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dimarts, 2 de juliol de 2013

Cuando tú y yo somos tres. Marta Mejía. La Vanguardia.

No se trata de un amante o un ligue o una aventura amorosa que enturbia una relación, sino de alguien próximo ¿un amigo, un familiar¿ que se entromete y pone a prueba. ¿Cómo se pueden mantener a raya?
Esto no es lo que parece. No se trata de la existencia de un o una amante de corto o largo recorrido, de un affaire, ni de una cana al aire. Son personas o personajes del entorno de la parejas que por diversas razones se instalan en medio de la relación, de forma que acaban convirtiéndose casi en parte del decorado y que pueden acabar siendo causa de alejamiento o desencuentro. En los asuntos de pareja, tres son multitud; a veces intervienen cuatro, cinco, seis… un padre o una madre con mayúsculas, un mejor amigo. Padres y suegros que visitan con mucha frecuencia. Los expertos lo sintetizan con la expresión “tercera rueda”, todo aquel que está a menudo con una pareja en situaciones en las que ellos preferirían estar a solas. Amigos que se emparejan, hermanos que han emprendido un nuevo estilo de vida, relaciones que ahora te obligan a convivir con personas que no te son próximas, aunque sí de tu pareja. No quieres perder la amistad cuando un amigo se empareja, pero tampoco quieres ser la tercera rueda.

Un tercero en la relación
“Mi mujer y su hermana han estado siempre muy unidas y me parece perfecto, pero lo que no entiendo es que mi cuñada participe en decisiones que nos competen a nosotros dos. Pensé que cuando tuviera su propia familia dejaría de intervenir en la nuestra pero no ha sido así. Marga sigue comentándole y consultándole y ella sigue opinando. No hemos tenido ningún problema importante por este motivo pero me temo que está al caer…”, explica Emilio, de 37 años. ¿Qué papel desempeña la familia de cada uno de los que forman una pareja? ¿Una mamma omnipresente, un pater como punto de referencia y comparación permanente, una suegra con ojo clínico, una hermanísima asesora o una piña familiar? Padres o hermanos que visitan a diario o con mucha frecuencia y que forman parte del paisaje un día sí y otro también, que están presentes en muchos momentos que deberían ser más privados e íntimos para la pareja.
El inicio de una vida en común supone el origen de una familia. Algunos esperarán que funcione como la propia, otros que no se le parezca en absoluto; pero unos y otros traen consigo un bagaje familiar. Por lo general no se habla abiertamente del tema y sobre la marcha se hacen evidentes los patrones que aporta cada uno, activando modelos del pasado o perpetuando los actuales. La pareja está formada por dos pero no todos lo entienden así. En el seno de una familia sobreprotectora, puede resultar difícil asumir que los hijos tomen sus propias decisiones. En este escenario, los límites pueden no estar claros ni los papeles establecidos.

Amigos del alma
Sin lugar a dudas, los amigos son un activo emocional muy importante. Son esos seres tan próximos a quienes hemos elegido sin que medien lazos de parentesco ni obligaciones contractuales y que suponen una gran dosis de afecto y apoyo. Cuando nos establecemos en pareja, la relación demanda más tiempo y entrega y, en ocasiones, ellos se sienten desplazados y nosotros culpables por no verles más a menudo. Es preciso establecer tiempos para la relación y para las amistades y en la mayoría de los casos se hace de una forma natural y funciona. Ahora bien, a veces, alguno o algunos de esos compañeros de ruta continúan estando muy presentes y compartiendo con la pareja muchos y muy frecuentes momentos. Hasta aquí, ningún problema. Pero cuando se convierten en lo que en inglés se conoce como the third wheel (la tercera rueda) suponen una compañía que resta privacidad a la pareja. Son los confidentes por excelencia y es una suerte contar con ellos, pero será preciso saber hasta dónde se está dispuesto a compartir los asuntos privados. “Le explico todo porque es mi mejor amiga”; pero es que no hace falta explicarlo todo...
Para evitar malos entendidos y situaciones incómodas, es preciso evitar involucrarlos en la toma de decisiones de la pareja o en la resolución de sus confrontaciones. Naturalmente que los amigos nos escuchan y quieren ayudar, pero ya sabemos que en los momentos de enfado se expresan con vehemencia los sentimientos negativos. Luego, tras la reflexión y el acercamiento de la pareja, se aclaran las cosas y cambia la perspectiva. Pero el confidente ha escuchado una exposición detallada que alimenta la imagen que tiene del compañero del amigo y acumula información que, en muchos casos, forma parte del ámbito privado de la pareja. Cuántas amistades han terminado tras un exceso de implicación de un tercero, quien acaba sufriendo el efecto bumerán. “Ellos se reconcilian y yo acabo siendo la bruja de la película”. Son relaciones triangulares que conllevan un riesgo y en las que no es raro que alguien salga dañado. ¿Saldrán a flote las confidencias hechas? ¿Un curioso trío de amigos-confidentes? ¿Demasiadas confidencias?
También están los amigos que no aceptan a la pareja elegida y que al menor motivo aprovechan para hacer reflexiones sobre el funcionamiento de la relación, agregando más motivos de estrés. Será preciso dejar claro que la confianza no supone una puerta abierta para opinar, criticar o condenar lo que decides o lo que decide tu pareja.

