caer en la cuenta de que lo que hacemos a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos: cuando amamos u odiamos a alguien a alguien, al primero al que afecta nuestro amor y nuestro odio es a nosotros mismos. También tomamos conciencia de que, en última instancia, nadie puede hacernos daño, pues la experiencia no es lo que nos pasa, sino la interpretación que hacemos de los hechos en sí. Así, nuestro bienestar o malestar internos es una consecuencia de cómo interpretamos lo que nos sucede. Una vez el acontecimiento ha tenido lugar, la respuesta emocional que adoptamos depende únicamente de nosotros. Conseguir que nada de lo que suceda altere nuestra paz y estabilidad internas, siendo dueños de nosotros mismos es precisamente el objetivo del denominado “trabajo interior”.
Partiendo de la esencia, rompemos la cadena de combatir el ego con más ego, dejando de reaccionar negativamente y empezamos a ser proactivos, tomando la actitud que mayor paz interior nos garantice para poder exhalarla hacia fuera. También experimentamos que todo lo que le damos a la vida tarde o temprano nos es devuelto. Y comprendemos que lo que nos sucede es justamente lo que necesitamos para nuestro propio desarrollo como seres humanos, que estamos aprendiendo a ser felices por nosotros mismos y a aceptar y amar a los demás tal como son.


De ahí nuestra aceptación incondicional a lo que nos depara en cada momento la vida. Así, comprobamos que no hay “yo” ni “tu” ni “ellos”; tan solo existe un infinito “nosotros”, que nos lleva a amar a los demás como a nosotros mismos. No en vano, bajo las etiquetas superficiales del ego, todos somos uno, todos somos lo mismo.

Apoyados y sustentados por nuestra esencia, jamás volveremos a sentirnos solos y comenzamos a tener fe en la vida, una confianza que nada tiene que ver con las creencias sino que surge como consecuencia de nuestra propia experiencia. Entonces dejamos de querer cambiar la realidad para aceptarla por completo, lo cual no quiere decir que abandonemos nuestra actividad creadora. Comprendemos que todo lo que sucede forma parte de un proceso evolutivo demasiado vasto para nuestro entendimiento. Así, disfrutamos de la vida como un regalo y convertimos nuestra existencia en un camino creativo, lleno de amor, compasión y perdón hacia todos aquellos que todavía siguen luchando y sufriendo por estar identificados con su personalidad o falso yo.

Pero hay que ser paciente con uno mismo y muy tolerante: el ego va a hacer todo lo posible por sobrevivir, y va a tratar de apoderarse de nosotros una y otra vez. Ya sabemos cuán sutiles son sus estrategias y de qué manera nos tiraniza mediante el control de nuestra mente. Nuestra inconsciencia e ignorancia son los únicos enemigos que tenemos. Todo lo demás, lo que forma parte de la realidad externa, son oportunidades para aprender a estar bien con nosotros mismos. Pensar siempre con actitud positiva es de gran ayuda. Sobre todo, porque cada pensamiento genera una emoción, que a su vez repercute en nuestro estado interior, a partir del cual nos desenvolvemos en la realidad exterior. Lo positivo atrae y genera positividad. Lo negativo atrae y genera negatividad. Es cuestión de elegir. Puedes empezar a ponerlo en práctica cada vez que te hagan esperar, en medio de un atasco de tráfico o en la cola del supermercado.
A lo largo del proceso de transformación, la mayoría de personas que hemos asumido el compromiso de estar bien con nosotros mismos solemos encontrarnos con una misma dificultad: a pesar de conocer y comprender los comportamientos negativos e impulsivos de nuestro tipo de personalidad, muchas veces no somos capaces de trascenderlos y continuamos siendo víctimas de ellos. Lo cierto es que llevamos tantos años viviendo en la inconsciencia de nosotros mismos, que al principio seguimos actuando por inercia.
En ocasiones llegamos a ser conscientes de nuestra inconsciencia, pero la falta de energía es la que nos impide dejar de reaccionar mecánicamente ante determinados estímulos externos. Y no es para menos: solemos dedicar entre ocho y once horas al día a ocupaciones laborales estresantes, y, cuando salimos a la calle, somos bombardeados por miles de anuncios publicitarios que acaparan nuestra atención. Además, apenas practicamos el silencio en nuestras vidas, con lo que la mente se convierte en un gran contenedor de imágenes, sonidos y demás experiencias, que se filtran diariamente a través de nuestros sentidos para acabar en algún oscuro rincón de nuestro inconsciente.
Así, en el momento de la verdad, solemos decirnos a nosotros mismos que no tenemos tiempo o que estamos demasiado cansados para cultivar nuestro desarrollo personal. Pero son precisamente este tipo de escusas (o de autoengaños) las que nos tienen esclavizados a nuestra mente y, por ende, a nuestra personalidad, ego o falso yo. No se trata de abandonar nuestras responsabilidades cotidianas, pero sí de reflexionar y preguntarnos hasta que punto nos compensan. Al fin y al cabo, encontrar el equilibrio entre lo que creemos que debemos hacer y lo que sabemos que nos conviene siempre recae en uno mismo.
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Os invito, después de estra introducción, a leer el libro. Conocer como el ego nos apaga la esencia y como podemos volver a ella, eso si, con un trabajo interior duro pero apasionante. Gracias Borja por mostrarme el eneagrama y saberlo comunicar con tanta sencillez!.


Para saber más:

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