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diumenge, 31 d’agost de 2014

"Somos torpes para descubrir qué nos hace infelices". Anders Sandberg. La Contra de La Vanguardia.

Anders Sandberg, investigador del Instituto del Futuro de la Humanidad de Oxford.
Tengo 42 años: pago 20 euros al mes para ser crionizado. Soy ingeniero informático y matemáti­co. ¿Niños? Disfruto de sobrinos. La cosmología muestra que Dios es más vacío que ser. Dentro de 25 años la mitad de las profesiones las harán ordenadores. Colaboro con la UIMP-Barcelona

Sandberg investiga jun­to con genios de racioci­nio impecable, como Eric Drexier, creador de la nanotecnologta. Y sin embargo luce la medalla de la crionización con instrucciones para con­gelar su cadáver hasta la resurrección transhumana (circa 2050). Pero añade con ironía que la medalla ya le sirve para captar la atención de las chicas. Gozo escuchándo­le y me anima: "Las pro­fesiones rutinarias que no harías sin cobrar se­rán reducidas a un algo­ritmo y hechas por má­quinas. Sólo los oficios '3P’ (políticos, prostitu­tas y pastores de almas) serán insustituibles, por­que exigen una actua­ción diferente cada vez". Tras esta contra déjenme añadir la cuar­ta P: la de periodista

¿Qué invento cambiará nues­tras vidas?
Soy matemático e informáti­co, pero la investigación más terrorífica que he analizado era de psicología cognitiva...

¿Inteligencia artificial?
Revelaba la torpeza de los humanos para re­conocer qué les hace felices y qué infelices.

Siempre es más fácil verlo en otros.
El trabajo también daba pruebas de lo inca­paces que somos de detectar los hábitos y conductas que nos hacen desgraciados.

¿Cuáles son esos tristes mecanismos?
Uno de los más habituales en nosotros es confundir el fin con los medios.

Por ejemplo.
¿Se reconocerá a sí mismo en la conducta de una manada de chimpancés?

Claro: soy un primate librepensador.
Pusieron una máquina a los simios con pa­lancas. Cuando las accionaban, expulsaban unas fichas de plástico que podían introdu­cir en otra máquina para sacar plátanos.

Era darles cultura financiera.
Demasiada, porque los convirtieron en maximizadores racionales de beneficio y, en lugar de ir sacando sus monedas cada vez que tenían hambre y sacar uno o dos plá­tanos, que hubiera sido lo juicioso...

¿Actuaron como humanos?
Efectivamente: el macho alfa se lio a tortas con los micos beta, que pugnaban por darle a la palanca de las monedas con frenesí, has­ta que las atesoró todas y, como cualquier ricachón, se fue a un rincón con cara de ma­la uva para que nadie tocara su dinero.

Hoy tendrá más plátanos que amigos.
Como tantos humanos, el triste primate co­metía el primer gran pecado contra la felici­dad: confundir el medio con el fin. El dinero sólo es el medio que sirve para tener comi­da, que es el fin, pero cuando lo atesoras lo conviertes en el objetivo. Y te quedas solo.

Los plátanos saben mejor compartidos y si no los compartes, se pudren.
La segunda derivada de esa confusión entre medios y fines es reducir a los demás a me­ros medios para lograr tus fines egoístas. De ese modo degradas tus relaciones con los de­más humanos y te privas de su calidad de seres infinitamente diversos. Y te vuelves a quedar solo.

Yo creía que hablaríamos de máquinas.
Todo está relacionado. Estamos diseñando la inteligencia artificial de los robots para que corrijan conductas por el mismo meca­nismo que Aristóteles describe para alcan­zar la virtus en su Ética a Nicómaco.

¿La Persistencia?
Es mejor que los antidepresivos. Si usted tiende a ser pesimista y no confía en sí mis­mo, ese temor le hará inseguro y tal vez tam­bién incompetente, y por tanto es probable que le acaben despidiendo con razón.

¿Cómo enseña al robot a aprender?
Primero con aserción voluntaria, como us­ted puede enseñarse a sí mismo: "Me voy a imponer optimismo. Voy a tener pensa­mientos positivos: ¡qué bien me ha salido es­te trabajo!". Al principio, esa aserción será sólo voluntarista y su obra tal vez no sea tan buena como sus ganas de hacerla bien..

Pero quien la sigue la consigue.
...Y las neuronas que se usan una y otra vez acaban creando un circuito por proximidad -lo mismo que en la inteligencia artificial-, así que, si persiste, acabará por tener una actitud más positiva que le hará ser más efi­ciente. Y nadie despide a alguien eficiente.

Al menos en teoría.
Esa es la segunda línea de nuestras investi­gaciones: ¿qué profesiones van a desapare­cer en el futuro inmediato?

Ya hay software que redacta noticias.
Y sustituirá a los periodistas que sólo redac­tan rutinariamente. El 50 por ciento de las profesiones desaparecerán en los próximos 25 años. En general: si está cómodo en su rutina laboral es porque pronto la hará una máquina. Desaparecerán los oficios que pue­dan ser reducidos a un algoritmo, como el de esos teleoperadores que siguen frases en una pantalla, porque ya los harán máquinas.

¿Y los conductores?
Ya los están sustituyendo ordenadores e in­teligencia artificial en minas, fábricas, puer­tos y todo recinto controlado. Y desaparece­rán a medida que la circulación se vaya con­virtiendo en circuito previsible.

Y ahí tenemos ya el Google-car.
Es el siguiente paso, pero antes hay que con­vertir las calles en circuitos cerrados...

Pobres taxistas
También desaparecerán los tecnócratas y los gestores de procesos sistematizables. Se­rá un proceso acelerado -diez años- hacia mitad de siglo, porque la inteligencia artifi­cial diseñará cada vez mejor inteligencia ar­tificial. Así, dentro de medio siglo participa­remos en procesos tan conflictivos como los que vivimos con la revolución industrial.

También decían hace unos años que to­do sería realidad virtual, y ya ve.

Yo también me puse aquellas gafas y guan­tes de realidad virtual creyendo que eran el futuro, pero antes han llegado los móviles y ahora son las Google-glass las que nos lle­van hacia la vida virtual, pero nos llevan. El destino siempre es más predecible que sus caminos.


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