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dimarts, 26 de juny de 2012

LA FUERZA DE VOLUNTAD. Gaspar Hernàndez.


El punto de equilibrio entre juego y voluntad es el que proporciona mejores frutos.
Dar un estímulo y mantenerlo, dice Murakami sobre els arte de escribit o hacer "footing".
Cuando éramos pequeños, la fuerza de voluntad pa­recía serlo todo. Después hubo una época en que lo importante era disfrutar. Y así nos fue. Hoy, con la crisis económica que todo lo está cambiando, se habla de recuperar la llamada cultura del esfuerzo. Quizá ha llegado el mo­mento de ir en busca de la voluntad perdida. Sin olvidar que el punto de equilibrio entre juego y voluntad es el que da los máximos frutos. Al fin y al cabo, el tenista Rafael Nadal ha ganado siete títulos de Roland Ca­rros porque se esfuerza y juega al mismo tiempo. Juega en el sentido de que, como Leo Messi en el campo de fútbol, se lo pasa bien.
En el 2006, dos investigadores australianos -Megan Oaten y Ken Cheng- reclutaron dos docenas de personas y les hicieron realizar un número cada vez mayor de ejer­cicios de levantamiento de peso, entrenamiento de resistencia y ru­tinas aeróbicas. Al cabo de dos me­ses, investigaron los otros aspectos de la vida de los participantes para ver si trabajarla fuerza de voluntad en el gimnasio se traducía en una mayor fuerza de voluntad en casa. Y así era. Cuanto más tiempo pasaban en el gimnasio, menos fumaban y menos alcohol y cafeína consumían. Pasaban menos horas mirando la televisión. No se deprimían tanto.
Oaten y Cheng hicieron un ex­perimento similar con 29 personas para que siguieran un programa de cuatro meses para administrar el dinero. Les pusieron metas de aho­rro. Pidieron a los participantes que se abstuvieran de lujos. No solo su economía fue mejorando. También su fuerza de voluntad: bebían me­nos alcohol, tomaban menos cafeína, fumaban menos y eran más productivos en el trabajo.

REGULAR LOS IMPULSOS
Todo ello lo cuenta el periodista del New York Times Charles Duhigg en su libro El poder de los hábitos (Ura­no). Y llega a la conclusión de que cuando aprendemos a esforzarnos para ir al gimnasio, o comemos una ensalada en lugar de una hambur­guesa, en el fondo estamos cam­biando nuestra manera de pensar. «La gente aprende a regular sus im­pulsos. A distraerse de las tentacio­nes. Y una vez que entras en la onda de la fuerza de voluntad, tu  cerebro está entrenado para ayudar a con­ centrarte en una meta».
La frase me recordó al escritor Haruki Murakami, a quien tuve el privilegio de entrevistar para este periódico. Casi todo lo que sabe sobre el arte de escribir, afirma, lo ha aprendido corriendo. Él también habla de fuerza de voluntad, y dice que para escribir se requiere el mis­mo proceso que para salir a correr cada día, fortalecer la musculatura y tener un cuerpo de corredor. «Dar un estímulo y mantenerlo».
Como dice el antropólogo Josep Maria Fericgla, dejar de fumar es como casarse: se trata de tomar una decisión y mantenerla.
«Toda nuestra vida, en cuan­to a su forma definida, no es más que un conjunto de hábitos», dijo el psicólogo Wilian James en 1892. La mayor parte de decisiones que tomamos a diario, escribe Charles Duhigg, pueden parecernos pro­ducto de una forma reflexiva de tomar decisiones, pero en el fondo no es así. Son hábitos.
Podemos cambiarlos. Detectan­do cuál es la rutina del hábito, cuál la recompensa. Duhigg quería eli­minar el hábito de salir de la oficina a media tarde para ir a comprarse una galleta. Pensó en cuál era la re­compensa: a lo mejor no era la galle­ta. Al final intuyó que se quería dis­traer temporalmente, socializar, y pudo rediseñar el hábito. A lo mejor en vez de comer galletas, o en vez de fumar, podemos comer manzanas. O casarnos.

2 comentaris:

  1. Hola Joan , estic molt de acord que el punt d, equilibri está entre joc i voluntad .

    Perque la vida es joc .

    Perdó no ´se escriure molt bé catalá .

    Grácies per tot !!!
    Teresa Moral

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  2. De res Teresa. Un petó i Gràcies!

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