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divendres, 16 de gener de 2015

El legado del ejemplo a tus hijos. Marta Mejía. La Vanguardia.

Los padres dedican gran parte de su vida a dejar a la siguiente generación el máximo bienestar económico. Pero los hijos, desde pequeños, se quedan más con sus gestos, sus ejemplos y sus palabras. El auténtico legado empieza en vida
El diccionario de la RAE define herencia en sus diferentes acepciones: “Conjunto de bienes, derechos y obligaciones que al morir una persona, son transmisibles a sus herederos o a sus legatarios”, “Rasgo o rasgos morales, científicos, ideológicos, etcétera, que, habiendo caracterizado a alguien, continúan advirtiéndose en sus descendientes o continuadores” y, “Conjunto de caracteres anatómicos y fisiológicos que los seres vivos heredan de sus progenitores”.
“Al recordar su legado me vienen a la mente aquellas largas horas compartidas con mi padre. Horas de conversación y también horas de silencio en las que no hacía falta hablar porque estábamos juntos, acompañándonos, disfrutando de la música, de la lectura… recuerdo con nostalgia y con gratitud su amor y su apoyo. De él aprendí a tener paciencia, a reflexionar antes de actuar, a pensar en el bienestar de los seres queridos, y también a amar la naturaleza. Recuerdo con nostalgia tantos y tantos momentos de mi niñez y juventud, que marcaron para siempre mi forma de ver la vida, de disfrutar las cosas y de afrontar los problemas y dificultades. Le agradezco los bienes materiales que me dejó pero, más aún, sus enseñanzas y su ejemplo”, explica Cristina de 57 años, que junto con sus hermanas heredaron una considerable fortuna. Dejar bienes materiales a los hijos es la preocupación de la mayoría de los padres. Este deseo natural lleva a muchos progenitores a centrarse en la adquisición y gestión de dichos bienes y con frecuencia dejan por el camino el contacto, la comunicación. No tienen tiempo para más. Pero en la mayoría de los casos, los padres no serán recordados tanto por el dinero que ganaron o por el éxito en su carrera profesional y sí, en cambio, por el tiempo compartido, por las conversaciones, por las aficiones en común, por su actitudes y comportamientos, por el grado de afinidad y confianza, etcétera.
Los niños nacen con una remarcable herencia genética. Pero sus vidas son modeladas por la interacción con el entorno familiar y la cultura a la que pertenecen. El legado de los padres empieza en el momento mismo en que nacen los hijos; intencionadamente o no, se construye cada día. Todo cuanto ocurre desde entonces, todo cuanto ellos escuchan y ven en sus progenitores, va conformando lo que podríamos llamar su patrimonio emocional. En la memoria quedarán grabadas aquellas cosas que de una forma u otra les impactaron. Las imágenes del padre y de la madre se irán perfilando con sus aspectos positivos y negativos. Pasarán por las etapas de imitación, adoración y también de alejamiento y diferenciación, incluso de rechazo y de reconciliación. Pero en este proceso de aprendizaje por modelado, el apego emocional entre unos y otros y el tiempo que pasan juntos, en el que se atienden necesidades físicas y emocionales sirven para establecer un vínculo. Vínculo que sienta las bases para que los padres funcionen como ejemplos a seguir. El cerebro del niño almacena información sobre conductas y acciones para imitarlas en un futuro. Observarán y recordarán información tanto positiva como negativa.
Por mucho tiempo que dediquemos a explicar lo que está bien y lo que está mal, si esas palabras no coinciden con nuestro comportamiento habitual, de nada servirán. Los niños se concentran por naturaleza en las acciones antes que en las palabras. Niños y no tan niños, aprenden a descifrar los valores que realmente motivan las acciones en comparación con los valores sobre los que simplemente se habla. Necesitan coherencia entre lo que les decimos y lo que hacemos. Si les pedimos que sean ordenados, también debemos serlo nosotros, si queremos que sean leales, debemos serlo nosotros… pero si acostumbramos a gritar o somos impuntuales, seguramente ellos también gritarán y serán impuntuales… los padres son el primer y más importante modelo para los hijos. Si les queremos transmitir pautas correctas de comportamiento, de modo que actúen responsablemente, debemos ante todo, ser un buen ejemplo. Será importante respetar sus derechos, necesidades e intereses, sin llegar a permitir que hagan todo lo que quieran, ni facilitar que se conviertan en tiranos. Ellos necesitan límites firmes a fin de adaptarse a su entorno y a tener una visión real del mundo y de la sociedad a la que pertenecen.
Mercedes, de 61 años, ha decidido que no dejará bienes a sus hijos como herencia. Lo que deje deberá ser destinado a la educación de sus nietos. Considera que es importante asegurar, o por lo menos intentar, que éstos puedan acceder a un buen nivel de educación y sabe que sus hijos no estarán en condiciones de dársela. El dinero desaparece, los bienes materiales se malogran, pero el conocimiento jamás se pierde. Será importante que aprendan a aprender, fomentar su curiosidad y animarlos a que se hagan preguntas. El conocimiento proporciona herramientas para llevar a cabo las acciones que hacen posible cumplir con metas y sueños. De nada servirá, por ejemplo, heredar un negocio o un patrimonio si no se está preparado para gestionarlo. El aprendizaje de una profesión o un oficio, de idiomas, de nuevas tecnologías, etcétera, será una herencia que permanecerá en el tiempo. Y será preciso que sepan que la formación y la adquisición de conocimientos no finalizan cuando acaban los estudios, pues es indispensable actualizarse, reciclarse y adaptarse a los continuos cambios del entorno laboral y de la sociedad. También será importante que aprendan a que eventualmente tendrán que pasar a un plan B que requerirá el aprendizaje de nuevas disciplinas y conocimientos y de un cambio de rumbo profesional.
“En el último hoyo, de salida fui directo al agua; lo mismo hizo mi hijo de 21 años, lo mismo le ocurrió al de 14. Tras dejar los palos, me dirigí hacia donde estaban ellos y los vi charlando animadamente, inclinados uno hacia el otro; me paré a observarlos y me dije a mí mismo: “Este es mi legado como padre, no el dinero, ni el ‘futuro garantizado’; es el amor y complicidad entre hermanos y las aficiones que nos unen y nos permite disfrutar de metas comunes. Y cuando yo ya no esté, tendrán tantas cosas para compartir…”, explica Gerardo de 54 años. El tiempo que les dedicamos, jugando con ellos, desayunando, comiendo y cenando con ellos, acompañándolos en sus actividades extraescolares, durante los fines de semana, durante las vacaciones, durante los viajes, practicando juntos algún deporte o actividad de tipo manual, artístico o intelectual, haciéndoles partícipes en nuestras aficiones, será importante para atender a sus necesidades y para crear una historia común con nosotros y entre hermanos. Son muchos los que agradecen a sus padres el haber fomentado esta unión. Desde luego, este es un buen legado.
“Mi padre siempre decía que el mejor regalo que un progenitor puede dejar a sus hijos es inculcarles principios éticos de moral, justicia y equidad, además de valores como el respeto, la honestidad, la lealtad, la responsabilidad y otros. Dejar como herencia una imagen de rectitud y honradez cuando ya no esté, para que sus descendientes se enorgullezcan de su apellido”, explica Jaume de 66 años. En la sociedad occidental, muchos valores han cambiado o parecen haber caído en desuso, los espirituales han desaparecido prácticamente. La familia nuclear se ha desintegrado en gran medida y el impacto de la familia extensa también ha disminuido. “Nacemos humanos pero eso no basta: tenemos que llegar también a serlo” afirma Fernando Savater en su libro El valor de educar, Editorial Ariel, 2008. En ¿Cómo educar en valores en nuestra sociedad actual? y en la revista Contribuciones a las Ciencias Sociales, (2009), Nuria Otero Martínez agrega: “para moldear al ser humano se hacen necesarios valores como la tolerancia, la igualdad, el respeto…, el ser humano necesita que se le ‘dome’ y ese moldeamiento debe ser el adecuado y por ello desde la escuela se deben inculcar los principios básicos de la humanidad”. Savater agrega que “la educación ha perdido el norte y ha olvidado su objetivo fundamental: la formación de la personalidad”.
Pero es en el seno familiar donde se debe iniciar la educación en valores. No corresponde a los abuelos o al sistema educativo, ellos en cualquier caso los podrán reforzar. Y la formación en valores dura toda la vida, no es una asignatura que se cursa y se aprueba, es un aprendizaje continuo que se transmite de padres a hijos, como fuente primaria. Y es, el ejemplo la herramienta que mejor funciona. El ejemplo en tolerancia con la ideas, opiniones y creencias de los demás; el ejemplo en respeto por personas, animales y medio ambiente; el ejemplo en responsabilidad con nuestros deberes y obligaciones; el ejemplo en libertad como la facultad que permite al ser humano tomar decisiones y actuar según su inteligencia y voluntad, libertad que funciona cuando hay equilibrio entre los derechos y cuando las responsabilidades y las elecciones están de acuerdo con la conciencia; ejemplo en honestidad que implica sinceridad y cumplimiento de las obligaciones sin trampas o engaños; ejemplo en igualdad, evitando discriminar por origen nacional, raza, creencias religiosas, sexo u orientación sexual.
En gran parte, nuestros hijos son nuestro mejor legado; ellos son la siguiente generación. Y si de algo podemos estar seguros, es de que no siempre estaremos a su lado, un día faltaremos. Cuando esto ocurra, ¿Cuál será nuestro legado? ¿Qué les dejaremos para la posteridad? ¿Qué les estamos dando en el día a día? Estamos hablando de una herencia que se entrega en vida. 

