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dissabte, 31 de gener de 2015

Los espacios que habitamos cambian nuestra psique. Jader Tolja. La Contra de La Vanguardia.

Jader Tolja, médico, estudia como el entorno modifica nuestro entorno y nuestra mente.
Nací en Milán hace 59 años. He creado y dirijo un laboratorio de investigación en la Universidad de Bratislava. Investigo la relación entre el cuerpo, la mente y el espacio. Sin percepción corporal, si sólo hay mente, lo verdadero y lo falso son iguales, es lo que nos pasa en política

PENSAR CON EL CUERPO
Quería investigar corno el espacio que nos rodea, la cultura y la fisiología del cuerpo y el cerebro se influyen entre sí, cómo todas las formas de diseño, desde el urbanismo hasta la moda, nos cambian a nivel neurológico. Ha sido un largo camino. Realizó investigación clínica en los primeros departamentos de Medicina Ppsicosomática de Europa. Hoy es formador de Anatomía Experiencial (con varios libros publicados) y profesor de Body Conscious Design en la Domas Academy of Design en Milan y en otras universidades de diseño en Europa, Asia y América. Ha participado en el European Creativity Festival organizado en Barcelona por el Art Directors Club of Europe

La cultura: nuestra manera de pensar las ciudades, los objetos cotidianos, la moda..., redefinen nuestro cuerpo y nuestra manera de pensar.

¿Hasta qué punto?
Nuestro sistema nervioso está diseñado de tal modo que modifica el interior de nuestro cuerpo en respuesta al exterior. Cualquier estímulo externo, una plaza dura o la presencia de agua, provoca un cambio en el interior de nuestro cuerpo.

¿Cuál es el problema?
El problema es que los proyectistas desconocen el efecto que van a crear. Ante una plaza de cemento el sistema nervioso interpreta que está inmerso en algo duro y escoge una actitud de alarma, el cuerpo no se relaja, y sí lo hace en presencia de agua o tierra.

¿Hay estndios?
Sí. Sabemos, por ejemplo, que si desde la habitación de un hospital se ven árboles y verde, la persona ingresada es dada de alta tres días antes que la que no ve verde.

Curioso.
Un bosque nos permite no fijar la atención en nada particular, es armónico, y esto automáticamente lleva el sistema nervioso al lóbulo frontal derecho, al sentir. Si en el entorno hay muchos estímulos visuales, -viramos al lóbulo frontal izquierdo, el que focaliza.

La vida moderna nos lleva a estar bajo el mando del cerebro izquierdo.
Sí, cuando en realidad el cerebro izquierdo ha estado diseñado para estar al servicio del cerebro derecho, ¿Conoce a Perry Mason?

¿Puro cerebro derecho?
Sí, Mason tiene la visión de conjunto, y cuando necesita detalles manda a su ayudante, Paul Drake: el cerebro izquierdo. Hoy, nuestra educación, cultura y el diseño de los sistemas operativos nos convierten a todos en Paul Drake.

¿Qué tipo de sociedad crea eso?
Visual, incapaz de distinguir entre forma y contenido, y por tanto muy fácilmente manipulable. Ver el cielo estrellado nos permite entender que formamos parte de una coreografía planetaria. Si todo es selfie, fácilmente me creo el centro del universo.

Y usted estudia como evitarlo.
Investigo cómo intervenir a nivel cultural para rediseñar lo que nos rodea de manera que se adapte a nuestro sistema nervioso.

Se trata de cambiar el punto de vista
Sí, hay que diseñar a partir del cuerpo. En el diseño de interiores, si la decoración y los muebles son bajos y horizontales la sensación es de calma. Por el contrario, si hay muchos elementos altos y verticales nuestro sistema nervioso está más en alerta.

Podríamos llegar muy lejos.
Un espacio largo y estrecho nos lleva a una situación de alerta porque limita nuestras opciones de fuga. Un horizonte amplio nos proporciona sensación visceral de bienestar. Las ciudades y la mayoría de objetos están diseñados desde la teoría, la abstracción, la racionalidad, provocando situaciones de continuo esfuerzo físico y psíquico.

Eso se palpa.
Nos adaptamos a la arquitectura, a la moda, en lugar de adaptar la moda y el espacio a nosotros, y es un círculo vicioso: a mayor desconexión del cuerpo menor control del diseño, porque la gente pierde la capacidad de entender el precio que paga fisícamente.

Los tacones son un ejemplo.
Si observamos los pies, con sus 26 huesos y 36 articulaciones, no tienen sentido, pero no solo los 5 cm de tacón que atrofian los gemelos un 13%, sino cualquier zapato, porque no dejan espacio para distender de manera natural los dedos laterales. Ese diseño parte de una idea mental de lo que es un pie, de hecho se diseña a partir de un molde cónico de madera acabado en punta; lo contrario a un pie.

¿Qué provocan?
El cuerpo es una tensoestrucrura y al bloquear una articulación, otro lugar del cuerpo también se bloquea. Si uno camina con los pies contraídos no puede tener el resto del cuerpo relajado y libre, todo el cuerpo estará tenso. Pero el problema va más allá.

¿...?
La ansiedad es una expresión de un bloqueo de la respiración. Si el pie no tiene movilidad, se limita la respiración. Si ambos pies se mueven constantemente como dos bloques, inhibimos la alternancia de relajación y contracción entre los dos lados del cuerpo erradicando el concepto del dos en el cuerpo y en la mente.

¿Con qué consecuencias?
Por ejemplo no desarrollamos la capacidad de percibir al unísono las necesidades de dos personas diferentes y equivalentes. Percibimos que una debe adaptarse a la otra.

Hay que diseñar a partir del cuerpo.
La cultura está dominada por el cerebro izquierdo, por lo mental y abstracto, y toda su expresión, desde la educación hasta el vestir, nos coacciona. En la educación o en el deporte debemos partir de que el cuerpo funciona en base a un principio de placer.

¿Qué sería lo correcto?

Un proceso de humanización cultural, comprender cómo es nuestro cuerpo y nuestra psique; se trata de un proceso de educación somática. Hay que entrenarse a sentirse.


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