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diumenge, 31 de juliol de 2011

En mi trabajo he aprendido que con el amor no basta: Walter Riso.


Walter Riso es psicólogo clínico, investigador y escritor. Recientemente nos para promocionar su libro “Manual para no Morir de Amor”, el cual es una guía para que las personas vivan el amor como algo más saludable. Habla con Confesiones de Sofía sobre las relaciones de pareja y comparte algunas de sus reflexiones para aprender a amar asertivamente.
¿Qué le motivó a escribir este libro?
Yo ya he escrito cuatro o cinco libros sobre el amor, y sentía que tenía que cerrar el tema, algo muy práctico. Me dije, voy a resumir en algunos principios básicos para que la gente pueda aplicarlo a su vida. Esa era mi intención.
¿Por qué cree que en la actualidad las relaciones de pareja son tan frágiles?
Las parejas de hoy tienen ventajas y desventajas. Una de las ventajas es que no necesitan aguantar como las abuelitas una relación de 30 años espantosa. Por un lado en la postmodernidad, junto con el valor de la autonomía, la libertad, la igualdad de derechos,hay un aspecto negativo que influye mucho que es el consumo.
En ese consumo entran las relaciones de pareja. Se aplica la cultura del desechable, la necesidad de cambio, la obsolescencia. Entonces esa cultura lleva a que las personas empiecen a crear pocos compromisos y las separaciones están dándose alrededor de los dos años de casados. No eligen bien porque piensan que pueden cortar muy fácil. Eso influye bastante.
¿Cómo sería la forma sana, asertiva, de amar y ser amado?
Primero elegir bien, uno debe elegir no solamente con el sentimiento. Amar es mucho más que un simple sentimiento. También deja espacio a la razón. Si a ti te gusta alguien, pues está bien, pero tiene que haber un segundo “if”, una decisión que se tome con la cabeza y no con el colon.
Decir, bueno “le viene bien a mi vida”, tenemos un acuerdo sobre lo fundamental como son nuestros proyectos de vida, porque a veces hay que renunciar al amor cuando el amor lo único que hace es producirte daño o implica un costo muy alto para tu autorrealización o atenta contra tus principios psicológicos o éticos. Si la felicidad del otro es la autodestrucción de la felicidad mía pues no me sirve.
Debe haber unos términos más racionales, porque no se justifica si alguien te gusta te vayas a estrellar contra una relación que no funciona. Habría que ir con una actitud más posmoderna, de “te quiero” y “me quiero”. Ser para el otro y ser para uno también. Un individualismo responsable que implica que uno también debe crecer en esta relación.
Yo creo que si la gente evalúa de esta manera, la cosa iría mejor. Y por otra parte también cambiar la concepción que tenemos del amor. Está supremamente idealizada a través de los imaginarios sociales de las canciones, telenovelas, la religión. Pensamos que el amor todo lo puede, mueve montañas. Entramos a una relación pensando que si hay amor con eso basta, y pues los psicólogos que trabajamos esto sabemos que con el amor no basta.
El amor hay que saberlo gestionar, no quedar en manos del amor sino que éste quede en manos nuestras, y saber que el amor no es definitivo que no te va a cubrir como un manto que automáticamente te hará feliz, sino que hay que ir construyéndolo, reinventándolo.
¿Cuál es la importancia de primero amarse a uno mismo?
En principio es que si no te amas a ti mismo puedes entrar en relaciones en las que empiezas a negociar con tus principios y a perder respeto. Empiezas a sentir que no mereces lo mejor. Quererse a sí mismo es al menos cuatro cosas. Primero el autoconcepto, que es lo que piensas de ti, el pensar bien de ti. Que no te insultes, que no te trates mal. Si me trato mal a mí mismo, yo mismo no tengo autoridad moral para exigir que otro no me trate mal. La segunda es la autoimagen, el gustarse uno mismo. El tercero es el darte gusto, recompensar tus cosas, felicitarte o simplemente premiarte cuando haces bien las cosas. Y el otro es la autoeficacia, qué tanta confianza tengo en mí mismo.
