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dissabte, 28 de desembre de 2013

"Un hijo no es responsable del padre que tiene". Daniel Vázquez Sallés. La Contra de La Vanguardia.

Daniel Vázquez Sallés, escritor
Tengo 47 años. Soy de Barcelona. Soy escritor. Dos veces divorciado, tengo dos hijos, Daniel (13) y Marc (3). ¿Politica? Soberanista de una Catalunya bilingüe. ¿Creencias? He tenido muerto a mi hijo en mis brazos cuatro veces, y vi una luz en su pupila cuando volvió a la vida.

RECUERDOS
Cada uno vive como puede, sí. Antes de hablarme de su padre muerto, Daniel Vázquez me estremece al relatarme cómo vive cierta enfermedad crónica de su hijo Marc, cuya vida rescató de la muerte clínica con un boca a boca, Daniel pugna por la vida de su hijo y por la memoria de su padre, Manuel Vázquez Montalbán, muerto hace diez años, a los 64. Daniel vive su ausencia también como puede: la ha transmutado en un libro espléndido, Recuerdos sin retorno (Península), sucesión de estampas junto a él, y lo hace con elegante y valiente prosa, cuajada de emociones íntimas y de nombres propios, entre los que se toma alguna revancha.

Qué tal está Manuel Vázquez Montalbán?
En la barra de un bar, bebiendo y hablando con el Perich de Laura Antonelli...

Diez años de la muerte de su padre.
Viernes, 18 de octubre de 2003, cuatro de la madrugada, llamada de mi madre: "Tu padre ha muerto de un ínfarto en el aeropuerto de Bangkok".

¿Cómo se quedó usted?
Recordé un guion que escribí un tiempo antes, que arrancaba así: "Tu padre ha muerto de un infarto...".

Vaya.
Creo que inconscientemente me preparaba para la muerte de mi padre... Él era cardiópata, yo era hijo único, teníamos un vínculo fuerte... Preferí no ver su cadáver.

¿Con qué imagen se queda?
Con una sonrisa suya, cierto día. Una sonrisa protectora.

Manuel Vázquez Montalbán no sonreía mucho.
Hasta los cinco años durmió en la cama de su madre, paraíso del que fue expulsado al volver su padre de la cárcel, represaliado político. Heredó su carácter introspectivo, poco efusivo afectivamente... Su padre, mi abuelo Evaristo, le insistía en que se emplease en un banco...

Claro, es que eso de escribir...
Mi padre fue el primero de su familia en estudiar. ¡Su mayor viaje fue salir del barrio chino, cruzar la Ronda, ir a la universidad! "Hasta los años setenta viví para escribir, a partir de entonces escribí para vivir", decía.

Y le fue bien.
Le pagaban por escribir, no explotaba a nadie y era generoso: "A los que tienen dinero les pido que me paguen mucho, y a los que no tienen, gratis".

¿Con qué frase suya se queda?
“La vida no es lo que esperábamos", "el movimiento se demuestra huyendo"... Pero me quedo con lo que me dijo el día en que, siendo yo niño, le pregunté: "¿Por qué a mí nunca me dedicas un libro? ¿No me quieres?".

Anhelaba usted mucho su afecto
Un hijo no es responsable del padre que tiene, fue su magnífica respuesta.

Cuénteme alguna otra lección.
Quise dedicarme a la dirección cinematográfica, y un día de crisis dramaticé y le espeté: "iVoy a dejar el cine!". Me respondió así: "Te apoyaré en cada decisión, pero dime: ¿cómo dejarás lo que todavía no has hecho?".

Y ahora usted escribe... ¿le aconsejó?
"La escritura es un oficio", repetía: hay que meter horas y horas, y él lo hacía.

¿Qué opinaría hoy del mundo?
Ni un escéptico como él imaginó esta erosión del Estado de bienestar. Le sublevaría el actual manejo político de la mentira.

¿Y qué diría del independentismo?
Apoyaría una consulta, porque estuvo siempre con los movimientos sociales, pero sobre la independencia... no sé qué sentiría.

¿Y usted?
Soy soberanista de una Catalunya en la que el castellano sea cooficial. Se equivoca Muriel Casals, de Ómnium Cultural, al rechazar esto: ¡ahuyenta del soberanismo a muchísimos catalanes!

Su padre se perdió el Barça triunfante.
Me lo dijo Serrat a la salida de la final de París: "He pensado en tu padre". Qué putada, él sólo vivió las catástrofes del club.

¿Cómo amalgamó hedonismo y compromiso político?
El venía del hambre..., ¡y se vengó! Pero haciendo favores, ayudando, dando dinero...

¿Y cómo lo vivía usted?
Con miedo, como una amenaza a mi felicidad. Yo odiaba al partido, pues sentía que me podía partir mi infancia por su causa.

¿Cómo era el comunismo de su padre?
Mi padre era un anarquista que se enamoró de mi madre, y por ella se metió en el PCE. Desconfiaron de éL era tan callado que creyeron que era un infiltrado policial. Y era muy irónico, y eso le hacía sospechoso: el humor no cotizaba por allí... Nunca fue comunista de verdad.

¿No escribió demasiado?
No podía vivir sin escribir, hasta el punto de ganarse enemistades, como sucedió con Los alegres muchachos de Atzavara.

¿Tenía enemigos?
Presencié un pique: "Manolo, cada día estás más gordo", le soltó Luis Goytisoolo. "Y tú cada día más verde", le replicó mi padre.

¿Qué añora más de él?
Al compañero de viaje, sus consejos... Escribo, y me siento solo... Le veía en su mesa, me acercaba por detrás, le besaba la coronilla calva y él me decía: "Qué tal, chaval".

¿Qué reconoce de su padre en usted?
La piel de las manos, el entrecejo, ciertos gestos, el escepticismo, el aislamiento...

Si viviera, ¿qué le preguntaría?
Indagaría en su carácter tan melancólico.

No dispara nunca contra su padre...
Soy un privilegiado por haber vivido cosas a su lado, sólo puedo sentir gratitud.

Pero alguna disconformidad mantendría usted con su padre...

Sólo estaba disconforme con su incapacidad para demostrar una alegría. Pero... cada uno vive como puede.


1 comentari:

  1. Dani: hace años que no te veo pero cada vez me resulta más entrañable todo lo que dices....y escribes.Acabo de leer tu "Recuerdos sin retorno" y hoy lo voy a releer. Fascinante por todo y muy bien escrito. Ojala leas esto, no se donde encontrarte. Un fuertísimo abrazo, J.A. Salgot

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