Tengo 47
años. Soy de Barcelona. Soy escritor. Dos veces divorciado, tengo dos hijos, Daniel (13) y Marc
(3). ¿Politica? Soberanista de una Catalunya bilingüe. ¿Creencias? He tenido muerto a mi hijo en mis brazos
cuatro veces, y vi una luz en su pupila cuando volvió a la vida.
RECUERDOS
Cada uno
vive como puede, sí. Antes de hablarme de su padre muerto, Daniel Vázquez me estremece al relatarme cómo vive cierta
enfermedad crónica de su hijo Marc, cuya vida rescató de la muerte clínica con
un boca a boca, Daniel pugna por la vida de su hijo y por la memoria de su
padre, Manuel Vázquez Montalbán,
muerto hace diez años, a los 64. Daniel vive su ausencia también como puede: la
ha transmutado en un libro espléndido, Recuerdos sin
retorno (Península), sucesión de estampas junto a él, y lo hace con
elegante y valiente prosa, cuajada de emociones íntimas y de nombres propios,
entre los que se toma alguna revancha.
Qué tal está
Manuel Vázquez Montalbán?
En la
barra de un bar, bebiendo y hablando con el Perich de Laura Antonelli...
Diez años de la
muerte de su padre.
Viernes,
18 de octubre de 2003, cuatro de la madrugada, llamada de mi madre: "Tu
padre ha muerto de un ínfarto en el aeropuerto de Bangkok".
¿Cómo se quedó
usted?
Recordé un
guion que escribí un tiempo antes, que arrancaba así: "Tu padre ha muerto de un
infarto...".
Vaya.
Creo que
inconscientemente me preparaba para la muerte de mi padre... Él era cardiópata,
yo era hijo único, teníamos un vínculo fuerte... Preferí no ver su cadáver.
¿Con qué imagen
se queda?
Con una
sonrisa suya, cierto día. Una sonrisa protectora.
Manuel Vázquez
Montalbán no sonreía mucho.
Hasta los
cinco años durmió en la cama de su madre, paraíso del que fue expulsado al
volver su padre de la cárcel, represaliado político. Heredó su carácter
introspectivo, poco efusivo afectivamente... Su padre, mi abuelo Evaristo, le
insistía en que se emplease en un banco...
Claro, es que eso
de escribir...
Mi padre
fue el primero de su familia en estudiar. ¡Su mayor viaje fue salir del barrio
chino, cruzar la Ronda, ir a la universidad! "Hasta los años setenta viví para
escribir, a partir de entonces escribí para vivir", decía.
Y le fue bien.
Le pagaban
por escribir, no explotaba a nadie y era generoso: "A
los que tienen dinero les pido que me paguen mucho, y a los que no tienen,
gratis".
¿Con qué frase
suya se queda?
“La
vida no es lo que esperábamos", "el movimiento se demuestra huyendo"...
Pero me quedo con lo que me dijo el día en que, siendo yo niño, le pregunté:
"¿Por qué a mí nunca me dedicas un libro? ¿No me quieres?".
Anhelaba usted
mucho su afecto
Un
hijo no es responsable del padre que tiene, fue su magnífica respuesta.
Cuénteme alguna
otra lección.
Quise
dedicarme a la dirección cinematográfica, y un día de crisis dramaticé y le
espeté: "iVoy
a dejar el cine!". Me respondió así: "Te apoyaré en cada decisión,
pero dime: ¿cómo dejarás lo que todavía no has hecho?".
Y ahora usted
escribe... ¿le aconsejó?
"La
escritura es un oficio", repetía: hay que meter horas y horas, y él lo
hacía.
¿Qué opinaría hoy
del mundo?
Ni un
escéptico como él imaginó esta erosión del Estado de bienestar. Le sublevaría
el actual manejo político de la mentira.
¿Y qué diría del
independentismo?
Apoyaría
una consulta, porque estuvo siempre con los movimientos sociales, pero sobre la
independencia... no sé qué sentiría.
¿Y usted?
Soy
soberanista de una Catalunya en la que el castellano sea cooficial. Se equivoca
Muriel Casals, de Ómnium Cultural, al rechazar esto: ¡ahuyenta del soberanismo
a muchísimos catalanes!
Su padre se
perdió el Barça triunfante.
Me lo dijo
Serrat a la salida de la final de París: "He pensado en tu padre".
Qué putada, él sólo vivió las catástrofes del club.
¿Cómo amalgamó
hedonismo y compromiso político?
El venía del hambre..., ¡y se vengó! Pero
haciendo favores, ayudando, dando dinero...
¿Y cómo lo vivía
usted?
Con miedo,
como una amenaza a mi felicidad. Yo odiaba al partido, pues sentía que me podía
partir mi infancia por su causa.
¿Cómo era el
comunismo de su padre?
Mi padre
era un anarquista que se enamoró de mi madre, y por ella se metió en el PCE.
Desconfiaron de éL era tan callado que creyeron que era un infiltrado policial.
Y era muy irónico, y eso le hacía sospechoso: el humor no cotizaba por allí...
Nunca fue comunista de verdad.
¿No escribió
demasiado?
No podía
vivir sin escribir, hasta el punto de ganarse enemistades, como sucedió con Los alegres
muchachos de Atzavara.
¿Tenía enemigos?
Presencié
un pique: "Manolo,
cada día estás más gordo", le soltó Luis Goytisoolo. "Y tú cada
día más verde", le replicó mi padre.
¿Qué añora más de
él?
Al compañero de viaje, sus consejos...
Escribo, y me siento solo... Le veía en su
mesa, me acercaba por detrás, le besaba la coronilla calva y él me decía: "Qué tal,
chaval".
¿Qué reconoce de
su padre en usted?
La piel de
las manos, el entrecejo, ciertos gestos, el escepticismo, el aislamiento...
Si viviera, ¿qué
le preguntaría?
Indagaría
en su carácter tan melancólico.
No dispara nunca
contra su padre...
Soy un
privilegiado por haber vivido cosas a su lado, sólo puedo sentir gratitud.
Pero alguna disconformidad
mantendría usted con su padre...
Sólo
estaba disconforme con su incapacidad para demostrar una alegría. Pero... cada
uno vive como puede.
Dani: hace años que no te veo pero cada vez me resulta más entrañable todo lo que dices....y escribes.Acabo de leer tu "Recuerdos sin retorno" y hoy lo voy a releer. Fascinante por todo y muy bien escrito. Ojala leas esto, no se donde encontrarte. Un fuertísimo abrazo, J.A. Salgot
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