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dilluns, 2 de febrer de 2015

Esclavos del miedo. Irene Orce. La Vanguardia.

El corazón se acelera. La respiración se agita, incontrolada, mientras los músculos de todo el cuerpo se tensan. El sudor entra en escena, delator, acompañado de una súbita sequedad de boca. Los reflejos se agudizan y la atención aumenta. La inquietud vibra al son de los escalofríos. Así se siente el miedo. Una reacción de defensa, natural, necesaria para la supervivencia, que permite al ser humano alejarse de situaciones potencialmente peligrosas. Pero cuando el miedo deja de proteger nuestra integridad y entra en el terreno de lo emocional, marcando nuestra toma de decisiones, se convierte en una sutil forma de esclavitud que puede llegar a definir nuestra vida.
¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo por miedo?
¿Cuántas decisiones hemos tomado guiados por el temor?
Probablemente, demasiadas. No en vano, el miedo es uno de los mayores obstáculos con los que topamos en nuestra vida. Y la parálisis física y mental que genera nos impide desarrollar nuestro verdadero potencial. Este intransigente carcelero impone límites a nuestras aspiraciones profesionales, a nuestras relaciones y a nuestra capacidad de vivir libre y auténticamente.
Y es que cuando vivimos bajo la tiranía del miedo, solemos vender nuestra libertad a cambio de seguridad. Así, optamos por tener un contrato fijo, una hipoteca y hasta un seguro de vida. Pero mientras insistamos en llenar nuestra existencia de certezas y seguridades, seguiremos siendo marionetas en manos del miedo. Aunque nos cueste reconocerlo, la existencia se asienta sobre la incertidumbre, el cambio constante y la falta total de control sobre nuestras circunstancias. Y sólo cuando somos capaces de aceptar toda esta inseguridad podemos reconectar con la verdadera libertad, que va de la mano de la responsabilidad personal.

El valor de la confianza
“La confianza en uno mismo es el secreto del éxito”, Ralph W. Emerson
El miedo manipula nuestra mente para proyectarse en el futuro, jugando con la especulación psicológica. Es un maestro utilizando la fórmula del “¿y si…?”, cuyas infinitas posibilidades, fuente de incertidumbre, pueden llegar a convertirse en un doloroso tormento mental. Así, estas ilusiones conceptuales nos alejan del momento presente y nos llevan a vivir en un escenario imaginario que acaba distorsionando nuestra verdadera realidad.
Los seres humanos desarrollamos infinidad de temores, entre los que destacan el miedo a la muerte, al rechazo, a la soledad, al fracaso, a la pérdida, a la libertad y al cambio. Estos temores toman forma en nuestro diálogo interno, y se sostienen sobre nuestro sistema de creencias. De ahí que el único modo de superarlos sea ahondando en nuestro interior. Si observamos en qué situaciones el miedo toma las riendas de nuestra vida, probablemente descubriremos que aparece cuando intentamos controlar aquello que no depende de nosotros, es decir, cuando nos centramos en el denominado “círculo de preocupación“.
Para romper este círculo vicioso es necesario trabajar la confianza, el único antídoto eficaz contra el miedo. Y es que cuando creemos en nosotros mismos somos capaces de focalizar nuestra atención en nuestra verdadera motivación, que nos empuja a seguir nuestro propio camino a pesar de los posibles riesgos. Este proceso nos ayuda a centrarnos en nuestro “círculo de influencia“, es decir, en aquello que sí depende de nosotros: la actitud que tomamos frente a nuestras circunstancias.

Más allá del miedo
“No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo con valentía”, Nelson Mandela
Vencer al miedo requiere valor. Y conectamos con el valor cuando vivimos en coherencia con nuestros propios valores, que nutren nuestra confianza. De ahí la importancia de descubrir quiénes somos, comprometiéndonos con nuestro desarrollo personal. Vivir con coraje nos lleva a salir de la cárcel de nuestra mente y nos ayuda a derribar la coraza que hemos tejido con nuestros miedos, creencias y carencias para “protegernos”. Esto nos permite tomar decisiones en consonancia con nuestras verdaderas inquietudes y necesidades, más allá del miedo.
El valor es la esencia de la libertad. No en vano, el verdadero coraje nos lleva a actuar a pesar de nuestros temores, liberándonos de nuestras limitaciones. La acción diluye el pensamiento, nos saca de nuestra “zona de confort” y nos permite ser auténticos. Así, actuar con valentía nos lleva a conquistar la verdadera libertad.
Los seres humanos a veces no somos capaces de controlar el miedo, pero siempre podemos decidir cómo comportarnos ante esa intensa emoción. Está en nuestras manos intentar dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento, actuando con valor y abrazando la incertidumbre como fuente de aprendizaje y crecimiento. Al fin y cabo, el enemigo natural del amor no es el odio, sino el miedo. De ahí la importancia de preguntarnos: ¿Qué haría si no tuviera miedo?

En clave de coaching
¿Cuál es tu mayor miedo?
Si se hiciera realidad, ¿qué es lo peor que podría pasar?

¿Qué pasaría si te enfrentaras a tus miedos?

Libro recomendado

“Anatomía del miedo”, de José Antonio Marina (Anagrama)

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