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dimecres, 3 de juliol de 2013

EL PENSAMIENTO ES UNA CORTESANA POCO SINCERA. Jorge Bucay. La Contra de La Vanguardia.



—¿Es usted un hombre feliz?
Sí, pero ¿Qué es la felicidad?

—Eso quería yo preguntarle.
Si la entiendes como el goce permanente, es ingenuo y negador. Pero si la defines como la certeza de estar en el camino que has elegido de acuerdo con tu rumbo interno, es posible.

—¿Y si no sabes cuál es tu rumbo?
Contéstese a la pregunta de para qué vive usted y así averiguará su rumbo.

—No es una pregunta fácil...
... Ni tan difícil, porque no hace falta contestarla para toda la vida, eso sería falso. Además, no hay tantas respuestas posibles: Tan sólo hay cuatro o cinco rumbos capaces de dar sentido a la vida de una persona.

—Pues hay quien va viviendo sin saber bien para qué.
Pues esos sólo se sienten felices cuando por casualidad su camino coincide con su rumbo. Pero hay muchos que no son ni siquiera capaces de hacerse la pregunta y otros que la desprecian... Y tienen razón, porque es una pregunta peligrosa: Podrían darse cuenta de que su vida no tiene sentido.

—Hay quien asegura no tener ilusiones.
Las ilusiones en general son de cosas y de objetivos, pero el rumbo no es una meta, no es un lugar alcanzable, es una dirección. La vida de los que identifican el rumbo con un objetivo, cuando llegan a él, vuelve a carecer de sentido. Déjeme que le cuente: Imaginemos que alguien está en un barco.

—¿En medio del océano?
Sí, con la sensación de estar perdido. Comienza a rogarle a Dios que le ayude y de pronto aparece Neptuno:
«¿Qué te pasa?»...
«Estoy perdido».
«Bien —le dice Neptuno—, como estoy de buen humor te ayudaré. Estás 24 grados longitud sur y 56 grados latitud oeste». El hombre agradece.

—Y Neptuno se va.
Sí, pero el hombre comienza a llorar de nuevo:
«¡No me basta con saber dónde estoy, quiero saber adónde voy!».
«De acuerdo —le dice Neptuno—, vas a Barcelona».
Pero el hombre sigue llorando:
«No me basta saber dónde estoy y adónde voy, también necesito conocer el camino».
Neptuno dice: «¡Joder!», y le entrega un mapa con la ruta marcada.

—Por fin puede partir.
Sí, se limpia los mocos e iza las velas. Pero se da cuenta de que sigue perdido porque no sabe en qué dirección debe empezar a moverse, le falta la brújula. Barcelona es su objetivo, pero no sabe cuál es el rumbo que ha de seguir. Para mí, la felicidad es esa sensación de que no estoy perdido. Puede que no sepa muy bien dónde estoy y que no tenga muy definido adónde voy, pero sí sé cuál es el rumbo: No estoy perdido.

—¿Y cómo descubre uno cuál es su rumbo?
Existe la fantasía de que un día caminando por la calle nos vamos a iluminar de golpe y descubriremos nuestro rumbo. Pero el rumbo se elige voluntaria y adultamente. Hay quien decide, por ejemplo, que la búsqueda del placer da sentido a su vida, y para esa persona todo lo que le dé placer tendrá sentido.

—Eso nos gusta a todos.
También hay mucha gente que vive para trabajar. A esos las preguntas que yo les haría son: «¿Para qué trabajáis? ¿Para qué queréis ese dinero?», y al final descubriríamos que para ellos el dinero es una fuente de poder. Este tipo de personas se quedarán trabajando hasta altas horas de la noche y aunque eso no les dé placer, sí les dará felicidad.

—¿El poder puede dar sentido a una vida?
Sí, y lo hay de muchos tipos: Económico, intelectual... En general, se trata del dominio del otro. También la búsqueda del placer tiene muchos caminos, desde el físico hasta el espiritual o metafísico.

—¿Y los que quieren cambiar el mundo?
Otros dirán que lo que da sentido a su vida es cumplir una misión inalcanzable, como luchar contra la pobreza. Lo importante para esas personas no será acabar con la pobreza en el mundo, sino ser consecuentes. En esa línea están los que buscan la justicia o los que quieren catequizar al mundo. Y por último están los que buscan la trascendencia.

—¿Dejar su impronta en el mundo?
Sí, y también los que buscan la gloria y el aplauso aquí y ahora o los que buscan la trascendencia más allá de la vida mundana. Todos nos identificamos con alguna de estas búsquedas.

—¿Y si me identifico con todas?
A mí también me pasa, y puedes ir en esa dirección cuando tu trabajo te da placer, te da una misión y te permite trascender. Pero hay un momento en que por ejemplo la búsqueda del poder conspira contra la trascendencia y debes elegir de acuerdo a cuál de todas esas cosas es más significativa para ti.

—Para eso hay que conocerse mucho.
Somos la suma de lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos... Y de todo ello, lo que menos somos es lo que pensamos. Decía Perls, el creador de la terapia gestáltica, que el pensamiento es la puta del intelecto, que es una cortesana poco sincera. Tu idea de ti no eres tú. Eres más de lo que tú crees que eres y, en muchos aspectos, eres menos. Tu cuerpo te informa de si estás o no en el rumbo adecuado porque simplemente dejas de ser feliz.

—¿Y si no tienes educado el cuerpo?
El camino hacia la felicidad es una pendiente: Se trata de ser fiel a uno mismo y no permitir que la cabeza te engañe. Hay un mecanismo automático que busca el equilibrio interno. No hay que hacer nada, sólo dejar de hacer las cosas que te alejan de ser feliz.

—No me parece tan sencillo.

Peor es renunciar, creer que la felicidad es un mito. Yo suscribo a Borges: «El peor de los pecados es no haber sido feliz».


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