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dissabte, 12 d’abril de 2014

YO ME CUENTO MENTIRAS. Maika González.

El autoengaño está a la orden del día y es muy probable que nadie se halle totalmente libre de él. De manera más o menos consciente, las personas a menudo mentimos y nos mentimos, y en la mayoría de los casos recurrimos al autoengaño para evitar el dolor que nos provocan algunas situaciones difíciles. La gran ventaja de contarse mentiras es, sin duda, el efecto calmante de ignorar aquellos aspectos de la realidad que nos resultan insoportables. Aunque no podemos olvidar que autoengañarse también entraña un grave peligro: acabar orientando nuestra vida hacia la más absoluta irrealidad. ¿Qué es mejor, pues? ¿Vivir una vida plagada de mentiras o destrozarnos el alma afrontando las verdades más atroces sin compasión? Como veremos, el punto medio suele ser la mejor opción.
“La negación es útil, noble y piadosa cuando sirve de tránsito hacia una nueva afirmación”, José Ortega y Gasset
¿Por qué recurrimos al autoengaño? Simple y llanamente, para sobrevivir. Pudiera parecer incoherente que en una sociedad tan racional como la nuestra las personas nos dediquemos a cerrar los ojos para no ver aquello que nos supera. Pero la negación de la realidad es simplemente una conducta adaptativa: ante determinadas circunstancias que vivimos de manera especialmente dramática, sentimos que debemos elegir entre la verdad y la vida. Y nuestro organismo está diseñado para elegir siempre la vida. Nuestro propio cerebro, el paradigma de la racionalidad, nos ayuda a sobrevivir censurando o deformando cierta información que nos dejaría sin ánimos para luchar o que nos haría caer inmediatamente en el pánico. Y puede que todo esto ocurra de manera consciente o sin darnos apenas cuenta. Ya sea porque yo me convenzo de aquello que más me conviene, o porque resulta extremadamente difícil darse cuenta de lo que se prefiere ignorar, nuestro cerebro nos engaña con el objetivo de salvaguardar nuestras fuerzas y nuestra integridad. Es una mera cuestión de supervivencia.
Porque, en realidad, las cosas no son como son. Como seres humanos, en algunas zonas de nuestra experiencia personal somos proclives a bloquear nuestra atención y autoengañarnos. Es lo que Daniel Goleman denomina puntos ciegos: lagunas mentales que tendemos a rellenar con fantasías, explicaciones más o menos racionales o imaginaciones. Es decir, que no percibimos la realidad tal y como es, sino que elaboramos nuestra propia interpretación a partir de lo que captan nuestros sentidos. Ante algo que vivimos como una amenaza, podemos elegir entre focalizar toda nuestra atención en ello o, por el contrario, desviar nuestra atención y desconectarnos del problema. La desconexión que supone el autoengaño nos protege de la ansiedad o el  malestar disminuyendo el grado de consciencia. Y como escapatoria momentánea antes de enfrentarse con la realidad tiene su lado positivo. Pero si optamos por la mentira y la simulación de manera continuada y sostenida en el tiempo, corremos el peligro de acabar viviendo en un universo paralelo del todo irreal, absolutamente desconectadas de quiénes somos y qué deseamos. Y, además, evitar la realidad conlleva un coste importante, porque lo que no se afronta tiende a repetirse.
“Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan”, Pablo Neruda
Así pues, el autoengaño como actitud habitual ante la vida  y sus embates no resulta muy eficaz. ¿Cómo podemos empezar a ser más honestas con nosotras mismas? He aquí algunas consideraciones que te pueden resultar útiles: 
Date tiempo para abrir los ojos: puedes apostar por conocer la verdad, pero dándote tiempo para digerir lentamente toda esa información que te resulta difícil. Empieza por lo más soportable y ve subiendo poco a poco el nivel, sin prisa pero sin pausa
Busca el espejo de los demás: dado que a veces resulta difícil detectar los propios trucos, espéjate en los demás. Ábrete a sus comentarios, sus críticas y sus elogios. Su visión distinta contribuye a iluminar rincones que hasta ahora han permanecido ocultos
Conecta contigo misma: aunque ciertas circunstancias no son fáciles de aceptar, decídete y haz un pacto de honestidad contigo misma. Atrévete a ser más consciente de tus emociones, de tus percepciones y de tus pensamientos
Hemos visto, pues, que el autoengaño es un recurso, una estrategia mental que nos permite esquivar la realidad guareciéndonos en una inconsciencia más o menos deliberada, un modo de protegernos de la ansiedad que nos provocan a veces los retos vitales.  Es un refugio temporal en el que, en ocasiones, nos podemos cobijar. Pero elegir la mentira como filosofía definitiva de vida supone peligros importantes, entre ellos la desconexión total de quiénes somos y qué deseamos para nuestras vidas. Olvidamos a menudo que somos menos frágiles de lo que pensamos, y también ignoramos la fuerza liberadora de la verdad, de nuestra verdad. La mujer que vive su vida con fuerza e integridad es plenamente consciente de sus capacidades y sabe que puede afrontar con garantías de éxito cualquier prueba, cosa que la llena de confianza y serenidad.
Y tú, ¿sueles cerrar los ojos a la realidad? ¿Estás cansada de vivir entre mentiras? ¿Te has planteado que eres más fuerte de lo que puedes pensar?
Un abrazo bien fuerte,                                                                                                 

Maika González


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