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dijous, 11 d’abril de 2013

Olvidarse del ex. Yaiza Saiz. La Vanguardia.

Cuando una relación de pareja finaliza, el tiempo pasa despacio hasta lograr borrar el recuerdo de esa persona. Aunque atravesar un periodo de tristeza es inevitable para poder sanar las heridas, hay consejos útiles que sirven para volver a tomar la riendas
Un mes, siete meses, un año, toda una vida. A veces, y aunque digan que el tiempo lo cura todo, cada segundo que pasa no corre a nuestro favor a la hora de olvidar a un ex. Sea novio, novia, marido, mujer... Afrontar una ruptura sentimental desencadena una tormentosa situación interna en la que afloran sentimientos de rabia, de culpabilidad y de unas cuantas preguntas sin respuesta. “¿Por qué no me quiere?, ¿por qué no a mí?, ¿qué hice mal?” Da igual las veces que nos lo preguntemos: esa persona no nos amará más. Puede que olvidemos a esa persona en menos de un día o que necesitemos años para olvidar. Puede que rehagamos nuestra vida y volvamos a ser felices, pero, también, puede que aunque comencemos otra relación, la espinita de nuestra ex pareja quede clavada.
¿Por qué nos cuesta tanto dejar atrás ciertas relaciones de pareja? La explicación está en la neurobiología. “Olvidamos de manera casi automática lo que nos es indiferente o no tiene carga emocional, mientras que los recuerdos de alta carga emocional junto otra persona son más difíciles de eliminar”, asegura David A. Pérez, director de la Fundación del Cerebro. De ahí que, a veces, una simple aventura corta e intensa pueda ser más difícil de borrar de la memoria que una relación larga y aburrida en la que los momentos emotivos hayan sido banales.
Aunque parezca complicado luchar contra los mecanismos del cerebro, sí que existen ciertas claves y pautas que ayudan a acelerar ese periodo de zozobra (incluso hasta cierto punto de duelo) al que de forma natural todos nos enfrentamos tras una ruptura. “No se puede evitar el dolor, es como cuando alguien cercano fallece”, explica la psicoanalista y escritora Mariela Michelena, autora del libro Me cuesta tanto olvidarte (La Esfera de los Libros). “En una ruptura también hay una pérdida de un ser querido de forma concreta y real, pierdes la rutina con esa persona, el presente y el futuro”, añade Michelena.
Los periodos son distintos dependiendo de la edad. No es lo mismo terminar una relación con 15 años, cuando parece que por dejar de ver a esa persona se acaba el mundo, que con 30, momento en que entra en juego el reloj biológico. A los 40 muchas relaciones acaban con hijos de por medio, y con 50, creemos que pasaremos el resto de nuestros días solos si abandonamos a nuestra pareja. Sea cual sea la edad, he aquí algunos pasos y pautas para saber afrontar el periodo de duelo.

EL ESTADO DE SHOCK
Es posible que la primera reacción tras la ruptura sea no caber en sí de asombro. Que una persona decida dejarnos es un duro golpe para la autoestima y para el ego. Aunque tuviéramos sospechas tiempo atrás de que la relación no funcionaba o, incluso, nosotros mismos hubiéramos fantaseado con dejar a la otra persona, escuchar esas palabras de ruptura nos produce una sacudida emocional. “Te sientes engañado, feo, de menos que la otra persona”, explica la escritora italiana Federica Bosco, experta en libros de autoayuda en la temática del amor y autora de 101 modos de olvidar a tu ex (Martínez Roca). “Todos te dicen: es mi culpa, tomémonos una pausa, te prefiero como amiga –analiza la escritora–; pero ninguno te explica por qué te ha dejado de querer o simplemente prefiere a otra persona”.
Durante los primeros días tras la ruptura está permitido llorar, patalear, sacar la rabia y el dolor al exterior. A veces, como si de un funeral se tratase, los amigos y la familia son el apoyo fundamental para sujetar a la persona que está en duelo. Pero cuidado, porque muchas veces los amigos no nos reconocen el mismo derecho al dolor que cuando se trata de la muerte de un ser querido. “En vez de estar ahí para que les contemos el cuento por enésima vez, nos tratan de alentar con frases como: es mejor así, esa relación estaba predestinada al fracaso, no eras feliz”, explica Mariela Michelena. Error, hacer ver que esa relación nunca hubiera funcionado no acompaña a la persona, sino que la deja más sola. “Ese intento de sacar al otro del duelo tiene que ver con el miedo a que podamos ser nosotros mismos quienes nos encontremos en la situación”, añade la psicoanalista.

