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dissabte, 28 de desembre de 2013

Tras la mirada de un niño. Miguel Benavent de B.

Muchas veces nos falta ánimo para seguir adelante. Nos sentimos cansados y sin poder ver luz en el horizonte. Es humano, de vez en cuando, sentirse así, tal como está de complicado nuestro día a día. El árbol no nos deja ver el bosque, como las circunstancias -muchas veces pasajeras y/o triviales- no nos dejan disfrutar de la vida, en toda su plenitud. A veces solo bastaría que levantáramos la mirada y, mirando hacia atrás, viéramos cuántas situaciones de nuestra historia que un día nos preocuparon realmente incidieron significativamante en nuestra vida de entonces o si hoy persisten en ella, como pensamos en su día…
Seguramente hay momentos en que perdemos la perspectiva. Pero también hay otros momentos en que se nos cae encima esa perspectiva de nuestra vida y nuestra mente nos invita a acumular los hechos que nos hicieron sufrir y extraer la conclusión de que la vida completa nuestra ha sido y es solo sufrimiento. Si lo pensamos bien, esa afirmación es injusta, con nosotros mismos y con la propia vida. Lo recordemos o no, en nuestra vida han habido momentos felices tanto como infelices, aunque no siempre lo recordemos o lo tengamos presente. Pero la sesgada mente nos invita a restringir esos recuerdos y solo incide en los -aparentemente- negativos…
Ni que decir tiene que la mayor parte del sufrimiento sirve para que despertemos a la realidad! Sufrir, nos guste o no, es aprender! Pero, independientemente de esta función del sufrimiento, es incierto que nuestra vida completa esté solo llena de él, como si no hubiéramos tenido jamás situaciones de felicidad, aunque solo fuera efímera. La verdad es que tanto la felicidad como la infelicidad son -por definición- efímeros, como lo es todo en nuestra vida cambiante. Lo que precisamente convierte -o lo pretende- en crónica la alegría o la pena es nuestra actitud ante la vida!
La actitud es precisamente lo que nos ayuda a ver y valorar las diferentes circunstancias como lo que son, oportunidades… o solo dificultades. En todo caso, ambas tienen su propio sentido, aunque no siempre seamos capaces de verlo y apreciarlo así. A veces basta que pase el tiempo suficiente para poder juzgarlas como lo que en realidad significaron, significan o significarán en nuestra vida. Pero no podemos hacer que el tiempo pase a nuestro antojo, por lo que es más práctico depositar nuestra confianza en la vida y reconocer que todo en ella tiene su sentido profundo y su esencial por qué. Así que mejor no juzgar de antemano, mejor confiar… y tener confianza en lo que venga, sea lo que sea! Con el tiempo, la vida nos ayudará a interpretar su profundo y verdadero significado y nos agradecerá esa confianza!
Pero no siempre es fácil confiar gratuitamente y esperar que pase el tiempo para poder entender y aceptar lo que nos trae la vida! Así que muchas veces deberemos buscar remedios paliativos para soportar una situación que vivimos con sufrimiento. El mejor recurso es, sin duda, buscar el significado profundo de nuestra vida, lo que nos dará esa perspectiva necesaria o nos recordará que en ella todo pasa, nada permanece. O, como mínimo, nos recordará que toda la vida no es más que un continuo aprendizaje…

Otro recurso -más inmediato- es aprender de los niños a vivir el aquí y ahora, con ilusión. Ellos son los verdaderos maestros de la vida, pues no acumulan experiencias y creencias que socaven su razón, ni tienen en cuenta el futuro, que ya llegará. Viven
simplemente el hoy! Y para ello se concentran en sus emociones y sus sensaciones más inmediatas, sin tener en cuenta lo que ya pasó o lo que tal vez llegará. Los niños sin duda viven con ilusión cada momento… lo que para nosotros los adultos cargados de lastre del pasado o con expectativas de futuro, ya sería todo un lujo o, como mínimo, una gran oportunidad.

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