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dissabte, 14 de desembre de 2013

"La verdad quizá esté ahí fuera, pero las mentiras están en tu cabeza". Frases para cambiar vidas.

Científicos de la Universidad de Granada (España) han aplicado por primera vez la termografía, una técnica basada en la detección de la temperatura de los cuerpos, al ámbito de la Psicología. Y así, han llegado a demostrar el llamado ‘Efecto Pinocho’, que implica que cuando una persona miente, no es que crezca su nariz, como la del popular personaje de Collodi, pero si experimenta un cambio de temperatura perceptible en su punta.
El trabajo de estos científicos ha revelado, además, que cuando mentimos se incrementa la temperatura corporal en la zona del músculo orbital, situado en la parte interna del ojo. Y que si desarrollamos, por poner otro ejemplo no ligado a la mentira, un gran esfuerzo mental, desciende la temperatura en nuestra nariz.
Y aparte del resultado práctico y de la conclusión, cuando menos curiosa, de mentira es igual a mayor temperatura nasal, así es como el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, ha descubierto nuevas aplicaciones para la termografía, técnica basada en la detección de la temperatura de los cuerpos y que se aplica a multitud de áreas de la industria, la construcción o la medicina. En el siglo XX, la termografía experimentó su mayor desarrollo tras la Segunda Guerra Mundial, con el impulso de las investigaciones militares para detectar al enemigo (visión nocturna) que llevaba a cabo el ejército de Estados Unidos.
Hasta aquí cómo se detecta la presencia de la mentira, pero por qué mentimos me preocupa más. Se calcula que cada día oímos o leemos más de doscientas mentiras. Mentir no es simplemente el hecho de decir cosas que no son verdad, también se miente ocultando información. Es decir sin emplear palabra alguna: sonrisas falsas, maquillajes que ocultan o disfrazan parte de nuestro cuerpo, omisión de lo que sabemos

¿Por qué miente la gente? Las razones son muy diversas. La gente miente para quedar bien, para excusarse, para obtener lo que quiere, para no perder ciertos derechos, para dar una mejor imagen de sí misma, para no ofender o hacer sufrir a otras personas con la verdad, porque no saben o no pueden decir que no, para postergar decisiones, por temor al rechazo o al castigo...

¿Y qué hay detrás de una mentira? Tras una mentira se oculta una baja autoestima, inseguridad, falta de confianza en uno mismo, temor al rechazo, vergüenza, miedo al castigo y a la crítica y también en muchos casos, un deseo de manipular al otro.

Hay cerebros que por su estructura son más capaces de mentir que otros: mentir es un aprendizaje que se inicia en la infancia. El psicólogo Robert Feldman de la Universidad de Massachusetts (EEUU) explica que cuando las personas sienten que su autoestima se ve amenazada, empiezan a mentir. Las encuestas psicológicas han demostrado que el 80% de las personas mienten para mostrarse más inteligentes y atractivos. La mayoría de la gente recurre a la 'mentira piadosa' para referirse a su nivel de educación y bagaje cultural.
El 52%, en su desesperada persecución de una imagen refinada, adorna sus estantes con libros que nunca ha leído, entre los cuales destacan 'Guerra y paz' de León Tolstói,  '1984' de George Orwell y 'Grandes esperanzas' de Charles Dickens. El 11% miente sobre su puesto de trabajo y rango profesional. Según los científicos británicos, fingimos ser intelectuales para parecer más atractivos sexualmente a las parejas potenciales. Dos tercios de los que responden a las mencionadas encuestas psicológicas, afirman que les atrae el intelecto de otros, y el 70% dice preferir la inteligencia a la belleza de su pareja. Con tal fin ya parece bastante más fácil comprender porqué se miente para aparentar ser más de lo que uno es.

El ser humano es el único animal capaz de engañarse a sí mismo. Un ejemplo de este mecanismo de autoengaño, o de elaboración de “engaño creativo”, se evidencia en encuestas en las que se pregunta a los participantes el número de relaciones sexuales que han tenido en su vida. Normalmente, los hombres tienden a inflar la realidad, de dos a cuatro veces más que las mujeres. En una reciente encuesta de la Universidad de Michigan,dirigida por el psicólogo Norman R. Brown, midiendo las respuestas de 2.065 personas sexualmente activas rondando los 40 años de edad, las mujeres declararon unas 8,6 parejas sexuales. La cifra para los hombres fue de 31,9. Luego, al discutir sus respuestas, casi el 10 por ciento admitió que no había sido honesto del todo.
A veces mentimos para proteger nuestra intimidad o la de otras personas, para resolver situaciones incómodas utilizando el “tacto”, o simplemente para quedar bien. No obstante, para los puristas, una mentira es una mentira.

Muchos piensan que toda mentira, sea de omisión o de comisión, acaba siendo dañina, tanto para el que la dice como para el que la recibe, pues corroe la fidelidad, la confianza, la intimidad entre dos personas, y por extensión debilita los cimientos de la convivencia social.


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