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dimecres, 10 de juliol de 2013

"Me imaginaba de mecánico, y ya me estaba bien". Sergi López. La Contra de La Vanguardia.

Sergi López, actor (El Laberinto del fauno, Pa negre...)
Tengo 47 años. Soy de Vilanova i la Geltrú, me fui a estudiar cine a París y volví. Vivo en pareja, dos hijos. La política no es patrimonio de los políticos, nos pertenece a todos. No me gustan las religiones, pero creo que lo fundamental es intangible, está más allá de la materia

HIJO
Hijo de un obrero, de niño tenía problemas con la autoridad y la disciplina, e intuyo que no ha cambiado, no por una cuestión de rebeldía, sino de independencia. Desprende confianza en sí mismo, una confianza esencial, la de saber que pase lo que pase le hará frente con alegría. A los 16 años abandonó los estudios para formar parte de compañías circenses alternativas y participó en espectáculos callejeros. Luego se fue a estudiar interpretación a París y su carrera se desarrolló en Francia: su interpretación en Harry, un amigo que os quiere le valió el premio al mejor actor europeo (2000). Ayer estrenó en España Tango libre, una película del belga Frédéric Fonteyne

Yo no soy una persona leída, no tengo muchas referencias. Arrastro complejo de ignorante desde la infancia. Películas y libros por ver y leer se me van acumulando.

La humildad y la sinceridad son valores importantes.
A la vez constato que de lo único que se aprende de verdad es de observar, de los otros; y que tenemos la capacidad de inventamos quiénes somos.

Explíqueme eso.
Que no todo es estudiar una carrera, trabajar, casarte, tener hijos y morirte; que la vida puede estar muy bien pese al fracaso.

¿Usted hablando de fracaso?
Yo era un desastre. Recuerdo a mi padre desesperado diciendo: "¡Este niño va a acabar repartiendo butano!", y yo pensaba: `Bueno, no está mal, te pones fuerte, conoces gente..:'. Si me hubiera dicho que iba a acabar en un despacho pasando numeritos, eso sí que me hubiera aterrorizado.

Ya.
Al final es determinante la gente con la que te cruzas en la vida (... y que eres capaz de ver, claro). Para mí eso de ser actor era imposible, pero que alguien que valoraba me dijera que cualquier individuo por minúsculo que sea puede hacer cosas, que incluso yo tenía algo que decir, me cambió la vida.

¿El cine no estaba en su horizonte?
Yo me imaginaba de mecánico, y ya me estaba bien.

Es usted positivo.
Tengo tendencia a estar bien. Pero todavía pienso que un día me van a pillar, que estoy en falso, que soy un impostor. De todas maneras, vivo en el presente, no hago nada con la pretensión de que me dé fruto.

¿Cómo surgió lo de ser actor?
Repetía por tercera vez tercero de BUP. Mi padre, un hombre que se pasó la vida trabajando de obrero en la fábrica Pirelli y que expresaba su frustración físicamente, me corría a gorrazos; estaba histérico. Yo hacía teatro amateur; una noche con los compañeros nos quedamos hablando.

... Y se le hicieron las tantas.
Sí. Entré en casa y vi a mi padre -que cada día se levantaba a las cinco de la mañana sentado en el sofá dando golpecitos con el pie en el suelo. Estaba furioso.

Se asustó.
Mucho. Vino hacia mí: "Un momento -le dije para frenar su furia-. Hoy es un día muy especial para mí: Acabo de decidir que voy a estudiar interpretación".

¿Se calmó?
Efectivamente, le bajó el suflé. Pero al día siguiente me dije: -Lo tendré que hacer" y al tercer día: —¿Por qué no? Lo voy a probar, luego ya acabaré siendo mecánico de tractores"; y de momento la broma va durando.

Usted ha puesto de su parte.
Cierto: cuando hacía circo dejé que Jordi Aspa me tirara cuchillos porque no se atrevía a tirárselos a su mujer, ja, ja, ja; y me fui a París a estudiar con Jacques Lecoq.

Y triunfó en Francia.
Mientras estudiaba, leí un papelito que decía: "Se busca actor con acento español". Pensé: "Me voy a presentar aunque mi acento es catalán"... Curioso eso de las identidades, porque obviamente allí no distinguen.

Fue su primera película.
Sí, y el director, Manuel Poirier, me llamó para las cuatro siguientes. La quinta, Western, la seleccionaron para el Festival de Cannes, y para allí me fui sin mucha conciencia de lo que significaba.

Desde entonces no ha parado de rodar.
Recuerdo que un rebaño de periodistas vino hacia mí: "Somos los españoles, ¡pero cómo es que no haces cine en España!"... Al día siguiente aparecí en los periódicos españoles y tomé conciencia de que era actor.

Curioso.
Hasta entonces pensaba que Poirier me llamaba porque le caía bien, y que cuando se cansara seguiría con mi teatro de creación (escribir, producir, hacer el decorado, mover los focos, alquilar la furgoneta...).

¿Cuál es su secreto?
Respetar el misterio. Me doy cuenta de que la manera de ser de cada uno genera una energía; en ese sentido yo he repetido con casi todos los directores, así que algo ven en mí, y creo que es un algo espiritual que transmitimos, pero se me escapa y no suelo pensar en ello.

Pues piense ahora en voz alta.
A los saltimbanquis no los enterraban en los cementerios porque consideraban que no tenían alma. No creo que los actores seamos páginas en blanco; con o sin consciencia escogemos nuestro camino. Todos, actores o electricistas, transmitimos determinadas ideas con nuestra manera de hacer.

¿Qué ideas le sustentan a usted?
Que sin colectivo lo individual no tiene valor. Yo creo en la tribu.

¿Y en el esfuerzo?

No. Esa idea de que puedes conseguir lo que te propongas me parece banal y peligrosa. Simplemente tienes que ser tú e ir descubriéndote. La necesidad de esfuerzo y sufrimiento para conseguir algo me parece una idea muy masculina y estamos muy necesitados de maneras femeninas. Hay que fluir.


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