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dilluns, 20 d’agost de 2012

Los amigos de nuestros hijos. Patricia Ramírez. El País Semanal.

"No se trata de que se mimetíce con ellos, pero si de reforzarles lo que es una conducta normal a esa edad"
A cierta edad, los padres pasan de héroes a villanos, y sus amistades cobran protagonismo. Estas son algunas ideas para acercar generaciones y ayudarles en su propio cambio.
- Pues a María sus padres le han di­cho que puede quedarse hasta las 12. A mí nunca me dejáis ha­cer nada.
Si esta frase suena a casi todos los padres, ¿no será una herra­mienta de manipulación que quizá tam­bién estén utilizando en su casa?. La res­puesta más común es 
- lo que los padres de tus amigas hagan o dejen de hacer no es mi problema; en esta casa tenemos unas normas y se cumplen.
Lo cierto es que la relación amistosa de nuestros hi­jos a veces nos distancia de ellos, y no por las personas con las que se juntan, sino por cómo gestionamos la situación.
Llega un momento en la vida de nuestros hijos en el que pasamos de ser héroes a convertirnos en villanos. Hasta los lo u 11 años, los padres son un refe­rente y un modelo a seguir. Pero en la edad de la adolescencia, los progenito­res pierden valor y los amigos se vuelven el pilar de sus vidas. De nada servirá que tenga celos o se sienta desplazado. Los adolescentes deben pasar por esta eta­pa como lo hizo usted en su momento. La obligación como padres es apoyar, tener calma y mucho sentido común.

COMUNIÓN ENTRE IGUALES
"Solo dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas" (Hodding Carter)
¿Por qué son tan atractivos los amigos y los padres dejan de serlo? La comunica­ción es un pilar fundamental en esta edad. Los padres solemos preguntar y buscar información sobre lo que nos interesa a nosotros como padres, pero no siempre coincide con lo que les apasiona a ellos. Los adolescentes conversan sobre mú­sica, novios, ropa y lo que está de moda, de las clases y profesores que les tienen manía, las aficiones que comparten, las nuevas tecnologías, etcétera. En cambio, a los padres nos gusta saber qué hacen en el colegio, cómo les va en una asigna­tura concreta y les aconsejamos sobre una amiga que no nos termina de gus­tar. Si queremos mejorar la comunica­ción, tendremos que hablarles de lo que a ellos les atrae. Si queremos confianza, tendremos además que compartir confi­dencias, como "a mí a tu edad también me gustaba una música diferente a la de mis padres... ¡y me encantaba la ropa!". A la mayoría de los padres, las conversacio­nes que los hijos mantienen con los ami­gos les parecen una soberana tontería y piensan que son superficiales. Mientras mantenga esta actitud, sus hijos estarán más lejos que cerca. Trate de ponerse en su lugar y haga un poco de memoria.
No se trata de que se mimetice con ellos, pero sí de reforzarles lo que es una conducta normal a esa edad: "Estás pre­ciosa con esa camiseta", "la música que escuchas es muy alegre, dan ganas de bailar". No podemos reforzar solo lo que para nosotros es importante, como un notable. Se trata de que se acerque a su hijo y él sienta que le comprende y que su estilo de vida no es rechazado en casa.
Los adolescentes poseen un gran sentimiento de pertenencia, están en un grupo con el que se identifican y ha­cen por ser aceptados. Con los amigos se sienten comprendidos. Los cambios hormonales, emocionales y físicos son comunes y se perciben como iguales... y se apoyan de forma incondicional. En el grupo no existen comentarios del tipo "qué tontería estás diciendo... los adoles­centes siempre estáis en las nubes... me­nudas chorradas hacéis a esta edad". 

