Palabras, imágenes, canciones, emociones que nos acompañan en nuestro camino.

dimecres, 1 de juliol de 2015

¿QUEREMOS O AMAMOS?. Irene Orce.

El amor es una palabra muy maltratada. Tras sus cuatro letras se cobijan, cobardes, los celos, los miedos y las carencias. En su nombre se cometen abusos que salpican de tristeza las páginas de los periódicos. Asociamos su significado con grandes e incontrolables pasiones, que marcan a fuego las relaciones. Sin embargo, pocas veces cuestionamos si ese “amor” es sano y beneficioso, tanto para quien lo da como para quien lo recibe. Y es que en demasiadas ocasiones confundimos “amar” con “querer”.
El sistema de creencias que hemos construido a lo largo de nuestra existencia nos convierte en esclavos de nuestras limitaciones. Desde pequeños nos enseñan a temer los cambios y a desconfiar de lo nuevo y lo desconocido. En la mayoría de los casos crecemos sin aprender a gestionar eficientemente nuestra vida emocional, buscando fuera de nosotros mismos el equilibrio, el bienestar y la felicidad. Así, en nuestras relaciones cotidianas interactuamos con los demás con el objetivo –consciente o inconsciente- de ser queridos, aceptados y valorados.
En este escenario, muchas veces esperamos que el otro cubra nuestras carencias, se adapte a nuestras expectativas y cumpla nuestras exigencias. En este mal llamado “amor” caben los celos, la posesividad y la desconfianza, reflejo de nuestros miedos e inseguridades. Y como apunta el refrán “quien bien te quiere te hará llorar”, a menudo este “amor” distorsionado va de la mano del dolor. Así, muchos aprendemos a querer egoístamente, desde el deseo de poseer aquello que nos interesa. Pero, ¿acaso eso es amor?

CAMBIO DE PARADIGMA
“El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece”, Jacinto Benavente
Aunque puedan parecer sinónimos, “querer” y “amar” son dos palabras con matices muy distintos. Querer implica buscar fuera de nosotros mismos algo que creemos que nos falta, y en lo que muchas veces basamos (erróneamente) nuestra felicidad. El concepto “querer” lleva implícita la idea de posesión. Es un acto inconsciente, una búsqueda para suplir carencias internas. Te quiero para que me des cariño, me acompañes, me escuches y aportes –de un modo u otro- satisfacción a mi vida. Amar, por el contrario, supone un cambio de paradigma, dar sin esperar recompensa alguna. Es un esfuerzo consciente, un acto de altruismo y de humanidad, una actitud ante la vida.
Querer suele ser fuente de sufrimiento. Cuando queremos a nuestra pareja, a nuestros padres o a nuestros hijos, depositamos en ellos ciertas expectativas. Y cuando éstas no se cumplen, sufrimos. Amar significa desear lo mejor para el otro, aunque siga un camino distinto al que nosotros hubiéramos escogido. Es una conducta desinteresada, y produce un gozo profundo y liberador, pues transforma más al que ama que al amado.
En última instancia, romper la inercia de los patrones de conducta que nos llevan a querer en vez de amar depende de cada uno de nosotros. Consiste en dejar de ser víctimas y pasar a ser responsables de nuestras relaciones. Y el primer paso para lograrlo es quitarnos la venda que llevamos sobre los ojos, tejida con nuestras creencias, nuestra desconfianza y nuestros miedos. Sólo así podemos dejar de buscar afuera lo que llevamos adentro.

APRENDER A AMAR.
“Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida”, Albert Einstein
Cada día más seres humanos estamos dejando de querer para empezar a amar. Este aprendizaje consiste en dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento, abandonando la creencia de que nuestra felicidad depende de factores externos. Y es que más allá de nuestras reacciones impulsivas e inconscientes, el verdadero amor se fundamenta sobre la responsabilidad y la consciencia.
Los grandes maestros y filósofos aseguran que “amar a los demás como a nosotros mismos” es el camino que nos conduce a la plenitud. Amar es sinónimo de aceptar, respetar, valorar, agradecer, ofrecer y servir. De ahí que podamos amar en prácticamente todas las facetas de nuestra vida. Y paradójicamente, cuanto más amor damos, más plenos nos sentimos. Es un acto que nos conecta con lo más profundo de nosotros mismos, con nuestra verdadera naturaleza.
Adoptar el amor como forma de vida es un reto que implica un entrenamiento diario. No en vano, amar supone superar nuestras limitaciones, comprometernos con nuestro bienestar y el de aquellos que nos rodean. Es una apuesta por vivir desde nuestra esencia, en armonía con nuestra realidad. Se trata de una elección voluntaria y consciente que determina nuestra actitud al ir a hacer la compra, al lidiar con nuestro trabajo, al compartir con nuestra familia, nuestros amigos y nuestra pareja. Basta con que cada mañana, antes de salir de casa, recordemos que cuando amamos nadie pierde y todos salimos ganando.

EN CLAVE DE COACHING

  • ¿Qué obtienes cuando consigues lo que quieres?
  • ¿Qué te impide amar a los demás tal como son?
  • Si no te amas a ti, ¿a quién amarás?

Libro recomendado.

  • “El arte de amar”, de Erich Fromm (Paidós)

2 comentaris:

  1. GRANDE!, un texto muy agradable, (escrito con mucho "amor")

    a menudo, recuerdo una de las frases que había oído mucho de pequeño, que me decía una persona que me ama mucho (y ya no está con nosotros en este mundo):

    "cuanto más des, más recibirás"

    con esta y con la frase con la que que acabas el post, parecen co-exisitir para multiplicar la luz que aportan a cualquier duda que alguien pueda tener :

    "cuanto más des, más recibirás" y "cuando amamos, nadie pierde y todos salimos ganando"

    El que lo haya experimentado ya sabe de que hablamos y el que no... que lo pruebe y ya me dirá.

    ResponElimina
  2. Muchas gracias por tu opinión. La suscribo...

    Un abrazo!

    ResponElimina