UN ANUNCIO SORPRENDENTE
Coincidiendo con el espíritu navideño, IKEA lanza un emotivo anuncio titulado “La otra carta”. Se trata de un experimento con diez familias españolas en el que los niños son los protagonistas. En una sala, los facilitadores les piden a los pequeños que escriban su carta a los Reyes Magos. No tardan nada en poner los juguetes que les más les gustaría tener. Todo cambia cuando se les pide que escriban una carta a sus padres, con las cosas que les pedirían a ellos. En un principio se extrañan, pero empiezan a explicar lo que les pide a ellos: pasar más tiempo con mi padre, jugar más con mi madre, que cenen más veces conmigo, que nos hagan un poco más de caso, que me hagan cosquillas, que me lean un cuento, son algunos de sus deseos.
Al final del anuncio, se les pregunta a los niños por aquella carta que les gustaría que se entregara de verdad, sorprenden sus respuestas.
Un anuncio con mucho trasfondo, no solo por las verdades que refleja sino por ver la cara que se les queda a los padres al leer las cartas que les han escrito sus hijos.

En los comentarios a la noticia publicada por la agencia de comunicación Rayko Lorenzo, figura el siguiente: “Este spot nos recuerda lo que ya sabemos, aunque se nos olvida en la vorágine y obligaciones del día a día, que lo importante no son las cosas materiales que das, sino el tiempo que dedicas a las personas que quieres y te quieren. En definitiva esto es lo que pedimos no sólo los más pequeños de la casa, también los mayores, los abuelos, todos”.


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