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dilluns, 17 de desembre del 2012

Elegir está más al alcance de lo que crees. Patricia Ramírez

En el colegio nos enseñan matemáticas, lengua, sociales y alguna asignatura más. Pero no se suelen impartir lecciones para la vida. ¿A qué tipo de lecciones me refiero? A las que te permiten, además de desarrollarte a nivel profesional, hacerlo también como persona... y si es posible, como persona de bien. Llegar a ser un buen profesional tiene la metodología bien definida: te examinas de la selectividad, estudias tu carrera, te especializas en un postgrado, coges experiencia y trabajas con pasión para convertirte en uno de los buenos.
¿Pero cuál es el camino para ser feliz y "profesionalizarte como persona"? Aquí la respuesta es más dudosa, porque versiones hay muchas, pero cursos académicos para ello hay pocos.
La receta para mí consiste en el decálogo que describo en Entrénate para la vida: Orientarse a las personas, elegir tus batallas, disfrutar con tu vida, potenciarte, pensar en ti, disfrutar del amor, decir NO a lo que resta, crear un entorno agradable, contar hasta diez y practicar la paciencia y ser una persona de bien.
Hoy vamos a hablar de ELEGIR. Te invito a reflexionar y contemplar la posibilidad de DECIDIR y RESPONSABILIZARTE del viaje que te queda por andar, porque solo así los demás dejarán de dirigir tu vida.
Reflexiona durante un minuto. ¿Eres el protagonista, el actor principal de la película que estás viviendo o un simple actor secundario? ¿Alguna vez te has hecho esta pregunta? Y esta otra ¿estás viviendo la vida que deseas, la has elegido tú, o sigues la corriente y te dejas llevar?
Contestar a estas preguntas puede llevarte a una dura reflexión, incluso puedes sentirte mal si no encuentras la respuesta que deseas. Reflexionar permite tomar conciencia de dónde estás posicionado en tu propia vida. Si vives hacia delante, sin mirar, ni contemplar el por qué de las cosas, sin preguntarte si eres feliz y si esto es lo que tú quieres para ti, tu vida estará vacía. Serás un mero autómata, un robot que se levanta, va a trabajar, se relaciona, vuelve a casa, se acuesta y al día siguiente repite un mismo despertar para meterse en una rutina idéntica.
¿Por qué te cuesta tanto decidir y elegir lo que quieres? Hay varios motivos:

  • Por comodidad. Te sientes seguro dentro de tu rutina, protegido, sabes lo que tienes que hacer en cada momento. Todo es predecible. Si te plantearas si eres feliz dentro de esta zona de confort y la respuesta fuera "no, no lo soy del todo", te verías obligado a introducir cambios, esforzarte. Y le tienes miedo al cambio. Porque el cambio es incertidumbre, ansiedad, desprotección, nuevos objetivos, lidiar con emociones que no son familiares... que podrían llevarte a estar mejor, pero como no tienes la certeza ABSOLUTA de que eso vaya a ser así, has decidido no arriesgar.


  • Por temor al fracaso. Dios mío, qué palabra más bonita y qué devaluada está. Me encanta fracasar, de verdad, porque la palabra fracaso lleva implícito conceptos como vivir, valentía, arriesgar, aprender, levantarse otra vez, humildad, tolerar la frustración. Escribe la palabra FRACASO bien grande en una hoja y rodéala de corazones, verbaliza para ti mismo "alguna vez fracasaré y me volveré a levantar", sé empático con el fracaso de algún amigo tuyo. Llámalo ahora mismo y dile "eres un valiente" y pregúntale qué aprendió de su fracaso. Quítate el miedo a la palabra. El fracaso es como el gatillazo... mañana tendrás otra oportunidad para tener una buena erección. La anterior ha sido una experiencia, te puedes reír de ella, sentirte humano, pero lo que no puedes hacer es sentirte menos hombre ni fracasado. Ironiza y ríete, verás como enseguida pierde valor en lugar de generar ansiedad.


  • A veces crees que no puede elegir porque muchas veces te ves vendido. Tiendes a ser complaciente y estás en manos de los deseos de los demás. Podrías ser mucho más feliz si decidieras vivir la vida a tu manera, según tu escala de valores y lo que deseas, pero le das mucha importancia a lo que los demás opinan y esperan de ti. Lo que otros han elegido por ti puede coincidir con lo que tú deseas, pero si no lo deseas, di BASTA. Haz el cálculo de lo que te queda por vivir, seguro que es mucho. ¿No sería genial vivir ese tiempo con más plenitud, con más risas, fluyendo en lugar de forzando? Pues hazlo. No tengas miedo a defraudar a la gente, porque ahora te estás defraudando a ti. El que te quiere de verdad se alegrará de tu cambio, te apoyará, te dará su punto de vista, pero ante todo, te respetará. Y los que no lo hagan, igual no te quieren como tú te habías imaginado, igual tenían más interés en cómo los complacías que en tu propia persona.
Dar un cambio no significa que te vuelvas temerario y dejes de tener sentido común. Significa que empieces a construir una vida basada en ilusiones, con las obligaciones que tienes, pero que cuando despiertes por la mañana tengas ganas, de lo que sea, pero ganas.
Deja de poner excusas, que si el trabajo, que si los hijos, que si la pareja, bla bla bla. No te das cuenta de que son una forma de justificarte para no actuar. El que algo quiere y lo quiere de verdad, va a por ello. Esto no supone tirarse a la piscina, evitar las responsabilidades y ser temerario, significa plantearte un plan de actuación, valorar los riesgos y las ventajas y empezar a tomar decisiones que te pongan en el camino de la felicidad. Porque la felicidad es un viaje en el que puedes subirte en el momento en el que lo decidas. No es un tren que pasa una vez por tu vida y si no te subes, lo pierdes. La felicidad está ahí, puedes decidir ir a por ella cada vez que tomes la decisión. Y sólo tú, con tus experiencias, tus valores, tus condicionantes y preferencias, eres el que está capacitado para elegir lo que te va a hacer feliz.
En definitiva, decidir es el resultado de un proceso de análisis en el que tomas conciencia de que la vida es un regalo, que solo tienes una, que esa vida no tiene repetición y que ha llegado el momento de decir BASTA, y empezar a disfrutar un poco más de todo lo que te rodea, sobretodo de las cosas sencillas. Cada día que no contemplas como "si fuera el último que te toca vivir", como dice mi amor platónico Serrat, es un momento en el olvido, podrás tener otro similar, pero ese, ese en concreto, ya no está.

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