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dilluns, 24 de desembre de 2012

Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor. Frases para cambiar vidas.


Autor: Samuel Beckett 
Cuando leí en la prensa la noticia que anunciaba la celebración de una jornada mundial denominada "El día del fracaso",  he de confesar que, de inmediato, se me despertó una inmensa curiosidad por saber qué había detrás de una tan curiosa propuesta que pretendía celebrar, no el acierto, algo cotidiano, sino el fallo, algo ignominioso. 
No tardé demasiado en localizar la página oficial del evento, en la que se explicaba, formalmente, en qué consistía: ¿QUÉ ES EL DÍA DE FRACASO? una nueva fiesta internacional para repensar, compartir y aprender del fracaso. Se celebra cada 13 de Octubre (este año fue la tercera edición) y nació en Finlandia bajo el auspicio de la comunidad de emprendedores Aaltoes.com.
Los organizadores de la jornada defienden que el fracaso no es el enemigo, sino que lo es el miedo a fracasar. Al estar fracaso y éxito sólidamente unidos, debemos aprender a aceptar y a sacar el máximo provecho del error, con el fin de alcanzar el éxito que, en principio, se nos ha negado.
Y así, con estos sabios enunciados, se ha creado una comunidad internacional empresarial que admite el fracaso sin traumas y se centra en el intercambio de las historias de sus reveses personales y de las lecciones con ellos aprendidas. Son empresarios, deportistas, emprendedores -en cualquier ámbito laboral-, que un día se dedicaron en cuerpo y alma a poner en marcha un proyecto que no llegó a cuajar. Y lejos de avergonzarse o esconderse, están dispuestos a compartir los errores que motivaron su caída, con el afán de que otros no tengan que pasar por una experiencia similar. Es decir, dar la posibilidad a todo el mundo de escarmentar en cabeza ajena.
Existe, incluso, un manifiesto formal para "El día del fracaso", en el que se explica la filosofía y la pretensión primordial de esta singular jornada...
"Nuestra cultura nos ha enseñado que el fracaso es una mala cosa. Esta es una regla no escrita convertida en Norma desde siempre. Nos hemos estigmatizado a nosotros mismos y a los demás con el fracaso, y en nuestra sociedad quedan pocas personas que tengan el valor de ir adelante, de cualquier manera, superando su miedo a fracasar.
Nosotros no hablamos de nuestros fracasos y el precio que pagamos por no hacerlo es el desperdicio de las buenas lecciones que aprendemos de él y que valdría la pena compartir con los demás.
Lo peor del miedo al fracaso es que nos desalienta e incapacita para emprender algo nuevo o audaz, detenidos por el temor a fallar. Y ese es el mayor precio que todos nosotros, como individuos y sociedad, ha de pagar.
Debemos de imaginar una nueva cultura donde la gente no solo discuta abiertamente de sus fracasos, sino  que también premie la valentía de haberlo intentado."
Gran parte del problema proviene de la actitud de la sociedad hacia el fracaso. Se recrimina el fracaso. Parece que si no tenemos éxito a la primera, ya somos unos fracasados de por vida. Pero el fracaso es un mecanismo que asimilado correctamente, es el principal motor en la innovación, la creatividad y el avance cultural humano, ya que, nos guste o no, somos animales que aprendemos por ensayo y error.
Por todo esto me llamó la atención esta iniciativa, un día especial para decir en alto, e incluso con orgullo, que sí, que fracasé, que caí, pero que me he vuelto a levantar y ahí sigo: intentándolo una y otra vez.
Por último, a lo largo de la historia han sido decenas los grandes personajes vinculados a todos los campos del conocimiento, que han expresado su teoría del fracaso, como elemento indispensable para su éxito posterior. Desde hasta Ford; desde Roosevelt hasta Arthur Miller, una gran mayoría de estos prohombres, defendieron que cada fracaso nos enseña algo que necesitamos aprender y que el fracaso es, a menudo, el pionero del descubrimiento de nuevos horizontes del saber o que, en realidad, no existe el fracaso, porque este es solo una paciente y obligada espera hacia el éxito.


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