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dijous, 5 de juliol de 2012

¿SOY RELAMENTE FELIZ? (4). Miguel Benavent de B. Contigo mismo.

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¿Puede inducirte alguien la felicidad o enseñarte a ser feliz, desde fuera? La felicidad, como he dicho antes, va de dentro a fuera y nunca al revés! Nadie puede hacerme feliz si no estoy dispuesto a identificarla primero en mi corazón y luego desear firme y valientemente compartir mi felicidad con los demás, con amor y cueste lo que cueste. Como suelo decir, “el amor no se elije, nos elije él a nosotros” y eso sucede cuando alguien o algo especial, de pronto, aparece en nuestra vida, rompe nuestros esquemas, remueve nuestra Alma y ésta nos abre el corazón, de par en par y sin darnos tiempo a evitarlo o dosificarlo! Debíamos estar preparados y siempre dispuestos a ello, vacíos de dolor y temor, confiando en que la vida nos ha traído la oportunidad en el momento oportuno… y qué mejor agradecimiento que teniendo el valor de vivirla, manifestarla y compartir la felicidad, también con amor y sin miedo! Y así, la felicidad crece día a día y, como el amor, cuanto más la compartes, más tienes y más la sientes en tu interior! Al final, creo que toda esta reflexión se podría resumir en que la felicidad es algo que tenemos desde siempre dentro, que resuena cuando estamos atentos y realmente preparados con el corazón bien abierto y que solo hay que dejarla salir, con amor y sin esperar nada a cambio.
Quizás la felicidad no sea más que la opción libre y decidida de dejar de ser infeliz por temor a no poder hacer realidad nuestros propios sueños de amor! Pero, aunque es humano tener miedo ante lo desconocido o por perder algo valioso para nosotros, deberíamos admitir que es difícil ser feliz sin confianza, por no decir imposible. Confiar en uno mismo, en el otro y en la vida es tener siempre la esperanza de que todos lograremos todo aquello que merecemos, en el momento oportuno y si nos lo creemos. Por eso, tal vez, la felicidad no hay que buscarla ni fuera ni dentro nuestro, sino dejarla fluir cuando pugna por salir y vivirla cuando resuena ante alguien o algo que nos la inspira, sin planes ni cortapisas. Y para ello solo se ha de optar -como decía antes- por tomar la decisión firme de ser feliz… siempre que sea posible!
Pienso ahora que mi infelicidad crónica, adquirida o aprendida y, lo peor, aceptada, era lo que me impedía ser feliz, durante gran parte de mi vida! Y, aunque los momentos de infelicidad forman parte de nuestra vida, la vida no es más que un aprendizaje continuo y una prueba constante para lograr conseguir el equilibrio. El equilibrio entre lo que hay dentro y fuera, lo que sentimos y lo que pensamos, lo que soñamos y lo que vivimos… Pero, al final, ese equilibrio y su balance final de cómo vivimos, dependen de nuestra opción en la vida, de nuestra libertad de decidir quién gana con ello y cómo permitimos que nos afecten las circunstancias cambiantes de nuestra vida. En nuestro interior nos es fácil reconocer la felicidad cuando llega, así como darnos cuenta de si está o no alineada con la paz y el amor que sentimos por dentro y que siempre habíamos soñado. Al fin y al cabo los sueños no son más que un apunte fugaz y maravilloso de lo que merecemos y para que sepamos anticiparnos a lo que lograremos alcanzar, siempre y cuando tengamos el valor para ello y lo compartamos. 
Como suelo afirmar, la felicidad no es más que la diferencia entre lo que soñamos interiormente y lo que vivimos realmente en el exterior! Cuando estamos en el camino de hacer realidad nuestro sueño, uno se siente feliz y desea compartirlo a cualquier precio. Cuando uno renuncia a vivir un sueño, se siente infeliz, no hay más… y evita que el otro te ponga en evidencia, haciéndote de espejo!

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