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dilluns, 28 d’abril de 2014

ES UNA PAREJA, NO UNA FUSIÓN. Joan Fernández. La Vanguardia.

Cuando dos personas forman una pareja no se fusionan, a pesar de lo que digan los cánones románticos. En realidad, deben preservar la intimidad individual.
Un espacio físico y psíquico individual para cada uno es básico.
La clave es el diálogo aunque no es un tema que sea fácil de abordar.
Convivir en pareja significa compartir, crear un espacio común. Sin embargo, también es importante poder tomar un poco de aire, disfrutar de momentos en soledad o sin compañía de la otra persona. La idea romántica de compartir absolutamente todo en una relación tiene sus límites. Hay parejas de enamorados que no se separan ni un instante, mientras que otras hacen planes diferentes con sus respectivos amigos cada semana. ¿Dónde se encuentra el equilibrio ideal? Los psicólogos recomiendan que cada miembro de la pareja cultive un tiempo y un espacio propio para conservar su individualidad y mantener una relación amorosa sana y duradera. Las personas somos seres sociales que buscamos relacionarnos y sentirnos acompañados, pero también necesitamos cuidar nuestro ámbito privado, el espacio donde nos encontramos con nosotros mismos, con la tranquilidad y el silencio buscados. Los expertos señalan que esa intimidad personal no sólo es buena para el desarrollo de cada uno, sino que es imprescindible para que las relaciones sociales, laborales, y especialmente las de pareja, sean sólidas y constructivas.
Esa parcela privada de nuestra vida es un lugar donde cada uno toma conciencia de sí mismo. Pero no es un refugio de huida ni de desconexión con el mundo, sino un espacio básico para la estabilidad emocional. Nunca se debe olvidar que la relación de pareja se sustenta sobre tres cimientos, y que se debe cuidar cada uno de ellos: el tú, el yo y el nosotros. Josep López, coautor del libro Los jardines secretos (Aguilar) junto con el psicoterapeuta George Escribano, cree que la intimidad personal consiste en algo así como una tercera vía en las relaciones de pareja. "Ni compartirlo todo ni esconder una parte, sino que cada miembro de la pareja tenga un espacio propio que cuide y ame, y al que deje entrar a quien quiera cuando quiera. Y que cada uno, por supuesto, respete esa libertad en el otro y evite invadir ese espacio". La creación de ese jardín secreto es indisociable de la evolución del individuo hacia la madurez y un síntoma de buena salud mental, según López. Lo contrario sería una señal de pérdida de autonomía, que conlleva la creación de una relación simbiótica. "Muchas parejas adultas adoptan una relación de dependencia en la que al final la mujer acaba haciendo de madre del hombre".

