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diumenge, 27 d’abril de 2014

La importancia de educar en el hábito de la lectura. Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas.

Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas nos hablan del beneficioso papel que la lectura tiene en la salud infantil y nos dan algunas claves para acercarla a niños y niñas de una manera eficaz.
Hablar de hábitos saludables es hablar de acciones que, a base de repetir, conviertes en tu rutina y forman parte de tu filosofía de vida. Crean el guion de tu día a día que determinará la historia de tu salud física y emocional a corto y largo plazo. Una buena alimentación, realizar ejercicio, tener y saber disfrutar del tiempo de ocio son algunas rutinas mental y físicamente sanas. Ocio es distracción, diversión, alegría, esparcimiento, juego… Hoy en día, en la llamada era digital, la televisión y su variedad de canales, programas y nuevas series; el ordenador; la consola y los infinitos videojuegos, forman parte del tiempo de ocio de vuestros hijos. Se convierten en protagonistas en sus vidas. Los niños pasan una media de entre tres y cinco horas ante las pantallas, cuando lo recomendable es una o dos, según la edad. Este hábito quita tiempo para otras actividades necesarias y enriquecedoras como es la lectura. Porque leer es apostar e invertir en cultura, rapidez lectora y mejora de la comprensión, e incluso facilita el proceso de aprendizaje.
Si tratas de educar a tu hijo para que lea porque sí, porque lo dicen en el cole o porque existen libros obligados, estarás asociando la lectura a algo negativo. Si como padres no educáis en el hábito de la lectura desde otra perspectiva es muy difícil que haya espacio para los libros, para la creatividad y para los beneficios que aporta. El objetivo no es apartarles de la realidad audiovisual en la que viven, sino que se eduquen desde pequeños en la compatibilidad y no exclusión de estas diferentes actividades.
¡Adelante con la misión! Consiste en que iniciéis y fomentéis las costumbres en relación al uso que vuestros hijos hacen de la tecnología. Y con ello evitar el mal uso o abuso de la misma, que dificulta e impide otras actividades de ocio y tiempo libre como la lectura. Desde muy pequeñitos se les puede ayudar a elegir libros, a fomentar el espíritu crítico, a diferenciar realidad y ficción, a establecer los tiempos para las diferentes actividades y a utilizar los libros como complemento a lo que se ve en la televisión.
En muchas ocasiones, tras un enfado o algo mal hecho los padres ordenáis a los niños que vayan a su cuarto castigados y se pongan a leer. De este modo, aprenden que la lectura se obliga y se ordena en los momentos negativos. Nunca hay que usar la lectura como un castigo.
En cambio, podéis sugerir en familia espacios para la lectura, igual que decidís dar una vuelta en bici, ir al parque o hacer una excusión. Lo importante es que los niños lo vivan con naturalidad, sin verse forzados, que sintáis que se disfruta del ambiente de la lectura, que sea algo apetecible y que les emocione. Podéis leer un capítulo con el fin de promover debates y comentarios al respecto, lo mismo que realizáis con las series, deportes o documentales. Ellos son los que tienen que elegir su libro o el libro a ellos, bajo supervisión, sí, pero no ha de ser el que te guste a ti. Respeta que a tu hijo no le guste el mismo libro que a ti. Tu hijo no eres tú.
Es importante también que seáis flexibles y decidan en qué horario quieren leer: imponer no facilitará que lo hagan. Y esto implica la opción de lectura digital por ordenador, en ebooks o en los móviles, donde se desarrollan otras capacidades. Porque, hoy en día, la información tiene varios formatos. Lo mismo ocurre con el lugar donde se practique: se puede leer en una mesa bien sentados con atril, pero también tumbados, en el sofá, en la alfombra, en el césped, en el parque, en la playa, en el coche…
Tendríais que transmitir la lectura como hábito saludable por sus virtudes para la salud física y emocional, y no focalizarla solo como beneficio académico y aprendizaje. Que los niños vayan comprendiendo los diferentes beneficios, facilitará su práctica. Algunos de estos beneficios son:
Reduce el estrés a cualquier edad. A los 6 minutos de inmersión lectora, la tensión muscular y el ritmo cardíaco disminuyen porque disuelve las preocupaciones como cualquier acto creativo, pintar, escribir una historia…
Leer antes de dormir ayuda a conciliar mejor el sueño, así que es conveniente para la rutina de higiene del sueño.
A la larga, según un estudio publicado en USA Today, las personas con el hábito de la lectura tienen menos riesgo de enfermar de Alzheimer. El cerebro se beneficia de la lectura y, con él, la memoria, ya que al mantenerse activo se fortalecen las conexiones cerebrales aumentando la reserva cognitiva. Eso ayuda al retardo de las enfermedades neurodegenerativas.
Leer aumenta la capacidad de respuesta porque obliga al cerebro a pensar, lo activa y relaciona conceptos.
Leer potencia la empatía: leer historias implica vivir emociones de otras personas. Su práctica facilitará la habilidad de intuir los estados emocionales de las personas en la vida real.
Despierta la curiosidad y ayuda a las relaciones sociales porque aporta nuevos temas de conversación que hacen más interesantes a las personas.
Hay que fomentar el libro como un objeto familiar, como una prolongación del niño, como un “amigo”, no como un objeto de decoración. Se puede manosear, doblar, subrayar, tiene que hacerse nuestro. No hay porque dejarlo intacto como un cuadro. No pasa nada porque se manche con el verde de la hierba o con una gota de zumo…
Dar ejemplo es la mejor herramienta que les podéis ofrecer. Si ven que disfrutáis, será más fácil que quieran compartir esa curiosidad y el intercambio de ideas.
Igual que vas al parque, ve a una librería infantil o a una biblioteca para que miren libros, que lean un ratito y que vean que acercarse a los libros no son horas de riñas para aprender a leer. No relaciones la lectura con esas frases incansables de “hijo, repite que lo has dicho mal… “, “hijo, repite que lo has entonado mal…”, porque esto agota a cualquiera y les aleja de los libros. Acelerar los procesos formativos no es bueno. Quizás así aprendan rápido a leer pero ¿de qué les sirve si luego no leen?

¿Y QUÉ PUEDO HACER YO?
¿Por qué no dedicas unos minutos cada día a leerle a tus hijos antes de que se duerman? Favorecerá su descanso y los acercarás, de una manera sencilla, al maravilloso mundo de la lectura.
Ayuda a difundir esta información en todos los medios que tengas a tu alcance.
¡Haceos tú y tus hijos socios de las bibliotecas municipales de tu ciudad! Ofrecen un sinfín de títulos para escoger y organizan actividades de animación a la lectura pensadas para los más pequeños.

Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas.



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