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divendres, 12 d’abril de 2013

EN CONCIENCIA. Miguel Benavent de B.


Si hay algo que nos otorga firmeza en lo que pensamos, sentimos y hacemos en nuestra vida es actuar en conciencia. Cuando uno actúa desde lo que siente en su interior la verdad respalda nuestros actos.
Hasta hace unos años siempre actuaba buscando la aprobación de los demás, de las personas que había a mi alrededor. Aunque con la edad, ese círculo de personas se fue reduciendo hasta quedar esas personas elegidas a las que otorgamos el rol de referentes en nuestra vida. De niños, esos referentes son nuestros padres y en ellos buscamos la seguridad y la aprobación de nuestros actos. Pero eso nos hace incapaces de reconocer en ellos cualquier atisbo de engaño o de error. Para los hijos, los padres son necesariamente perfectos! Pero, con la edad, uno descubre -no sin sorpresa- de que ellos son, a pesar de todo, humanos y, como tales, también son vulnerables… e incluso se equivocan. Para el ser humano equivocarse es el remedio infalible para aprender, aunque no todos logramos reconocer este don… y mucho menos aprender de los errores, propios o ajenos.

Los padres, como referente
Así, de niños, no cuestionamos lo que nuestros padres piensan, sienten y dicen. Y eso incluye la asunción de sus errores como algo que no creemos capaces de cometer. De esta manera, heredamos parte de sus debilidades, vulnerabilidades y carencias, haciéndolos nuestros, sin darnos cuenta. Pensamos, sentimos y actuamos según ellos nos dicen o según los vemos actuar, repitiendo esquemas que rara vez son nuestros. Somos el fiel modelo de lo que ellos fueron o quisieron que fuéramos, con todas sus ventajas e inconvenientes.

Cada quien es cada cual
Pero en esta vida cada quien tiene su propio papel y su propósito. Y quizás lo primero que debemos lograr es sacarnos de encima la obligación de seguir ese rol que nos adjudicaron, aunque fuera en base al cariño. Es en la adolescencia cuando se rebela nuestra personalidad y choca con sus esquemas, produciendo enfrentamientos. El Ego domina en nuestra vida y rugimos feroces ante cualquier signo que nos haga sentir débiles frente a ellos. Es un ensayo general de lo que será adquirir nuestro propio rol en la vida! Pero ese a veces conflictivo periodo de vida dura lamentablemente poco, quizás unos años… hasta que hallamos ese equilibrio pactado entre lo que deseamos nosotros y lo que nuestros padres quieren hacer de nuestra vida! Es, por decirlo de alguna manera, un armisticio.

La sociedad, como espejo
Pero los años pasan y, a medida que uno va tomando responsabilidades en este mundo nuestro, cada uno va fortaleciendo su ego y estableciendo sus propias reglas, aunque sea en un pacto en que ninguna de las partes se salga con la suya! Nadie es demasiado uno mismo… y nadie es como la otra parte desea! Al fin y al cabo, son egos que artificialmente encuentran un “stato quo” con un pacto tácito de no agresión consensuada.
Es entonces cuando aparecen otros referentes, quizás familiares, amigos, colegas o círculo social que condiciona nuestra vida. Obedecemos a sus dictados, cumplimos las normas sutilmente impuestas por la sociedad que nos rodea y que, de alguna manera, hemos hecho nuestra. Pero, lamentablemente, seguimos sin ser nosotros mismos… somos un fiel reflejo de lo que nos rodea…
Popularmente se habla de un momento en la vida -en la infancia- en que uno adquiere “el uso de razón” y, pienso ahora, que nunca mejor dicho! Pero hay otro momento en nuestra vida en que abandonamos -en parte- la razón como única maestra y descubrimos la Conciencia, que no es más que esa sutil voz interior que siempre nos acompaña y nos alecciona desde dentro, dándonos el verdadero significado y sentido de las circunstancias que vivimos! Y es que cuando la razón carece de razones para explicar lo que nos pasa por fuera, la conciencia acude para darnos su infalible visión y para convertirse en nuestra personal guía…
Pero a veces es difícil escuchar y aún más dejarnos guiar por la Conciencia, aunque como suelo afirmar dormimos y vivimos en vigilia cada minuto con ella. Ella tiene razones que la razón no tiene y nos confiere una firmeza que nunca antes habíamos tenido al albur de lo que pasa fuera y de las voces amigas que habitualmente nos acompañan por el camino de nuestra vida! La conciencia no engaña, pero su voz es suficientemente ténue como para que nos domine el ruido circundante y nuestra mente escandalosa.
Cuando uno, poco a poco, confía en su Conciencia, aprende a dejarse llevar por ella, siempre que puede. Al fin y al cabo, en ella reside todo aquello que no siempre tiene explicación en nuestro día a día! Y es que la magia de la vida con toda su riqueza, con sus corazonadas y sus sincronicidades -mal llamadas casualidades- se escapa de lo lógico, lo conveniente y de lo razonablemente previsible. Es quizás por ello que muchos desertan de todo lo que ofrece la vida y se protegen intentando vivir solo aquello que entienden y que la razón les tolera! Y eso, huelga decirlo, sesga el gran repertorio que la vida nos regala cada día! Cuando uno vive solo lo previsible, lo seguro y lo cómodo, pierde todo atisbo de ilusión y de misterio… y se pierde la vida plena!
La Conciencia -llámale Dios, Yo Superior, Cósmos, Energia, Destino o como quieras llamarle-, para bien o para mal, está presente cada segundo de nuestra vida! Podemos escucharla, seguirla… o simplemente intentar ignorarla! Pero no deberíamos extrañarnos que, cuando la ignoramos, es la vida la que nos envía alguna señal en el mundo real -a veces sutil, sorprendente o estridente- para invitarnos de nuevo a oírla y, en su caso, obligarnos a atenderla, desencajándonos de lo que vivimos solo con la razón! La Conciencia como la propia verdad de la vida acaba imponiéndose… o como se dice vulgarmente “la vida pone las cosas en su sitio“!
Pero, más allá de todo ello, la verdad es que cuando uno actúa según su Conciencia, desaparecen las dudas y aparece la certeza! Y, con esa certeza, huelgan argumentos y razonamientos propios y ajenos, uno no ha de justificarse más que ante sí mismo y su Conciencia! Y es cuando aprendes a confiar en ella… que no es más que al fin confiar en la vida, pues es cómplice de ella! Y confiar en la vida es todo lo que necesitamos para transitar por ella con amor y ya sin miedo, confiando que cada persona, momento y lugar que aparecen tiene su propio sentido, que nos desvelará -tal vez en voz baja- nuestra Conciencia, dándonos la paz que necesitamos en cada momento!

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