Ahora somos tres
“El nacimiento de Carles ha sido lo más grande que nos ha pasado a Roser y a mí; desde el principio cambié pañales, lo bañé, preparé papillas y estuve con ellos el mayor tiempo posible. Sin embargo, hay momentos en que me siento un intruso porque parece que ciertos cuidados y expresiones de cariño sean exclusividad de ella. No son celos pero, no se cómo explicarlo, me gustaría sentirme más integrado en el equipo…”, afirma Jordi, de 34 años. La madre es la primera y más importante figura de apego y en esta relación se inician en el recién nacido las emociones primarias de placer, malestar, sorpresa; se estructuran otras más complejas como la alegría, la tristeza, la seguridad, el miedo... Este vínculo tiene, por tanto, una gran importancia en el desarrollo emocional, pero también en los sistema nervioso, hormonal e inmunitario, ya que muchas de las emociones más intensas se basan en esos componentes biológicos, que se forman en la primera infancia. Pero la relación de apego no ha de suponer una exclusividad. El papel del padre es diferente pero esencial para el equilibrio del bebé y de la vida familiar. No debería sentirse excluido por una madre demasiado centrada en el niño, ni excluirse él mismo, argumentando que se convertirá en padre más adelante. “Ya no tiene tiempo para mí, sólo se ocupa del bebé”, “a mí me toca todo el trabajo con el niño, él llega del trabajo cansado” son quejas sutiles que todavía se escuchan a pesar de que los padres del siglo XXI se implican mucho más a la hora de criar a los pequeños.
Asumir el papel de padre y madre consiste en reconocer y aceptar un cambio en uno mismo y en la pareja. Como dice Daniel Bailly, psiquiatra infantil en el hospital Sainte-Marguerite de Marsella, “la pareja tiene que madurar, pasar del estado adolescente al adulto, parental”. La llegada de un hijo supone un cambio radical en la vida de la pareja y en ocasiones pone a prueba su estabilidad. La ilusión y las expectativas han de ajustarse ahora a los cuidados que necesita el nuevo miembro de la familia; a la falta de sueño que normalmente origina; a los horarios y ritos de la alimentación; a las preocupaciones lógicas por su salud; a las opiniones de familiares y amigos expertos en el tema. Parece que toda la energía se ha de utilizar en el bienestar del bebé.
Es normal que la llegada de los hijos cambie los esquemas familiares y que durante un tiempo su cuidado y bienestar sean prioritarios. Lo que no es tan normal es que a partir de su llegada, uno o los dos miembros de la pareja inviertan su tiempo y energía en sus vástagos, descuidando la relación de pareja. Se dan relaciones de tipo simbiótico entre madre e hija; aquellas que lo hacen todo juntas, y para quienes el padre “no entiende nada”, seguramente la futura pareja de la niña, “tampoco entenderá nada”.

La presencia de una persona ausente
“Hacía cuatro años que me había separado cuando conocí a Cristina y hace tres que estamos juntos; nos unen muchas cosas pero, aunque sus hijo son mayores, la presencia de su ex me resulta francamente desagradable. La llama o le envía mensajes con cualquier excusa y se ha convertido en un invitado de piedra que planea en nuestro día a día. Cuando la conocí tenían una relación correcta pero ocasional y con el tiempo los contactos han aumentado y, aunque no dudo de los sentimientos de ella, hay momentos en que me siento como el tercero en la relación”, confiesa Jaume, de 55 años. Actualmente, y cada vez más, aumenta la probabilidad de emparejarse con alguien que traiga consigo un o una ex.

