Palabras, imágenes, canciones, emociones que nos acompañan en nuestro camino.

diumenge, 8 de febrer de 2015

7 palabras que pueden cambiar tu día. Jennifer Delgado

No solemos prestarle demasiada atención a las palabras que decimos pero somos comunicadores natos. De hecho, parece un contrasentido pero lo cierto es que nos pasamos todo el día comunicando, no solo con los demás sino también con nosotros mismos. Aún así, nuestro estilo de comunicación es automático, es algo que se ha ido formando a lo largo de los años, en dependencia de nuestras experiencias, y que ahora utilizamos sin ser plenamente conscientes.
Por eso, usamos algunas palabras más que otras. Por ejemplo, un estudio realizado en la Universidad de Colorado desveló que las personas con tendencia al neuroticismo utilizan un elevado número de palabras asociadas a emociones negativas. Otro estudio, esta vez realizado en la Universidad de Amsterdam descubrió que las personas extrovertidas prefieren los términos descriptivos más abstractos y que las personas introvertidas eligen adjetivos más concretos.
Por tanto, no es banal que cada cierto tiempo hagamos un balance de las palabras que usamos, sobre todo si tenemos en cuenta que ese diálogo no solo afecta la imagen que los demás tienen de nosotros sino que incluso puede incidir en nuestra autoestima. Por consiguiente, ahora os propongo algunas palabras que deberíamos usar más a menudo, pero de forma consciente, no como un automatismo.

Palabras simples que implican grandes cambios

1. Porque. Una palabra muy sencilla, pero con un enorme poder. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Harvard la ha calificado como “la palabra más persuasiva del mundo”. En este experimento se pudo apreciar que cuando las personas pedían un favor y añadían un “porque”, las probabilidades de que el otro accediera aumentaban en un 30%. Y es que cuando pedimos algo y damos nuestras razones, estamos demostrando que respetamos a la otra persona y que confiamos en ella. Estamos apelando a su comprensión y la incitamos a ponerse en nuestro lugar.

2. Gracias. No se trata de dar las gracias por obligación o de repetir esta palabra por inercia, porque es de “buena educación”, sino de dar las gracias realmente, desde lo más profundo. La diferencia se nota porque te permite conectar con el otro, decirle que realmente aprecias su gesto y que te ha ayudado. De hecho, esta palabra tiene un gran poder reconfortante, tanto para quien la dice como para quien la recibe.

3. Disculpa. Pocas palabras tienen tanto poder como esta, pero solo cuando nacen de un arrepentimiento sincero. Cuando decimos “lo siento” estamos reconociendo un error pero, sobre todo, estamos expresando humildad y nuestro deseo de reparar el daño causado. Sin embargo, tampoco podemos abusar de ella. Un estudio realizado en la Universidad de Rotterdam desveló que tendemos a sobrestimar el efecto de unas disculpas y que estas solo son eficaces cuando son sinceras y explicamos nuestras circunstancias, pero sin que se conviertan en una excusa.

4. ¡Vamos! De buenas intenciones está hecho el mundo, pero en realidad la vida cambia cuando nos subimos las mangas de la camisa y ponemos manos a la obra. Desgraciadamente, somos procrastinadores expertos, continuamos aplazando el cambio para un momento más propicio. Sin embargo, cuando estás seguro de una meta, una vez que te planteas un objetivo, simplemente debes comenzar, el cómo lo irás descubriendo en el camino. Recuerda que el camino más largo comienza con el primer paso.

5. No. Establecer límites y aprender a decir “no” es fundamental para poder llevar la vida que realmente deseamos. No se trata de tener una negativa siempre en la punta de la lengua pero debemos dejar claros cuáles son nuestras prioridades y cuándo podemos ayudar y cuándo no. Cuando no puedas o no quieras hacer algo, simplemente dí “no” y brinda una razón, mientras más concisa mejor, ya que de lo contrario parecerá que te estás disculpando. Recuerda que tienes el derecho de invertir tu tiempo y energía en las cosas que realmente te causen satisfacción o que consideres necesarias.

6. Bueno… Cuando cometes un error, ¿te enfadas y le gritas a las demás personas que están a tu alrededor o te recriminas a ti mismo, denigrándote y culpándote? Así reaccionan la mayoría de las personas. Pero de esta forma solo consiguen empeorar aún más la situación. Por eso, cuando las cosas no salgan como habías planeado, di simplemente: “bueno, no ha salido como tenía previsto pero…” Es inevitable cometer errores pero de nada sirve llorar sobre la leche mojada, intenta ver el lado bueno de las cosas. Se trata de una simple palabra pero implica un cambio de perspectiva enorme.


7. Respira. Cada vez que te sientas a punto de explotar, cuando estés enfadado o cuando el estrés llegue a cotas máximas, simplemente respira. Todas las veces que haga falta. La respiración nos ayuda a sintonizar en la misma frecuencia muchas de las funciones metabólicas que se alteran cuando estamos enojados o estresados, como la presión arterial y el ritmo cardiaco. Respirar es un excelente ejercicio que te ayudará a recobrar la calma y a no cometer errores. Respira… respira… respira…


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