EL EGO HERIDO
La moneda de cambio con la que uno apuesta en una relación es el ego. Por eso, con la ruptura afloran múltiples sentimientos de inseguridad. “¿Encontraré a otra persona?, ¿me va a pasar siempre lo mismo?, ¿conseguiré que alguien me quiera como yo necesito?, ¿permaneceré solo para siempre?” son algunas de las preguntas que constantemente nos formulamos. “Existen dos tipos de ego: el que modela la propia identidad y el de las propias circunstancias –explica Michelena–, cuando nos dejan nos dañan la identidad, haciéndonos cuestionar nuestra valía personal”. De ahí que la frase más recurrente tras el fin de una relación sea “no valgo nada”.
El ego se rige por el miedo de no ser suficientemente bueno como para ser amado y aceptado. Y para dejar de sentir este miedo, lo más importante es cambiar algo de nuestra vida: comenzar a hacer deporte, a diseñar, a hacer manualidades, cambiar nuestro estilo de ropa... Es el momento para retomar aquella idea que nos rondaba desde hacía tiempo por la cabeza y que nunca encontrábamos tiempo para materializar.

¿NO ME AMAS? ¡GRACIAS!
“Hay que ser consciente de que cuando una persona te deja te está haciendo un favor que hasta habría que agradecer, ¡porque no te quiere! –afirma Federica Bosco–, lo que quiere decir que te estabas contentando con muy poco”. Si una relación está predestinada al fracaso y tiene que acabar, aunque suene duro, es mejor que finalice cuanto antes. “Somos 6.000 millones de personas en el mundo y es difícil encontrar a esa persona con la que estar juntos toda la vida y, aunque la encontremos, antes o después alguno de los dos muere”, añade la escritora.
Pensamos que es mejor estar con alguien con el que nos encontramos bien “a medias” antes que solos. Sabemos que la historia no está funcionando, pero fingimos que todo va bien. ¿Por qué si sabemos que esa relación tiene que acabar no pasamos página? “Es un discurso del miedo a la soledad”, explica Bosco. Pero a veces, hay que ser consciente de que es mejor terminar solo, que permanecer eternamente junto a alguien que nos lo hace sentir.

LAS REDES SOCIALES, ESE NUEVO ENEMIGO
Hubo un tiempo en el que las parejas terminaban,
se alejaban y se dedicaban a olvidar. Hoy, en un mundo diseñado para estar comunicados, eliminar a una persona no es una tarea tan fácil. El psicólogo estadounidense Matt Borer lo explica en su reciente libro Deleting ur ex: getting over a breakup in a world of tweets, texts & social updates (5th Corner Publishing) (eliminando al ex: cómo superar una ruptura en un mundo de tuits, textos y actualizaciones sociales; no editado en castellano). La forma tradicional de romper es ya cosa del pasado, ahora además hay que terminar la relación en materia virtual. Ya no basta con alejarte de esa persona dejando de frecuentar los lugares comunes, sino que también hay que alejarse en Facebook, Twitter, LinkedIn, Instagram, WhatsApp, Pinterest, Tumblr y Google+, entre otros.
Aunque cueste trabajo, es necesario sacar al ex de todas las redes sociales. Sin embargo, la tecnología no es siempre un enemigo para superar el fin de una relación. Aplicaciones como KillSwitch (disponible sólo para Android) o The Ex-App ayudan a eliminar el rastro digital de tu ex. La primera permite eliminar las fotografías, vídeos y actualizaciones de estado en Facebook en las que esté etiquetada esa persona a la que queremos olvidar. La segunda aplicación, va todavía más allá, bloqueando los mensajes de texto, llamadas y correos electrónicos de la expareja.
La efectividad de esta técnica de bloqueo en las plataformas sociales a la hora de olvidar a una persona ha sido probada por la ciencia. Un estudio del 2011 de la psicóloga Tara C. Marshall, de la Brunel University de Londres, analizó a 464 estudiantes: el 54% seguía siendo amigo en Facebook de su ex sin apenas mantener el contacto, el 25% lo había borrado y respecto al último 12%, la expareja se había adelantado a borrarle. Para el estudio se les pidió que respondieran preguntas como “¿con qué frecuencia te fijas en el perfil de tu ex?” o “¿cuántas veces consultas su lista de amigos?”, pidiéndoles después que expresaran sus sentimientos hacia esa persona: rabia, confusión, odio o decepción. Los resultados revelaron que las personas que consultaban con más continuidad el perfil de su expareja experimentan más emociones negativas y tienen menos posibilidades de recuperarse de la ruptura.

