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divendres, 29 d’agost de 2014

Los límites del amor saludable. Walter Riso.

¿El amor lo justifica todo? Pensar que sí puede llevamos a sostener relaciones insatisfactorias, cuando no dañinas. No podemos renunciar al amor, pero tampoco podemos aceptar el amor a cualquier precio, anteponiéndolo a nuestra realización o incluso a nuestra dignidad personal.
Walter Riso nos cuenta cómo detectar el mal amor y desprendemos de él para ser más libres y felices.
“Haría cualquier cosa por ti, si me lo pidieras."
¿Quién no ha dicho esta frase alguna vez en su vida bajo el efecto hipnótico del enamoramiento? ¿Y cuántos no se han arrepentido luego? Aspiramos a un amor sin límites, más allá del bien y del mal, hecho para valientes, para quienes están dispuestos a entregarse hasta la médula y sin recato. La consigna del amor que no sabe poner límites es categórica: "Si no hay abdicación del yo, si la subordinación al amor no es radical, entonces ese amor no es verdadero". ¡'Qué gran error!
Obviamente, no se trata de vivir sin amor. Nadie desdeña la experiencia amorosa en sí misma sino las secuelas de una idealización afectiva sin fronteras. No se trata de destruir el amor sino de ponerlo en su sitio y acomodarlo a una vida digna, más pragmática e inteligente. Se trata de vivir un amor justo y placentero, que no implique la autodestrucción de la propia esencia ni excluya de raíz nuestros proyectos de vida.

EL AMOR NO ES SACRIFICIO
Parecería que todo vale cuando se trata del "milagro del amor". Amor estoico, dispuesto a todo, cuanto más insensato, mejor. No importa si debes sacrificar estudios, profesión, vida social y hasta las ganas de vivir. En una relación convencional, bajo el amparo de la tradición sentimentalista y del espíritu de sacrificio, los intereses personales se colocan en segundo lugar y el "vivir para el otro" se convierte en lo primero.
En los amores enfermizos, cuya norma es la dependencia y la entrega sin miramientos, el desinterés por uno mismo es la regla.
De hecho, la propuesta afectiva, implícita que persiste en la mayoría de las culturas amantes del amor desesperado sigue siendo la misma: "Amar es dejar de ser uno mismo". No se trata de vincularse en libertad sino de dejarse absorber y desaparecer en el ser amado.
Si asumimos que el amor de pareja no tiene límites, si hacemos de la abnegación absoluta una forma de vida, es natural que no sepamos cómo reaccionar ante una situación afectiva que nos hiera o degrade. Y, una vez que pasamos determinados límites, volver atrás no es tan fácil. ¿Qué se supone que deberíamos hacer cuando la persona que amamos viola nuestros derechos? Si el costo de amar a nuestra pareja es renunciar a los proyectos de vida en los cuales estamos implicados, ¿habrá que seguir amando? Y si no podemos dejar de amar, ¿habrá que seguir alimentando el vínculo?
Nadie niega que hay momentos en los que el "yo" pasa a un segundo plano, pero sí esta renuncia se realiza de una manera compulsiva y sistemática, habremos entrado en la terrible codependencia. Cuando establecemos las condiciones que debe reunir un amor de pareja saludable, definimos una zona -una demarcación más realista que romántica- a partir de la cual una relación debe terminarse o transformarse. Pasar los límites de lo razonable (maltrato, infidelidades, dudas, desamor..) implica que el amor por sí solo no justifica ni valida el vínculo afectivo debido a los costos psicológicos, morales, físicos y/o sociales implicados.