¿Por qué surge la necesidad de un refugio físico y emocional?
López encuentra la respuesta en la antropología, en nuestra condición de seres animales. “La existencia de los animales en general, y de los mamíferos en particular, se caracteriza por ocupar un territorio y defenderlo. Es ahí donde nos sentimos seguros, protegidos, es ahí donde nuestra supervivencia está garantizada. Los seres humanos, debido a nuestra evolución, hemos perdido en buena parte ese territorio físico individual. Lo hemos cambiado o sacrificado por la vida en sociedad. Es la sociedad, al menos en principio, la que nos garantiza ahora la supervivencia".
No obstante, seguimos necesitando instintivamente un territorio personal. Ese espacio físico propio puede ser un sillón, un paseo, una afición o un círculo de amistades. La tendencia de vivir en pisos cada vez más reducidos hace que la convivencia en casa no deje mucho margen para el espacio propio. "Está demostrado que los espacios compartidos pequeños generan irritabilidad. Uno ha de estar junto a su pareja porque quiere, no porque el espacio no le permita tener su propia privacidad", comenta Antoni Bolinches, psicólogo especializado en relaciones de pareja y autor del libro Seco sabio (Random House Mondadori). A falta de espacio físico, el ser humano ha tenido que crear ese territorio psicológico que es el jardín secreto. Sentir, pensar y actuar son las tres actividades principales de los seres humanos, pero López cree que a mucha gente le cuesta distinguir entre las tres y no desarrolla su espacio en esos campos. "Por lo general la gente cree que no puede sentir o pensar determinadas cosas porque estaría traicionando a su pareja. Los actos afectan a otra persona, y hay que controlarlos, pero los sentimientos y pensamientos pertenecen a lo privado, y por tanto ahí hay libertad absoluta En definitiva, imaginar y actuar, dentro de lo permitido, forman parte de nuestro jardín secreto ".
De hecho, la idea de la relación absolutamente sincera es la que en muchas ocasiones provoca miedo respecto al espacio privado del amado. "Esa idea romántica en la práctica puede causar más daño que beneficio", advierte el autor de Los jardines secretos. El problema, según él, es que a menudo se confunde el concepto de individualidad con el de infidelidad. Por ello mucha gente no soporta que su pareja mantenga su parcela íntima y lo puede llegar a entender como una amenaza a la fidelidad, y ello le lleva a invadir ese ámbito privado. Uno de los campos más delicados en este sentido puede ser el de las contraseñas secretas. "Son muchas las personas que se sorprenden a sí mismas cuando ven que violan la intimidad de su pareja entrando en su correo electrónico o consultando los mensajes de su móvil -comenta Bolinches-. En ocasiones, el niño que llevamos dentro no puede resistir la tentación de clarificar la sospecha". Los expertos coinciden en que cada uno debe poseer sus claves, ya sea en el ordenador, el correo electrónico, las redes sociales o los teléfonos móviles, para gozar de absoluta privacidad en cuanto a las llamadas y mensajes que recibe. Ahora bien, si ambos están de acuerdo en compartir las claves de acceso no hay ningún problema. "Lo importante es que no sientan ninguna obligación de hacerlo", apunta López.
Por otra parte, además de la distribución de espacios físicos y psicológicos, Bolinches asegura que lo ideal para una pareja es tener un tiempo común y un tiempo propio, porque así ambos se sienten libres, y vinculados voluntariamente. Cada uno puede conseguir su tiempo y espacio físico mediante algún tipo de actividad. "Hay quien se dedica, por ejemplo, al canto -señala López-. Ir cada viernes a ensayar con la coral se convierte en un espacio donde la pareja no entra. Precisamente esa sensación de tiempo y lugar propio refuerza y permite que el acuerdo de convivencia se mantenga sin tensiones"
Es más, que cada uno mantenga un círculo propio de amistades o aficiones puede enriquecer la relación, y evitar frustraciones. Imaginemos una pareja en la que a ella le gusta ir los domingos por la tarde al cine y a él al fútbol. "Si ella obliga a él a ir al cine o él a ella a ir al fútbol, uno de los dos se sentirá frustrado, y evidentemente le hará pagar al otro la frustración", comenta López. "Por el contrario, si ella acepta que él vaya al fútbol y él acepta que ella vaya con sus amigos al cine y deciden encontrarse después y explicarse qué tal lo pasaron, no hay frustración y sí aceptación de la diferencia del otro". Pero, evidentemente, para que el espacio propio y el común converjan adecuadamente es importante la compatibilidad. "Si a tu pareja le encanta la escalada y a ti no, y va dos veces a la semana a la montaña sin ti, estaríamos ante un problema de compatibilidad. El espacio propio siempre se tiene que equilibrar con el de la pareja. Y si no estamos juntos, ¿para qué estamos?", se pregunta Ribot. La psicóloga subraya que muchas veces el problema radica en el límite entre la intimidad individual y la responsabilidad de pareja, ya que en ocasiones alimentar el espacio propio se traduce en dejar de cumplir ciertas obligaciones. Se trata de una cuestión de equilibrio. "Cuando una persona convive con otra, los dos tienen que asumir responsabilidades, y deben negociarlo todo, obviamente también su espacio propio. Pero si, por ejemplo, hay un bebé en casa, queda poco espacio propio para los dos. Hay épocas de la vida en las que uno tiene que renunciar temporalmente a la intimidad personal, por una cuestión puramente logística".
Alguien podrá pensar que la intimidad personal es una excusa para huir de la pareja. "Nada más lejos de la realidad", asevera López. "El respeto absoluto hacia el espacio íntimo del otro o la otra no sólo es compatible con el amor, sino que es una condición sine qua non para que una pareja funcione verdaderamente como tal... Y es así porque la persona que conoce su propia intimidad y la valora es capaz de construir a partir de ella, mientras que la que no la posee, porque la ignora o porque renuncia a ella, poco o nada puede aportar a la intimidad de pareja". Estudios psicológicos han comprobado que las parejas en las que existen jardines secretos por ambas partes tienen una relación más satisfactoria.
No obstante, Montserrat Ribot recuerda que también hay personas que por una falta de capacidad emocional de conectar con su pareja piden siempre un espacio propio. Se trata de aquellas personas que tienen pareja pero van totalmente a lo suyo. "Hay gente que evita la intimidad de dos, que huye de la pareja. Esto no puede sostenerse, porque en una relación tiene que haber esa conexíón íntima. Una persona emocionalmente madura necesita las dos cosas: desarrollar su propio espacio individual y, al mismo tiempo, el espacio común entre los dos. El secreto está en cultivar con equilibrio las dos intimidades, la personal y la de la pareja".

