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dijous, 26 de desembre de 2013

"Dar los buenos días es estar agradecido a la vida". Javier Cámara. La Contra de La Vanguardia.

Javier Cámara, actor.
Tengo 46 años. Nací en el campo, en Albelda de Yegua (La Rioja) y algún día volveré. Vivo en Madrid. Sin pareja. Esta generación de políticos españoles me produce desconfianza y desesperanza. Que ninguno hable inglés te da la medida de su nivel. Creo en la gente honesta

AYER ES HOY
Entiende como nadie el cine español de los años cincuenta y sesenta; de hecho, podría ser uno de sus protagonistas: dejó el pueblo con una mano delante y otra detrás para probar fortuna en la capital. Se le humedecen los ojos al recordar a dos maestros de la infancia: su padre, un agricultor amante del jazz que tocaba el saxofón, y Fernando, su profesor de historia, que al empujarle a estudiar interpretación en Madrid dio un quiebro a su destino. Ahora, ese pasado tiene mucho que ver con su presente y con la película que protagoniza: Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Prueba, inspirada en un profesor de los sesenta y de cuya banda sonora son responsables Charly Haden y Pat Metheny.

Conoce al profesor que interpreta?
Sí. Juan tiene 89 años, es un tipo menudo, típico español de los sesenta. Tozudo, idealista, que consiguió no sólo llegar a John Lennon para pedirle que adjuntara en sus discos las letras de las canciones porque quería que sus alumnos pudieran estudiar inglés con gusto, sino que además mantuvo con él una relación que duró años.

Un maestro singular...
Esta gente es la que mueve el mundo: un profesor que intenta agitar la mente de sus alumnos. Hoy, que la política ha invadido la educación, son tan necesarios...

¿Tuvo usted esa suerte?
Sí. Yo tuve un fracaso escolar estrepitoso y mi profesor de historia, Fernando, uno de esos que observan al alumno, me metió en un grupo de teatro. Al llegar a COU me dijo: "Vete a Madrid, puedes vivir del teatro".

Es usted hijo de un labrador.
Un agricultor que tocaba el saxofón; un músico que adoraba las plantas y la geografía. Un hombre rudo, que no acariciaba pero que educaba. Intentó que estudiara música, pero yo la rehuí, como rehuí la agricultura.

No tendría muy contento a su padre.
No, y sin embargo aquellos primeros veinte años que pasé en el pueblo me han dejado una huella profunda. La lluvia, por ejemplo, me retrotrae a un lugar íntimo. No importa dónde o en qué país me sorprenda: hace que me encierre en mí mismo.

¿Herencia paterna?
Él recibía las primeras gotas de lluvia levantando el rostro hacia el cielo, era como una especie de rito. Luego nos metíamos en el coche y nos íbamos.

Debía de tener un rico mundo interior.
Hablaba con los pájaros. Esa capacidad me emocionaba. Todavía me emociona. En él había algo más que la conexión que un hombre honesto consigue con la naturaleza.

¿Le preguntó de qué hablaba con ellos?
Nunca le pregunté nada que tuviera relación con el campo. Yo detestaba el campo. Quería huir, mi pueblo me ahogaba.

Seria frustrante para ambos.
Mi padre tocaba el saxofón cuando la cosecha había sido una ruina; y tocó mucho el saxofón. Ese sufrimiento de cuidar un campo durante un año y perderlo todo tiene algo religioso que me fascinaba e irritaba.

Usted esquivó su destino.
Mi padre puso la finca a nombre de mis dos hermanas mayores y al mío para que nunca la vendiéramos. "En cuanto llegue una crisis la gente volverá al campo", insistía.

Visionario.
Cuando veo a gente de ciudad que lo hace me asusto. Sé lo duro que es. Agricultura es una palabra compuesta por agri y cultura.

Agri: campo de cultivo.
Agri de agrio, cultura de lo agrio.

... Y eso que quiere volver.
No es lo mismo no haber salido que volver.

Usted tuvo un hermano que murió.
Sí, a los dos años. Fue el primero; no lo conocí, pero me pusieron su nombre.

Eso es duro de llevar.
Yo nací el día de San Canuto y mi abuela se obstinó en ponerme Canuto, así que casi prefiero cargar con el Javier, pese a ese peso extraño de sustituir a otro.

¿Cuando murió su Padre?
Hace 27 años: cáncer de pulmón, encendía un cigarrillo con otro. Sus abrazos olían a sudor y Ducados. He necesitado tiempo para colocar todo eso. No nos hablamos durante años. Me dio un abrazo, me deseó lo mejor, pero dejamos de vernos, y cuando llamaba le pasaba el teléfono a mi madre.

Todo eso duele.
Era todo muy masculino, "haz tu vida que yo me quedo aquí", y yo tampoco iba. Cuando a mí empezaron a irme bien las cosas...

No se pueden aplazar los abrazos.
... Fui a verle con un vídeo de mis primeros éxitos, para que se sintiera orgulloso, pero estaba ya muy malito. Era mi forma de decirle: "¡Me he ido por esto!". Necesitas agradecer todo lo que han hecho por ti.

¿Era un agrio culto?
Mis amigos me decían "Tu padre es fantástico", y mi madre añadía: "Eres como tu padre. Sois bien de casa ajena".

Somos mejores con los de fuera.
¡Qué feo!, ¡qué mal!, ¡qué error!... Espero no volver a repetirlo jamás.

Directo del pueblo a Madrid.
Sí, a los 19 años, con una maleta y una caja de chorizos al estilo Paco Martínez Soria. Cuando se abrieron las puertas del metro dije “buenos días" y se hizo un vacío a mi alrededor. Dos paradas después llegó un acordeonista y dijo: "Buenos días".

Entendió lo que era la gente de ciudad.
Entendí que ser amable era sinónimo de "te voy a pedir algo". Pero decir buenos días es estar agradecido a la vida.

¿Cual ha sido su virtud?
No dejar que me derroten. "Eres buen actor, pero nunca harás tele ni cine porque tienes los ojos muy pequeñitos", me dijo una profesora. Lo asumí, y la inconsciencia y la obstinación hicieron el resto.

¿Inconsciente?,...por qué?

Míreme, nunca fui atractivo... Pero tenía muchas ganas.


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