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dimarts, 11 de desembre de 2012

DOLOR DE CABEZA Y EMOCIONES. Gaspar Hernàndez.

Una oyente de mi programa l'Ofici de viure en Catalunya Ràdio nos dijo: "A mi se me va el dolor de cabeza con un orgasmo"
Hablemos del dolor de cabe­za: hay mucho sufrimien­to y, al mismo tiempo, hay muchos fracasos terapéu­ticos. Lo afirma el osteópata David Ponce. Ha llegado a la conclusión de que el dolor de cabeza se suele tratar desde un punto de vista sintomá­tico; no se va más allá, buscando la causa. Por eso ha decidido escribir el libro Más amor y menos Ibuprofeno (Plataforma).
Porque en su clínica ha visto a mucha gente con dolores de cabeza, que acuden a él cuando ya han visi­tado a todo tipo de médicos, quienes al final aumentan los miligramos y la potencia de los fármacos «hasta llegar a un punto en el que no hay mejoría y, en cambio, el cuerpo que­da saturado de remedios y pierde la capacidad propia de reaccionar», explica en su libro.
El autor une el rigor con el ojo clí­nico, la atención al pequeño detalle con la visión holística de la persona. Hay pocos profesionales que afir­men, como lo hace él, que el dolor de cabeza no es una enfermedad, sino un síntoma. Hay pocos profesionales que escriban (él tiene autoridad moral para hacerlo, porque lo ha constatado con sus pacientes centenares, miles de veces), que la parte emocional es vital para entender el dolor de cabeza.
Sin embargo, como dice Eduard Punset, vivimos en una sociedad que, hasta ahora, ha desdeñado nuestras emociones básicas y universales.
Y hay muchos enfermos y médicos que aún no comprenden que quizá no encontraremos la causa de un dolor de cabeza en una resonancia magnéti­ca. Por ejemplo, una paciente llamada Marta sufría una cefalea debido a una ruptura sentimental. Otros pacien­tes sufren dolor de cabeza porque su hígado no está en buen estado. No porque se den a la bebida, sino por las llamadas emociones hepáticas.
Las emociones hepáticas incluyen la amargura, la ira, el resentimiento, el enfado o la irritabilidad excesiva. «Por supuesto, en medicina alopática no existe la tendencia a relacionar las emociones y las vísceras, pero los esta­dos que se pueden derivar de todo ello son, entre otros, furia e irritabilidad; como consecuencia, producen dolor de cabeza, vértigo, mareo o acuófe­nos».
Algunas mujeres sufren dolor de cabeza a causa de los anticonceptivos. Otras porque se ten drían que divorciar de sus maridos (eso no lo dice David Ponce; lo dice una oyente de mi pro­grama de radio. Una nos dijo: «A mí se me va el dolor de cabeza con un orgasmo».)
¿Se ocupan, de todo ello, las far­macéuticas? Ni por asomo. En nuestro país tenemos a grandes médicos (ne­cesarios, imprescindibles), un buen sistema público de salud, pero muchas asignaturas pendientes; y esta es una de ellas: dejar de poner parches a los dolores de cabeza, es decir, dejar de tratar solo los síntomas.
Una tarde fue a la consulta de David un chico con el diagnóstico de dolor de cabeza en racimo. «No tienes racimo -le dijo David-, primero, porque esa variante del dolor de cabeza se da en gente más mayor y no en un chico jo­ven. Qué problema tienes en casa?». El chico respondió: «Mi madre, que me agobia». «Las relaciones familiares son la causa de su dolor de cabeza», concluye el osteópata -y casi psicólo­go- David Ponce.
Quizá no existen enfermedades; existen enfermos. El doctor William Osler, uno de los padres de la medicina moderna, dijo: «Es mucho más impor­tante conocer qué tipo de paciente tie­ne la enfermedad que conocer el tipo de enfermedad que tiene el paciente». La pregunta del millón: nuestro siste­ma, con 10 minutos por   visita, ¿permite cono­cer al paciente?


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