CUÁNDO DECIR 'BASTA'
Existen al menos tres situaciones en las que el amor de pareja pierde su sentido vital. La primera es cuando no te quieren. Si es así, ¿por qué sigues en una relación insana a sabiendas de que no te aman? Si no te quieren, no es negociable. ¿Qué acuerdos vas a proponer si no hay sentimiento ni ganas? ¡Qué mala consejera puede ser a veces la esperanza! Si bajara un ángel y te dijera que tu pareja nunca podrá amarte de verdad, ¿seguirías manteniendo la relación? Para mí está claro que si alguien titubea o duda del amor que siente hacia mí, no me ama. "Dame un tiempo", "déjame pensarlo" o "no estoy seguro": excusas o mentiras. Si es evidente que no te quieren y sigues a la espera de la resurrección amorosa, dispuesto a responder ante cualquier insinuación, te has extralimitado.
La segunda situación que marca el límite del amor es cuando tu realización se ve obstaculizada. El psicólogo Abraham Maslow decía: "Un músico debe hacer música; un pintor debe pintar; un poeta debe escribir si quiere ser feliz. Lo que un hombre puede ser, debe serlo. A esta necesidad la llamamos autorrealización". La felicidad es enemiga de la represión.
La pregunta que surge es obvia: ¿por qué motivo el amor que sientes por tu pareja debe impedir la expansión satisfactoria de tus talentos y potencialidades personales? Todo lo que nos haga crecer como seres humanos -mientras no sea destructivo ni para uno ni para otros- debe llevarse a cabo si no queremos sentirnos incompletos. Sin obsesionamos con ello, la búsqueda de la excelencia (superación no egocéntrica) y el perfeccionamiento (mejoramiento continuo) definen el arte de vivir
¿Cómo avanzar en la vida si la persona que amas se resiste a tu crecimiento? Si por hacer feliz a la persona que amas has renunciado a tus deseos íntimos, has reprimido tu esencia o has adoptado una "imagen" prestada que distorsiona tu verdadero yo, has pasado el límite del buen amor. O peor: si ésa fue la "prueba de amor" que te han exigido, no te han amado o no te aman lo suficiente. Un amor que exija la castración motivacional e intelectual del otro para que funcione no es amor sino esclavitud.
Por último, la tercera situación es cuando tus principios se vulneran. Reflexiona un momento: ¿qué estás dispuesto a negociar por amor? Hay cosas que no puedes entregar, porque si lo haces te traicionarías a ti mismo.
El límite de lo negociable es la dignidad personal; es decir, la opción de ser valorado, honrado o respetado. Sentirse digno es aceptar que uno es merecedor de respeto. Y a ese valor no podemos ponerle precio.
¿Cómo saber cuándo alguien afecta tu dignidad? Suele ser evidente para quien se observa a sí mismo. Lo que se siente es indignación, que puede definirse como cólera ante la injusticia. Cuando la indignación tiene lugar, sientes que se ha violado lo entrañable y que los intereses más íntimos han sido maltratados.
La premisa es conservar tu ser moral y negarte a ser objeto. Y un buen comienzo para ello es aceptar que tu pareja no es más que tú ni más valiosa, al menos en lo que se refiere a la posibilidad de recibir consideración y respeto. Los seres humanos somos iguales en derechos y en dignidad, a pesar del culto a la entrega y al sacrificio por amor.

DIGNIDAD PERSONAL
La defensa de la dignidad personal merece especial atención. Existen, al menos, dos factores clave que afectan en las relaciones afectivas:
Convertirse en un instrumento para satisfacer a otros. El sacrificio exigido en aras del amor puede ser una excusa para utilizar al otro. En muchas culturas, el usufructo obtenido por amor ha sido visto como una consecuencia natural del matrimonio. Si lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, si establecemos una relación basada en la despersonalización y el canibalismo afectivo e intelectual, entonces tu cuerpo es mío, tu mente me pertenece. tu libertad es parte de mi patrimonio, y viceversa. Este intercambio de identidades es definitivamente tenebroso.
La pérdida de independencia. El equilibrio entre "tus derechos" y "mis derechos" es delicado. Por ejemplo, ¿tiene que pedirse permiso a la pareja para salir a algún sitio, desempeñar una actividad nueva o hacer un viaje?
Una señora ya entrada en años me decía: "Mi marido es encantador, generoso y nada machista; siempre me da permiso para salir". Obviamente, no se trata de "desaparecer" sin dejar rastro, pero ¿pedir permiso...? ¿Qué tipo de vínculo amoroso puede haber cuando uno de los dos posee la autoridad de otorgar indultos y aprobaciones? Lo que debe pesar a la hora de tomar decisiones no es la ley del más fuerte sino la fuerza de los argumentos. Si todo va bien, tendremos una red de posibilidades funcionando al mismo tiempo: mis planes, tus planes y nuestros planes.

AMAR DE IGUAL A IGUAL

Acoplarse a las exigencias razonables de cualquier relación afectiva, acercarse al otro sin perder la propia esencia, amar sin dejar de quererse a sí mismo... requiere de una revolución personal, cierta dosis de subversión amorosa que permita cambiar el
paradigma tradicional del culto al sacrificio irracional por un nuevo esquema donde el respeto mutuo y recíproco ocupe el papel central. ¿Amar con reservas? Sí, con la firme convicción de que amar no implica negociar con mis principios sino relacionarnos de igual a igual. Un amor horizontal, dentro y fuera de la cama.

3 comentaris:

  1. El amor no escucha a la razón. Es un sentimiento tan poderoso que permanece en el corazón eternamente.
    Eso es amar de verdad. Amar al otro más que a ti mismo. Como amar a un hijo. Incondicionalmente.

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  2. Corazón y razón, el eterno dilema, a quien hacer caso?. Muchas gracias!

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  3. Gracias a ti Joan, por tus publicaciones. Me aportan luz y esperanza todos los días.

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