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diumenge, 15 de desembre de 2013

Guía emocional para sobrevivir a la Navidad. 1 - La Navidad no da la felicidad. Albert Domènech

Ilustración de Sílvia Colomé
No convertir los encuentros familiares en obligaciones, limitar los temas de discusión, gestionar el luto o ser equitativo tomando decisiones, consejos más saludables
Calles iluminadas en ciudades y pueblos, escaparates de comercios decorados oportunamente con motivos navideños, mercados temáticos, villancicos como bandas sonoras, anuncios de juguetes o ayudantes de Papa Noel que regalan caramelos recuerdan insistentemente que la Navidad está cada vez más cerca. Son algunos de los elementos característicos de esta época que disparan nuestras emociones y nos provocan unas sensaciones poco unificadas, instaladas permanentemente en una diversidad de estados de ánimo que van desde el odio, la ilusión, la tristeza, la alegría o la magia, al aburrimiento o la resignación, entre muchos otros.
Cada familia o cada individuo vive la Navidad de diferente modo, según sus convicciones, experiencias recientes, relaciones familiares o los obstáculos vitales que se ha encontrado por el camino. Lo que para unos pueden ser días plagados de diversión, felicidad, alegría u optimismo, para otros sólo son momentos de nostalgia, tristeza, aburrimiento o mucho dolor. No existe ningún manual objetivo que sirva para todos, pero sí que hay una serie de consejos a tener en cuenta para que canciones como Noche de paz o Dulce Navidad no se queden sólo en el título. Expertos en comunicación interpersonal, psicólogos y sociólogos nos dan algunas de las claves para tener la fiesta (de Navidad) en paz. Las resumimos en este decálogo:

1 - La felicidad es un estado de ánimo que depende de la actitud interior de las personas, y no de los demás o de normas pactadas socialmente. El experto en comunicación interpersonal, Ferran Ramon-Cortés, tiene claro que “pensar que hay que vivir la Navidad desde una posición de diversión y de alegría es absolutamente ficticio porque cada persona tiene su momento vital y es imposible controlarlo. En el mismo sentido se expresa el psicólogo Rafael Santandreu, quien cree que “por mucho que vayas a comer todos los días a casa de tus padres no les vas a hacer más felices como seres humanos. Si son quejicas y depresivos lo seguirán siendo. Que vayas a su casa un día normal, o por Navidad, no será nunca la cura de sus problemas”. Son muchas las personas que no soportan la presión social de tener que vivir unas determinadas fiestas con un estado de ánimo concreto, algo que se acaba traduciendo en una pérdida más exacerbada de la ilusión o en el aumento del estrés y las emociones más negativas.



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