En ocasiones, es preciso relacionarse con él o con ella, especialmente cuando hay hijos de por medio. Por lo general, es difícil para las partes implicadas y a menudo se establecen luchas de poder, celos y rivalidades. Afloran sentimientos que parecían superados y no son infrecuentes los intentos de sabotaje de la nueva relación del querido o la querida ex. Aumentan las llamadas, los contactos, las excusas. De forma agresiva, exigiendo o traspasando los límites y fronteras del pasado, o bien de forma pasiva –dejando de cumplir las responsabilidades de padre o madre– lo que hace necesario que el otro contacte. Relaciones pasadas que parecen quedarse atadas de por vida, que suponen un dolor de cabeza para la pareja que ve cómo personas del ayer quieren seguir ahí.
Al poco tiempo de perder a su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim de Winter (Laurence Oliver) conoce en Montecarlo a una joven humilde (Joan Fontaine). Tras la boda se van a vivir a la mansión inglesa de Manderley. Pronto la nueva señora Winter se dará cuenta de que no puede borrar en su marido el recuerdo de su difunta esposa. Es el argumento de Rebeca, película de culto dirigida por Alfred Hichcock en 1940 y basada en la novela homónima de Daphne du Maurier. La célebre película ha dado nombre al síndrome de Rebeca, en alusión a las relaciones que se establecen con un separado. Serán motivo de complicaciones no haber superado un proceso adecuado de duelo o de cierre de la relación pasada, la sensación de que queda algo pendiente, el enganche emocional; el sentimiento de culpa, el arrepentimiento, el no haber llevado a cabo una ruptura sana y definitiva.

¿Es necesario hablar sobre los ex?
Los asesores de pareja coinciden en que no, pero el pasado tampoco se puede borrar como si no hubiese existido. En el primer año de relación, las informaciones sobre el pasado amoroso deberían estar prohibidas, opina el asesor de pareja Jorg Wesner, de Hamburgo. En esos momentos nadie está interesado en saber qué colonia usaba, si el sofá de piel era su favorito o si los pendientes que llevas a menudo son un regalo suyo de Navidad. Anne Freische, terapeuta de pareja y de familia, cree que una pareja que decide vivir junta, debería comprar algo en común, de modo que el que llega tenga algo propio.
Por el contrario, Felicitas Heyne, psicóloga de familia, opina que debe haber un nuevo comienzo desde cero. “Todo tendría que ser nuevo, aunque se compre poco a poco. Los espacios y las cosas tienen un enorme valor simbólico que, sin embargo, suele ser desestimado, sobre todo por los hombres”.
Basta un análisis realista para darse cuenta de que la persona del pasado no desaparece sin más de la vida de alguien, pero ¿cuánto ex somos capaces de soportar? “La madre de los hijos siempre tendrá un lugar especial en la vida del hombre y el padre de los hijos siempre estará en la mente de la mujer, hay que ser consciente de eso”, advierte Frische. Lo que no significa que haya que mantener las fotos familiares por ahí. En ocasiones será preciso luchar contra el fantasma que una vez ocupó tu posición actual y en otras simplemente, tal vez porque no habrá más remedio, aprender a convivir con su sombra.

LA TERCERA RUEDA EN CINE Y TV
Cyrus. Comedia dirigida por los hermanos Jay y Mark Duplass en el 2010. John (John C. Reilly) conoce a Molly (Marisa Tomei ) en la boda de su exmujer. Por fin, su vida parece tener sentido. Todo va muy bien en la pareja hasta que él descubre que hay otro hombre en la vida de Molly: su hijo Cyrus de 21 años. Cyrus ( Jonah Hill) intenta sabotear la relación ejerciendo el papel de una tercera rueda manipuladora y destructiva en medio de escenas absurdas e hilarantes.
Tu, yo y ahora Dupree. Dos es compañía, Dupree es multitud”, podría ser el resumen de la película. Dupree (Owen Wilson ) pierde el trabajo y su apartamento mientras está en Hawái en la boda de Carl (Matt Dillon) su mejor amigo, con Molly (Kate Hudson). Carl le invita a quedarse unos días con ellos. Dupree consigue la amistad de Molly, la de su padre, vecinos… Todos, excepto Carl, quieren que se quede para siempre. El trío se convierte en un caos.
Harry Potter. Aunque es el protagonista, cuando se trata de la historia de amor entre Ron y Hermione, Harry se convierte en la tercera rueda en su propia serie. En la cuarta película, Harry Potter y el cáliz de fuego, se hacen evidentes las primeras muestras de afecto y atención entre Ron y Hermione; a lo largo de las ­siguientes, la pareja encuentra dificultad para manifestar sus sentimientos ante la constante presencia de Harry.

Friends. En Friends, Joey y Phoebe son las terceras ruedas de la serie, en la que se emparejan: Rachel y Ross, y Chandler  y Monica.


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