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dilluns, 10 d’octubre de 2011

LA INCOMUNICACION.

El distanciamiento afectivo y la frialdad en nuestras relaciones tienen con frecuencia origen en nuestra propia actitud. Distribuir mejor el tiempo, modificar nuestras prioridades, nuestro propio comportamiento o nuestros miedos pueden evitarnos la sensación de soledad y aislamiento que a veces sentimos, aun conviviendo con familiares o amigos.
Muy pocas personas podrían decir que, en el transcurso de su vida, no han experimentado la sensación de soledad sin desearla, incluso conviviendo con otras personas con las que tienen vínculos familiares o de amistad.

Es inevitable que ante la muerte o ausencia prolongada de un ser querido experimentemos abandono y soledad, pero existen otros procesos que favorecen esta sensación, que tienen la particularidad de generarse en nosotros y que, por lo tanto, podemos modificar. Me refiero a las relaciones humanas en las que una peculiar manera de interactuar, y comunicarnos nos lleva, paradójicamente, a la incomunicación y el aislamiento.

Los avances tecnológicos posibilitan formas de comunicación que exigen poco tiempo. Lo que tenemos que transmitir se condensa en un escueto correo electrónico, un SMS con abreviaturas imposibles o una apresurada conversación via chat o facebook, ya no tenemos tiempo para una charla tranquila, en directo, o aunque sea telefónica, cuantas veces hemos pensado, ya llamaré, ya quedaré.... No repararamos en que el 90% de la información interpersonal se apoya en la comunicación no verbal, incluido el tono de voz. Indudablemente la renuncia a estos matices se paga con el deterioro de la comunicación, con la frialdad y el distanciamiento afectivo.

Esta reflexión nos debería animar a revisar la distribución de nuestro tiempo y a una modificación de las prioridades, para intentar situar en un lugar preferente las relaciones afectivas y sociales.

Poder compartir sentimientos, situaciones, alegrías, penas, refuerza las relaciones. El poder disponer de espacios, tiempo, una actitud constructiva y un saber escuchar, para poder compartir nuestras inquietudes con las personas que tienes más cercanas, hace que las relaciones crezcan, avancen y no se deterioren.


Cuánto bien puede hacer una charla, una simple llamada telefónica si hay distancia u otros impedimentos, saber que la persona está ahí, que hacemos el camino juntos y cuanto nos cuesta a veces hacerlo.

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