Pero ¿dónde se encuentra el equilibrio ideal? ¿Cómo dar con él?
Cada persona es un mundo, y ha de crear un espacio a su medida, respetando siempre el de la pareja. Pero todos los expertos coinciden en lo mismo: hay que dialogar. El problema es que casi nunca se habla de esto en la pareja. "En realidad es complicado -confiesa Ribot-, porque en la fase de enamoramiento los dos, voluntariamente, renuncian al espacio propio pues en ese momento la pareja es su máxima ilusión. En esa fase de la relación no ves cómo se comportará tu pareja después, y por eso suele haber tantas decepciones cuando pasa el maravilloso efecto bioquímico del enamoramiento". Por ello, lo mejor es siempre establecer desde el principio un tipo de contrato. "No sería una mala idea empezar una relación reconociendo explícitamente la individualidad del otro y su libertad de sentir, pensar y hacer lo que quiera (con sus lógicos límites). Sería una forma de tomar consciencia, en primer lugar, de la existencia del otro más allá de la pareja, y al mismo tiempo de prevenir futuras desavenencias", propone López. Aunque no sea al inicio de la relación, en algún momento se tiene que hablar tranquilamente sobre ello y consensuar los límites de la intimidad común y de las personales para evitar malentendidos y culpabilidades.

En esa línea, Bolinches recomienda establecer dos vías de diálogo continuo: el diálogo interior y con la pareja. Se trata de no perder la congruencia y consensuar un estilo de vida en el que los dos se sientan bien consigo mismos y cómodos con los demás. "Un elemento fundamental para que una pareja funcione es que la persona entienda que para estar bien con el otro primero ha de estar bien consigo mismo". Bolinches constata que, debido a la desorientación general del modelo de sociedad actual, muchas parejas se ven perdidas a la hora de delimitar los espacios; sin embargo, asegura que, como código de relación, el hecho de cultivar la intimidad en el seno de la pareja es un principio aceptado de manera muy amplia hoy en día. "Otra cosa es la disparidad de criterios que hay respecto a lo que entendemos por espacio y tiempo común, y espacio y tiempo propio". Para dar con el equilibrio y disfrutar de una relación gratificante propone un axioma que se puede aplicar tanto al matrimonio como a la convivencia en pareja: "La clave es casarse con el otro sin divorciarse de uno mismo". 


4 comentaris:

  1. Muy interesante el artículo. Dejar los espacios individuales para que pueda crecer la relación en su conjunto, y compartirlos si se desea. Interesante el concepto del tu, el yo, y el nosotros y sobre todo el diálogo para conseguir estar bien con nosotros mismos en la indiviualidad y en la pareja. Otro artículo para seguir creciendo, gracias Joan y felicidades!

    Maria.

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    1. De nada Maria, gracias a ti por tus comentarios.

      Un beso,

      Joan

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  2. Muy buen artículo, tendré en cuenta los libros de los que toma referencia.
    Joan, me gustaría saber el nombre del autor de la pintura en la parte derecha de su artículo.
    Patricia

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    1. Gracias Patricia!. La pintura que aparece es de un pintor y escultor colombiano que se llama Fernando Botero.

      Un beso!

      http://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Botero

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