CÓMO ACTUAR .
"Si usted quiere que sus hijos tengan los pies sobre la tierra, colóqueles responsabilidad sobre los hombros" (Abigail van Buren)
No hay mejor medicina que la preven­ción. ¿Cómo debemos actuar con ellos?
- Trate de mantener una comunica­ción en la que puedan expresarse sin sentirse etiquetados ni juzgados. La mejor manera de conocer qué hacen y con quién salen sus hijos es invitar a los amigos a casa, cenar con ellos, preparar­les un plan atractivo. Observe cómo se relaciona su hijo con los amigos, el papel que asume. Será muy difícil que le acepte si a la primera de cambio hace juicios de valor del tipo "qué horror, pero si es abu­rridísimo... ¿y así vas a salir?".
- Paciencia. Con los gritos y las im­posiciones continuas generamos un distanciamiento. Mantenga la calma. Dé tiempo a que reflexione, experimen­te y se equivoque (en lo que sea posible). Permita que piense por sí mismo, no le dé todo hecho, ni siquiera las ideas.
- Dé lo mismo que espera recibir de él. Si quiere transparencia, sea transpa­rente; si quiere franqueza, no le mienta, y si quiere confianza... cuéntele usted también sus cosas en la medida que se puedan contar. Trate de tener una co­municación bidireccional.
- Permita que tenga autonomía. Deje que se responsabilice y tome decisiones. Cuando los adolescentes empiezan a hacer cosas solos, cometen errores. Si machacamos cada fallo, además de hundirles la autoestima, les generamos miedo a lo nuevo. El fracaso y el error forman parte del aprendizaje.
- Negocie lo que sí es negociable y no siente precedentes con lo que no lo es.
- Cuide el entorno en el que se mueve su hijo y las actividades que realiza. Llé­vele a lugares en los que usted conozca a la gente con la que se relaciona, aní­mele para que practique deporte. Los adolescentes y los medio-adultos que compiten el fin de semana en un torneo deportivo evitan salir por la noche para poder ir descansados. In­troduzca actividades alternativas a "la noche". El deporte crea un ambiente sano, de compañerismo y amistad y los aleja del consumo de tabaco y de trasnochar. 

Consejos para promover que sus hijos mantengan amista­des sanas y respetuosas:
- Con los amigos es importante man­tener el respeto y las buenas maneras. Significa que no se pueden insultar, chantajear ni humillar. Si algún amigo actúa así, lo correcto es decir "no me levantes la voz... o no me insultes", dar­se la vuelta e irse sin dar opción a otro agravio. Los niños no pueden acostum­brarse a ser humillados ni permitir que los demás consigan lo que quieren con este tipo de comportamientos.
- Transmítales que no se habla mal de otros, eso in­cluye la fea práctica de "los cotilleos". Casi siempre son inciertos y hacen mucho daño. Cuando alguien venga con un cotilleo, hay que responder "lo siento, no me interesa".
- Otra norma es no comentar secretos de los amigos ni contar con­fidencias a las personas que no son de confianza. Cuando se nos escapan los secretos, perdemos la confianza de lo amigos.
- Incúlqueles el valor de respetarse a sí mismos. No se suplica el cariño ni la amistad de nadie que no la quiera dar. Tienen que saber que la amistad no tie­ne precio, que es algo sin condiciones y nadie puede ponerles normas para ser su amigo y mucho menos exigirles que dejen de ser amigos de otras personas importantes para ellos.
- Los amigos deben concentrarse en hablar de lo que los une, no de lo que los separa.
Transmítales el valor del bien y de ser consecuentes con la escala de valores en la que les ha educado. Y que recuerden siempre: no deben hacer cosas ni man­tener conversaciones de las que luego se puedan arrepentir. Practique la pacien­cia y el control de los impulsos con sus hijos, que piensen las cosas antes de ha­cerlas y valoren las consecuencias.

CON BUENAS MANERAS
1. LA PELÍCULA
-Los chicos están bien; de Lisa Cholodenko, con Julianne Moore
y Annette Bening.

2. LA FRASE
- "Un padre es un tesoro, un hermano es un consuelo; un amigo
es ambos'
; de Benjamin Franklin.

3. CANCIÓN
-'Decir amigo; de Joan Manuel Serrat.




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