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dissabte, 13 de juliol de 2013

"Si quiere una voz honesta, escuche a las niñas de 11 años". Carol Gilligan. La Contra de La Vanguardia.

Carol Gilligan, filósofa, psicóloga y feminista.
Tengo 76 años. Nací en Nueva York. Casada, tengo 3 hijos y 6 nietos. Catedrática de la Universidad de Nueva York, imparto un máster basado en mi método de la escucha. Hay que cambiar la estructura patriarcal incluyendo la voz de las mujeres. Soy judía no practicante

VOZ PROPIA
Fue docente en las universidades de Harvard y Cambridge y tiene escritas varias obras de referencia basadas en sus investigaciones sobre el desarrollo de las niñas y de los niños, explorando los puntos muertos en las relaciones entre hombres y mujeres. Su nombre ha aparecido en la lista de las 25 personalidades más influyentes de la revista Times, y tiene un mensaje claro y contundente: "Nuestros hijos son seres empáticos y sensibles hasta que los convertimos en niños, y nuestras hijas tienen una voz propia y clarividente hasta que las convertimos en mujeres, es el precio de la sociedad patriarcal". GiIligan ha dado una conferencia en la Fundació Víctor Grífols i Lucas.


Normalmente yo estoy en su situación.

¿Preguntando y escuchando?
E identificando esos discursos que repetimos, pero que no salen del corazón.

¿De eso versa el estudio al que ha dedicado la vida?
Investigo la relación entre mujeres y niñas, y entre hombres y niños, cómo y cuándo les transmitimos una manera de estar en el mundo: el modelo patriarcal.

¿En qué consiste?
Desde la infancia establecemos diferencias en la formación de la conciencia moral de hombres y mujeres. En los hombres predomina una conducta basada en normas y criterios de justicia mientras que en las mujeres tienen más importancia la relación afectiva y la empatía emocional.

¿No es algo natural?
Nacemos con una capacidad de comunicarnos y el deseo de vivir relacionándonos con otras personas. Dentro de nosotros todos tenemos los requisitos para el amor y la ciudadanía democrática. Pero para construir una sociedad patriarcal no democrática hay que romper esos requisitos naturales.

¿Y cuándo se quiebran?
Cuando los niños se convierten en niños (entre los 4 y 7 años), y las niñas en niñas, a partir de los 11 años hasta los 15.

¿Cómo?
Los niños son muy sensibles emocionalmente, y se convierten en niños en la escuela, cuando se les presiona para que sean un niño más. Así ocultan aquella parte que hay en ellos que haría que sus compañeros los vieran como niñas. Se les enseña a ser seguros y a hablar alto y claro, para eso deben silenciar su voz interior, sus dudas, su ternura. Es una manera de sacrificarlos.

¿Qué ocurre con las niñas?
Si quieres oír una voz clara y honesta, debes escuchar a las niñas de 11 años: justo antes de esa iniciación en la que se les dice que si quieren ser queridas y respetadas, tienen que silenciar su voz.

¿Quién dice eso?
Nuestra sociedad patriarcal. La investigación que hice conn niñas de esa edad tuvo un impacto enorme, estuvo en la portada de The New York Times y el titular era "Confiada a los 11 años, confusa a los 15". A las niñas de esta edad continuamente se les dice: —Esto no lo digas, porque a la gente no le gusta"

¿Sí?
Sí, lo que pasa es que está tan asumido, que no nos damos cuenta, pero entre mujeres es habitual decir una cosa en privado y otra en público.

¿Enseñamos a las niñas a callar?
Sí. Cuando las niñas están bajo la presión de decir lo que realmente piensan y creen, se resisten. Se silencian a sí mismas porque se supone que una buena mujer no debe tener voz propia.

¿Los niños pueden tenerla?
Habitualmente, las descripciones de sus propias vidas son, en hombres y niños, descripciones falsas. Pero no es así antes de la iniciación: si un padre o una madre no quieren que algo se sepa, deben silenciar al niño, que es perceptivo y sabe captar perfectamente los estados de ánimo y las verdades.

¿Qué podemos hacer?
Reconocer sus verdades. A las niñas de 10 y 11 años hay que escucharlas y animarlas a pensar contigo, darles la oportunidad de que digan lo que sienten y piensan realmente. Evitar que separen mente y cuerpo.

Entiendo.
Es muy importante que niñas y mujeres hablen de manera honesta, que les expliquemos lo que sabemos: pero esa conversación a menudo no sucede. Todas sabemos cómo nos adaptamos al mundo, sobre todo en la relación que establecemos con los hombres.
Lo importante para ellas es que permanezcan en contacto con sus propios deseos y evitar la presión que se ejerce sobre ellas para que no sepan lo que quieren, es decir: para que se centren en lo que otros quieren y lo que otros quieren que quieran.

¿A qué otras conclusiones llegó trabajando con niños y hombres?
Durante años me he reunido con padres de niños de entre 4 y 5 años. La pregunta clave era: "¿Qué veis en vuestros hijos que os hace deciros a vosotros mismos: `Espero que nunca pierda esto'?".

¿Cuál es la respuesta?
Coinciden en que no quieren que pierdan su apertura emocional, su espontaneidad. Y todos los padres afirman que a medida que ellos se fueron haciendo mayores tuvieron que sacrificar esas cualidades.

¿Para ser aceptados?
Sí, y quieren que sus hijos se hagan hombres sin perder esas cualidades de la infancia, pero sin soportar que su sensibilidad les dé problemas con sus compañeros.

Es triste lo que cuenta.

Mis estudios muestran dónde podemos intervenir para evitar que se repitan patrones que nos llevan a traumas, tragedias y problemas. Debemos plantearnos si queremos transmitir a nuestros hijos las pérdidas que nosotros hemos experimentado.


2 comentaris:

  1. Es un text molt interessant que tots hauriem de tenir en compte
    Estic totalment d'acord

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