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divendres, 19 de juny de 2015

Cuántas cosas perdemos, por miedo a perder.

Nunca dejes de hacer nada por miedo a perder. Ni por nada, ni por nadie… ni siquiera por ti mismo.
El mayor peligro se encuentra en no intentarlo por miedo a perderlo.
A veces, el temor nos invade y nos sumerge en su atmósfera. Y así, atrapados por él, todo a nuestro alrededor se ve diferente, se nubla. Como si tuviéramos unas gafas empañadas puestas y nuestra visión se manchara por pequeñas o grandes motas.
Son las manchas del miedo, las manchas de las suposiciones, de nuestros “y si…”, “quizás…” o nuestros deberías… colocándose a menudo como obstáculos en nuestro camino.
¿Cuántas veces no hemos avanzado por ello?… ¿Cuántas cosas hemos perdido por miedo a perder?
Y es que ocurre que a veces, el pañuelo que utilizamos para limpiarnos esas motas, en lugar de quitarlas, nos ensucia cada vez más. Pues la solución, estrategia o alternativa que hemos elegido, en lugar de apaciguar nuestro miedo, lo alimenta y lo hace más fuerte.
Como cuando le dices a alguien que está enfurecido que se calme, aumentando su ira por momentos o cuando nos decimos a nosotros mismos que no pensemos en lo que nos hicieron o en la situación que nos preocupa, y acabamos aumentando más nuestro grado de preocupación.
Estas motas que aparecen nos hacen parecer miopes ante las circunstancias que nos suceden y andamos entre la neblina, dando tumbos, a medio camino entre  la confusión y la incertidumbre.
Otras veces, parece que echamos un pulso contra el miedo… luchamos y luchamos contra él, de mil y una manera diferentes pero que casi todas nos llevan a la derrota y al desgaste, porque al miedo más que golpearlo, es necesario comprenderlo y aceptarlo, para descubrir que nos está sucediendo.

El miedo hay que sentirlo para saber que nos dice, pero sin extremos.
Y en ocasiones, es el propio miedo al miedo el que nos atrapa y nos quedamos con las manchas de las expectativas y las suposiciones; imaginándonos un futuro incierto pero tan vivo para nosotros en esos momentos, que da miedo… y es cuando empezamos a perder cosas, personas o vivencias por miedo a perderlas…
Por miedo a perder, has podido cambiar tus elecciones. Por miedo a perder, has podido quedarte donde estás y conformarte; por miedo a perder, en lugar de arriesgarte, te has quedado en la seguridad de lo conocido… por miedo a perder, has optado por el silencio en lugar de las palabras; por miedo a perder, has hecho tantas cosas para no perder a algo o a alguien, que en ocasiones, han sido justo las condiciones que lo han provocado o que incluso, te han hecho perder tus objetivos…
Ten en cuenta que el miedo surge ante lo desconocido, ante la creencia de que no podemos controlar algo, a alguien o a nosotros mismos.

El miedo nos hace perder y el perder nos da miedo.
El miedo, nuestro temor, tan solo es una señal que nos indica que algo está sucediendo dentro de nosotros, pero no hay que dejarse doblegar por ello.
El miedo es una proyección del futuro, es el poder de nuestra imaginación en marcha, anticipándonos a las situaciones y a nuestras vivencias, seguramente porque una vez no ocurrió como esperábamos.
El miedo a perder está ubicado en un futuro que no existe y que tan solo le damos fuerza desde nuestra mente, imposibilitando la consecución de nuestros sueños y perdiendo las infinitas posibilidades.
El miedo a perder conlleva una vida llena de pérdidas, de todas esas que no intentamos, perdiéndonos la vida misma, pues ésta solo ocurre en el presente, siendo el futuro un misterio.
Vivir en el miedo es no permitirse vivir, desaprender la posibilidad de vivir desconectando de lo que ocurre aquí y ahora.
Por lo tanto, ¡lánzate a vivir!
No te aseguro que no tengas perdidas, eso es imposible, pero habrás aprendido a vivir aún a pesar de ellas, a luchar por lo que quieres y lo más importante, a no traicionarte a ti mismo.

De lo contrario, ¿cuánto estás dispuesto a seguir perdiendo?.


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