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dilluns, 6 de juliol de 2015

JORDI SAVALL. Àlex Rovira.

La pasión encontró a su razón: la música es Jordi Savall y Jordi Savall es música, en la vida de este artista y humanista nacido en Igualada, Barcelona, en 1941. De su infancia en el coro de su ciudad a su graduación en el Conservatorio de Barcelona, y sus estudios posteriores en la Schola Cantorum Basiliensis, en Suiza, hasta encontrar un porqué de su trayectoria: la recuperación de la viola de gamba y de la música antigua.
Tanto como intérprete violagambista como musicólogo y director de orquesta, Savall es un destacado investigador y exponente en su especialidad. Busca interpretar desde el rigor histórico, tal y como se hacía en los tiempos de las piezas que van de la Edad Media al siglo XIX, y ha fundado tres prestigiosos conjuntos para difundirlas. Esto es, Hespèrion XX –Hespèrion XXI–, La Capella Reial de Catalunya y Le Concert des Nations. Desde 1968 ha publicado nada menos que 120 discos, tanto como solista o con estos conjuntos.
Como docente, ha enseñado en la Schola Cantorum Basiliensis, y es profesor invitado de la Juilliard School de Nueva York. Además, ha dirigido prestigiosas orquestas, entre las que citamos la Sinfónica de la Fundación Calouste Gulbenkian o la Camerata de Salzburgo.
No solo es reconocido por los máximos especialistas de su área, sino que ha recibido numerosas distinciones por su labor en reivindicar la importancia del legado musical antiguo. Como ejemplos: Caballero de la Legión de Honor de Francia, la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya, la Medalla de Oro de las Bellas Artes de España, Premio Internacional de Música para la paz Praetorius  o Embajador de la Unión Europea para el diálogo intercultural. Cuenta también con un premio César de la Academia del cine francés por la banda sonora de la película “Todas las mañanas del mundo”, de Alain Corneau.
Para Jordi Savall, el arte, y la música entre las artes, nos da sentido como personas y como sociedades en la Historia. Recordamos algunos de sus pensamientos al respecto:

Sin emoción no hay memoria, sin memoria no hay justicia, sin justicia no hay civilización y sin civilización el ser humano no tiene futuro.

La música es lo único que ayuda a soportar el dolor.

Creo, como decía Dostoyevski, que la Belleza salvará al mundo, pero para ello es necesario poder vivir con dignidad y tener acceso a la Educación y a la Cultura.

La música es uno de los medios de expresión y de comunicación más universales, y la medida de su importancia y su significación no se pueden determinar según los criterios de evolución del lenguaje, sino según el grado de intensidad expresiva, de riqueza interior y de humanidad.

Estoy profundamente convencido que el arte es útil a la sociedad, contribuyendo a la educación de los jóvenes, y a elevar y a fortalecer la dimensión humana y espiritual del ser humano.

La ignorancia y la amnesia son el fin de toda civilización, ya que sin educación no hay arte y sin memoria no hay justicia.

El virtuosismo es una cosa y la capacidad de emocionar es otra. La perfección es necesaria para que la música transmita, pero la perfección absoluta, si existiese, sería estéril.

El concepto de armonía contiene una cierta forma de orden y equilibrio, que implica la posibilidad de resolver incluso el caos más complejo. Como el de una sinfonía. O el de los planetas. Y también, aunque más difícilmente, el que han creado los hombres.

Probablemente si no hubiera música no nos daríamos cuenta de nada o la vida sería insoportable. Es en este sentido en el que hablo de una experiencia trascendente.

Feliz semana, 

Álex Rovira


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