Si una persona tiene deficiencia en alguno de estos aspectos nunca se va a querer a sí mismo. ¿Y qué va a pasar?. Que cuando otra persona lo quiera no va a poder procesar ese amor. Si alguien te quiere ese amor se refracta, tú lo tomas y te autoevalúas y dices bueno yo merezco esto y lo disfruto, pero si no me quiero empiezan a aparecer los temores: me van a dejar, me van a abandonar, no sé defender mis derechos. Empieza uno a ser sumiso en las relaciones. Hay gente que prácticamente le agradece al otro por amarlo porque “uy, te has fijado en mí, es increíble que alguien se fije en mí”.
¿Cómo puede una persona saber que se está muriendo de amor?
Te estás muriendo de amor ya sea por exceso o por defecto. El amor por exceso te desborda, ya piensas que quieres ser simbiótico del otro, es un estado de enamoramiento exagerado, quieres ser uno con el otro. La característica es la obsesión. Te olvidas de ti mismo, no empiezas a funcionar bien en los roles. No puedo vivir sin ti, tú lo eres todo para mí, pero me absorbes tanto que me pierdo a mí mismo.
Y el otro es el morir de amor por defecto, cuando sientes que no eres correspondido. Cuando te abandonas y ese morir de amor te das cuenta porque no estás feliz, porque todo el día tienes miedo de que te hagan daño o te hagan sufrir. Temes al daño psicológico: que te abandonen, que te van a ser infiel, vas a desarrollar celos, depresión.
El principal síntoma es la depresión. De ahí empieza porque entonces empiezas a sentir como una pérdida, no estás contento. Te engañas a ti mismo. Te dices “todas las relaciones son así”. No es tan importante, pero sí lo es.
¿Cuáles son las recomendaciones básicas para salir de este tipo de relación no saludable?
Yo no doy recomendaciones, hago reflexiones. Mi reflexión es que hay que aprender a perder, que el amor es recíproco; no hay fórmulas para esto sino que hay que ver las cosas como son. Aprender a perder es entender que si no te quieren no te merecen. Si alguien duda que te ama, no te ama. Que si alguien te lastima, no te merece. Que no importa cuánto te amen sino cómo lo hagan. Que el amor no es infelicidad ni es una cruz.
Aprender a perder es saber que si alguien no te quiere o no te quieren como a ti te gustaría que te quisieran, es preferible estar sol@, y tomar esto con dignidad, sin humillarse, con dolor saludable, el que te va a llevar al duelo. Todo esto es un duelo, una pérdida. Enterrar a una persona que está muerta es más fácil que enterrar a una que está viva. Entender que la realización personal no necesariamente pasa por el amor.
Uno puede realizarse en su profesión, en muchas cosas y que el amor no es de ninguna manera el valor más importante. De alguna manera la justicia, la libertad o la paz pueden ser más importantes. Una relación que me haga sufrir no tiene sentido. Si hay que aprender a perder, lo primero que hay que hacer es matar toda esperanza. La esperanza no es lo último que hay que perder en las malas relaciones, es lo primero.
¿Qué espera lograr con la publicación de este libro?
Lo que pretendo con todos mis libros de divulgación: crear promoción y prevención de salud. El amor como lo estamos manejando es un problema de salud pública. La gente sufre demasiado. Entonces lo que quiero es que las personas que estén en un alto riesgo de sufrir demasiado por amor tomen conciencia, reflexionen y pidan ayuda profesional y realicen cambios. Y promoción es crear en la población en general un estilo de vida más saludable frente al amor. Cambiar un poco los mitos y los valores tradicionales. Lo que pretendo es que esto sea como un espacio de reflexión, que cada uno se siente a utilizarlo y que esos principios que pongo en el libro los haga suyos.
Finalmente ¿quisiera compartir algún mensaje o invitación con nuestras lectoras?
Yo pienso esto: “el amor hasta hace poco con la palabra el amor bastaba”. Era como un sustantivo, porque tú decías “amor” y ya venía impreso todo. Hoy en día ya no. Hoy decimos que hay un amor digno y un amor indigno. Un amor sano o un amor enfermo. Un amor destructivo o un amor de crecimiento. Hoy le hemos puesto adjetivo calificativo al amor.
Amar no determina necesariamente la felicidad. Hay que saber amar. Y para saber amar tiene que ser siempre un amor con respeto y un amor que me permita crecer en la relación. Si estás en una relación en la que no creces, y aunque no sufres sientes que la cosa no fluye, tienes que ver qué vas a hacer.

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