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dissabte, 21 de juliol de 2012

"Fui camello y soy profesor: la diferencia está en educarse". Roland Fryer. La Contra de La Vanguardia.


Roland Fryer, premio Calvó-Armengol de la Barcelona Graduate School of Economics

Tengo 34 años: aún me queda curva de aprendizaje. Nací en Daytona Beach: mal barrio. Investigo cómo convertir la educación en oportunidades. Por cada dólar invertido en educación, el Estado recauda 1,22. Creo en el método científico. No voto: la verdad no tiene partido

Golear al destino
Su madre tuvo que abandonarlo en manos de un padre que la maltrataba. A los 13 años, Fryer compraba una libra de marihuana por 700 dólares y la vendía por 1.500 (hoy sus apuntes de la economía del narcotráfico sientan cátedra). A los 15 fue detenido y puesto en libertad, pero sus amigos aún cumplen condena por un atraco al que él llegó tarde. Ese golpe de suerte le transformó y, a los 18 años, convirtió sus dotes para el fútbol en una beca universitaria (su padre, al saberlo, remugó que seguiría siendo un "negro fracasado"), pero sus profesores comprobaron que era un superdotado. A los 27 ya era profesor en Harvard. Y hoy sus teorías sobre la desigualdad revolucionan las ciencias sociales.

Le resumiré mi vida hasta los 18 años en un dato: el 80 por ciento de mis familiares y amigos están muertos o en la cárcel.

¡...!
En Daytona Beach, mi barrio, los chavales mueren o cumplen condena a una edad media inferior a la de mis alumnos de Harvard.

He leído que usted a los 13 años traficaba con marihuana y llevaba pistola.
...

¿Se relaciona usted con sus amigos que ahora están en la cárcel?
No.

¿Y con sus familiares?
Mi padre sé que aún está en el barrio. Mi madre ya no sé dónde vive...

...
... Por eso comprenderá que conseguir una educación que dé una oportunidad a esos miles de chicos como yo es algo personal.

Lo comprendo.
Para mí es más que teoría económica.

...
Por eso no he votado nunca.

Investigador brillante, jovencísimo y muy laureado..., ¿y no ha votado nunca?
Si fuera políticamente correcto, no podría ser libre para buscar la verdad que dé oportunidades a esos chicos como yo.

¿Cómo busca la verdad?
Creo en el método científico. Y cuando yo vendía marihuana, no era diferente de los chicos de buenos barrios que estudiaban para ir a una buena universidad. Fui camello y soy profesor: la diferencia está en haber tenido una buena educación.

¿Nació usted en el barrio equivocado?
Sí, y por tanto fui a la escuela equivocada: en EE.UU. las escuelas se financian con impuestos locales. Si naces en un barrio rico, tu escuela también lo es y tienes profesores bien pagados y motivados que te enseñan en momentos clave de tu aprendizaje.

Quienes más necesitan una buena escuela son los que tienen la peor.
Nuestros modelos demuestran que, por cada dólar invertido en educar a un niño, el Estado recaudará 1,22, porque los niños mejor formados, de mayores, tienen mejores trabajos, mejor pagados y pagan más tasas.

Pues aquí recortamos en educación.
Inmenso error, que compruebo en sus colegios en barrios conflictivos con mucha inmigración: esas escuelas suyas no son mejores que las peores de EE.UU.

Tomo nota.
Queremos investigar sin cortapisas y por eso también nos negamos a recibir subvenciones públicas. Investigamos con donaciones privadas y sólo después presentamos a la Administración nuestras conclusiones para que las transformen en programas. Me niego a vivir de los impuestos de los demás.

Dios le bendiga.
Estudiamos cómo aplicar incentivos: ¿qué pasaría si diéramos dinero a los chicos conflictivos por sacar buenas notas?

¿...?
Ofrecimos hasta 2.000 dólares a malos estudiantes si lograban mejorar sus notas.

Parece demasiado mecanicista.
Se ilusionaron mucho cuando los ofrecimos, pero como los chicos no sabían qué hacer, cómo estudiar y mejorar sus notas, simplemente no supieron hacerlo.

¿Y si pagan por aprender a aprender?
¡Eso sí que funcionó! Dimos dos dólares por leer un libro simplemente y fue un éxito. Los chavales leían más, y en un año ya hubo una mejoría en las notas constatable.

¿Y si incentivamos a los profesores?
También lo hicimos. Estudiamos los mejores centros de EE.UU. y copiamos su sistema en algunas de las peores escuelas. Eso significó despedir al 50 por ciento de los profesores, los peores, y pagar más a los buenos.

Apuesto a que eso tuvo resultados.
¡Fue un éxito! Todos aquellos chicos de barrios pobres mejoraron las notas.

Pero sería caro aplicarlo a gran escala.
Es la mejor inversión que puede hacer el Estado y no es una afirmación, repito, políticamente correcta. Es un dato empírico.

Pero esa inversión en educación no daría votos en las próximas elecciones...
Por eso no voto. Porque a los partidos les interesan más las próximas elecciones.

Un economista observó que justo 14 años después de ampliar el aborto descendía la delincuencia juvenil.
Ese economista, Steve, es amigo mío, y esa relación se ha comprobado también en Rumanía, pero no es el aborto, sino las drogas, lo que explica ese descenso del crimen.

¿Cómo lo sabe?
Mis tíos favoritos traficaban con crack. Sé que su expansión en los 80 disparó la violencia, que descendió en los 90. La razón es que en los 80 comenzó la batalla esquina por esquina por el control del tráfico hasta que en los 90 hubo ganadores y descendió la violencia. El consumo no ha descendido.

¿Por qué se matan por una esquina?
Por la misma razón por la que tantos pasan horas cantando para llegar a estrellas del rap. El camello que trapichea muere y mata por una miseria, pero sabe que el narco de la cúpula es billonario. Y todos creen que tienen una oportunidad de llegar.

Es un derroche de vidas y talento.
Ahora apadrino a un quinceañero, Markus, que era camello. Le doy 150 dólares semanales sólo por ir al cole y no meterse en líos. Ayer me preguntó: "¿Por qué tengo que aprender el teorema de Pitágoras -y me lo repitió exactamente- si no sirve para nada"... ¡Ese chico llegará más alto que yo!


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