LOS MECANISMOS DE NUESTRO CEREBRO
¿Cómo funciona nuestra mente a la hora de olvidar
a una persona
? “En primer lugar habría que introducir cómo afectan las emociones a la memoria”, explica el neurólogo David A. Pérez. Existen dos tipos de memoria: la semántica, que comprende el conocimiento general de las cosas con mínima carga emocional, y la episódica, que almacena los hechos temporales que nos van sucediendo y las emociones. “El cerebro no graba todos los recuerdos, sino que selecciona de todas las percepciones diarias aquellas que tienen alta carga emocional para recogerlas en la memoria episódica”, añade. Por eso, el primer paso para intentar olvidar a una persona es eliminar la carga emocional de los recuerdos que se tienen junto a ella, “eliminar las emociones negativas que los rodean”, afirma el neurólogo.
El paso del tiempo puede ayudar a debilitar el recuerdo, siempre y cuando la emocionalidad vaya disminuyendo a su vez. “El tiempo atempera esa carga emotiva y facilita, quizás no el olvido, pero sí la rememorización sin angustia de la emoción”, asegura Pérez. No obstante, cuanto más frecuentemente recordemos los momentos vividos, más difícil es que se nos olviden. “El recordar de forma continua los hechos y situaciones junto a esa persona, podría generar todavía más emociones perpetuando nuevos recuerdos”, concluye el neurólogo.

EL RENACIMIENTO
Cuanto más dolorosa es una ruptura, más se pierde la fe en las relaciones futuras. Pero en algún momento llega el renacimiento. “Siempre acabas por darte cuenta de que puedes seguir viviendo sin esa persona e, incluso, de la posibilidad de encontrar un nuevo amor”, asegura Federica Bosco. Antes o después, todos podemos levantarnos, caminar con nuestros propios pies, y sanar las heridas sufridas. Y que nadie se avergüence de solicitar consejo a un buen psicólogo en caso de no ser capaz de olvidar. “Una persona que tarda más de 4 años en pasar página puede sufrir una patología, y aunque parezca ridículo, consultar a un experto al margen de nuestra vida que no nos diga sólo lo que queremos oír y que no nos conozca puede ser de gran ayuda”, concluye la escritora. Debemos aceptar el pasado y vivir el presente, ya que al fin y al cabo, como en cualquier otro aspecto o situación que nos depare la vida, esa será siempre la clave de la felicidad.

CLAVO QUE SACA A CLAVO: MARTILLAZO EN LA CABEZA
Tratar de superar una ruptura zambulléndonos de cabeza en otra relación es una tendencia natural del ser humano. “Sobre todo en una relación clavo, porque todavía estás en duelo, y una persona en duelo no está en condiciones de enamorarse ni de dar a otra persona lo que se merece”, explica la psicoanalista Mariela Michelena.
Es el género masculino el que más peca de aferrarse a este tipo de relaciones. “En raras ocasiones un hombre deja a su pareja sin tener claro que tiene a otra persona disponible”, asegura Michelena. Eso no quiere decir que los hombres no sufran lo mismo que sufren las mujeres con el término de una relación. “Simplemente tratan de probarse, mediante la búsqueda de otra mujer, que todavía no están acabados y que pueden seguir gustando –afirma la escritora Federica Bosco–; es una necesidad ancestral”.
Dice Michelena que las relaciones clavo pueden acabar con un martillazo en la cabeza. “Uno no puede poner toda la carne en el asador, porque parte de esa carne está en el asador de la pena del pasado”, explica la psicoanalista. “Es como si estuviésemos en una casa de empeño: lo tuyo lo tiene otro y para recuperarlo tienes que pagar un precio”, añade. Ese precio es el dolor del periodo de duelo.
Es cierto que las relaciones clavo pueden aliviar el sufrimiento y acompañarnos en esos momentos terribles de abismo y angustia, pero hay que tener claras las posibles consecuencias que conllevan. “Muchas veces conocemos a una persona que está afrontando una ruptura y nos encanta comenzar una relación asumiendo el papel de pareja salvadora”, explica Michelena. El problema es que es bastante fácil que el que adquiere el papel de salvador acabe profundamente herido cuando la otra persona salga del duelo y decida rehacer su vida con un nuevo amante. He ahí el gran martillazo que muchas veces saca de golpe al clavo que, servicial y placenteramente, decidió reemplazar al primero.



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