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dilluns, 9 de desembre de 2013

ME QUEDÉ EN PARO... Y LA FILOSOFÍA ME SALVÓ. Jean-Louis Cianni.




—¿Qué tienen que ver el paro y la filosofía?
—Yo me quedé en paro... y la filosofía me salvó.
¿Cómo le salvó?
—Me consoló, y salí adelante. De hecho, la filosofía antigua enseñaba eso: Cómo vivir. Durante 1.500 años, ésa fue su función: Mostrarte el modo correcto de vivir.
Si me quedo en paro, ¿Leo filosofía?
—Las adversidades te desencadenan estados de ánimo... que los filósofos ya confrontaron antes que tú. ¿Por qué no aprovechar sus hallazgos?
¿Qué estados de ánimo?
—Yo los he experimentado. Primero sientes que eres un «muerto social»: Ya no eres nada para nadie, y acabas por no serlo ni para ti mismo. Y de ahí deriva una serie de males conductuales, psíquicos y hasta físicos.
¿Cómo se quedó usted en paro?
—Por una regulación de empleo en Air Littoral, donde yo era director de comunicación. Antes de eso había sido periodista. ¡Yo nunca había estado en paro! Y a los 49 años me encontré sin trabajo, con tres hijos, esposa con empleo a tiempo parcial... y quince años de hipoteca por pagar.
Desagradable trance.
—Todos los males fueron aflorándome: No saber gestionar el tiempo, soledad, achaques físicos, autodevaluación, frustración, depresión... Sufrimientos todos derivados de no reconocerme, de sentirme socialmente muerto... ¡Necesitamos ser reconocidos!
¿Y la familia no ayuda?
—Bendita sea, pero no basta. Por la mañana, mis hijos y mi mujer salían a sus tareas, y yo me quedaba solo en casa, en pijama... Me encerraba en mi despachito, ellos creían que yo ahí preparaba algo... Pero no. No hacía nada, sólo sentirme aturdido, perdido...
¿Y en qué momento reaccionó?
—En ese estado, me acerqué a mis estanterías con libros de filosofía de mis lejanos estudios universitarios, y leí esta frase de Nietzsche: «Cada estado interior es una filosofía». Y decidí comprobarlo: ¡Buscaría qué filósofos habían meditado sobre cada uno de esos estados de mi ánimo, y qué habían dicho!
Meditar no iba a devolverle el trabajo.
—No, ¡Pero podía devolverme a mí mismo!
¿Eh?
—Lo primero que descubrí fue que meditar deriva del latín medeor, ¡Qué significa cuidarse, curarse a uno mismo! Para los antiguos, ¡La filosofía fue terapéutica! Y puede volver a serlo. También Nietzsche lo creyó: «¡Recuperemos al filósofo-terapeuta!».
¿Qué filósofo ha sido más terapéutico?
—Para mí, Epicuro: Enseña que la amistad es imprescindible para la vida feliz. Es cierto: Cuando un amigo me pidió leer mis meditaciones, ¡Comencé a verme, a recuperarme!
¿Qué más le enseñó Epicuro?
—A no tener miedo. Epicuro enseñaba a desdeñar a la muerte: «Cuando estoy yo, la muerte no está; cuando está la muerte, yo no estoy». ¿A qué temo yo?, me pregunté. Y vi que siempre temí el juicio de los demás.
¿Qué otros filósofos le curaron?
—Mis buenos amigos Sócrates, Pitágoras, Diógenes, Montaigne, Spinoza, Schopenhauer, san Agustín, Pirrón, Séneca y Diderot.
¿En qué aspecto le ayudó Sócrates?
«Conócete a ti mismo», enseñó. Años de frenética actividad laboral operaron como una pantalla que me ocultó ante mí mismo. ¿Quién era yo en verdad? Me busqué...
Pitágoras.
«Haz lo que te es propio, que nadie te desvíe», enseñaba. Es tu trabajo: Identificar tu inclinación natural, esencial... y desplegarla. La mía era escribir. Pero sin dictados.
Diógenes.
—Nos reenseña a reírnos (se burlaba de Platón), a ser autárquicos: «capaz de convivir con uno mismo». A medirte contigo mismo.
Montaigne.
«Yo amo la vida», escribió. Con todo lo que lleva dentro de absurdo y doloroso. Enseña a estimar la vida así, tal como es.
Spinoza.
—Enseña que el hombre es porción del cosmos, enseña a vivir sin ansias de tener, de tener nada más que su cuerpo y su alma.
Schopenhauer.
—El parado se convierte en un misántropo, como lo fue Schopenhauer. Él defendía el renacimiento en sucesivas vidas. Me ayudó a decidir renacer. En esta vida.
San Agustín.
Me ayudó a encontrar mi tiempo. El parado no sabe qué hacer con el tiempo. Y Agustín enseña que el tiempo es un estado mental.
Pirrón.
—Este escéptico enseña imperturbabilidad (ataraxia). Una vez su maestro cayó a una ciénaga y Pirrón nada hizo por salvarle. Cuando el peligro pasó, ¡El maestro le felicitó, claro! Me enseñó a permitirme vivir dejando que las cosas sucedan.
Séneca.
—El gran estoico romano te recuerda que «no tienes derecho a quejarte de la vida, pues ella no te retiene contra tu voluntad», y aconseja que «si consideras de antemano todo lo que puede pasar como si debiera pasar, se atenúa el choque de la desgracia».
Diderot.
—Tuvo una apoplejía, pero vivió de pie los tres días que le quedaron. Yo, parado, casi muerto, me moví y llegué a los filósofos: Sus meditaciones han sido lecciones de vida.
Resuma la lección.
Trabaja sobre ti y ten amigos: Con eso atravesarás las pruebas de la vida. ¡Vivirás bien!





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