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dilluns, 26 de gener de 2015

DESCUBRE TU FUERZA INTERIOR. Cristina Llagostera.

Las situaciones dramáticas o los grandes retos pueden ser una oportunidad para descubrir y movilizar nuestros mejores recursos.
Una niña de Guatemala conoce la pobreza y la discriminación racial. Cinco miembros de su familia, entre ellos su padre y su madre, son brutalmente torturados y asesinados por militares. De mayor, esta campesina analfabeta aprende a escribir para llevar un mensaje pacifista por todo el mundo. Tras años de lucha por los derechos humanos su labor es reconocida con el Premio Nobel de la Paz. Su libro llevaba por título: Me llamo Rigoberta Menchú, y así me nació la conciencia.
Ésta es tan sólo una de las muchas historias célebres de personas que consiguen sobreponerse y sacar lo mejor de sí mismas a raíz de una adversidad. Sin embargo, existen miles de historias anónimas dignas de la misma admiración. Individuos que se enfrentan al diagnóstico de una enfermedad grave con entereza, niños que tras sufrir traumas son capaces de triunfar y ser adultos felices, padres que ayudan a sus hijos a superar serias deficiencias, personas que convierten un acontecimiento doloroso en un impulso para ser mejores… Son ejemplos vivos de autosuperación, historias que nos fascinan y conmueven porque nos recuerdan que el ser humano tiene capacidad para sobreponerse a los golpes del destino.

UN DEPÓSITO DE FORTALEZA
Pero, ¿cuál es la fuerza que ayuda a algunas personas a superar poderosos obstáculos en su vida? ¿Se nace con ella o es posible cultivarla? ¿Cómo se logra conservar la esperanza cuando uno se siente totalmente desesperado?
Aunque todos tenemos en mente ejemplos, más próximos o más lejanos, sobre lo que significa mostrar fuerza interior, resulta difícil poner en palabras en qué consiste exactamente esa capacidad. Posiblemente se trate de una suma de ingredientes, tales como confianza en uno mismo, voluntad, constancia, esperanza, capacidad para actuar, resistencia, entrega... siendo el resultado de esta mezcla diferente para cada persona.
En las situaciones que suponen algún desafío es cuando más se puede activar esta capacidad. Justamente porque son momentos en que se pierde la seguridad externa que ofrecía la vida hasta entonces.
Posiblemente todos podamos evocar épocas en las que nos hemos sentido caminar al filo de un abismo, especialmente inseguros o con una sensación inminente de peligro, donde el único asidero disponible parecía ser la fe en la propia capacidad para atravesar esos momentos.
Decía Saint-Exupery: «El hombre se descubre a sí mismo cuando se enfrenta a los obstáculos». Ante la adversidad la vida adquiere toda su seriedad. Y es entonces cuando nos sentimos empujados a excavar en nuestro interior para sacar a la luz los recursos y capacidades soterrados, buscando esa fuerza que permitirá seguir adelante.
Conocer ese depósito de fortaleza no sólo servirá para acudir a él cuando aparezcan contratiempos, crisis o momentos difíciles, sino también para encarar los desafíos cotidianos con mayor confianza, sabiéndose capaz de seguir las propias aspiraciones.

LA FE EN UNO MISMO
El término resiliencia proviene de la siderurgia y alude a la propiedad de algunos materiales para soportar la presión sin romperse, doblándose con flexibilidad y recobrando después su forma original. Se trata de un concepto cada vez más utilizado en psicología, aplicado en este caso a la capacidad para resistir y superar las magulladuras de la adversidad.
Una experiencia traumática rompe la perspectiva vital de la persona. Produce una herida que puede ser más o menos profunda o dolorosa, pero que, en todo caso, cambia la realidad y la percepción del mundo. Una persona nunca es la misma después de una pérdida importante, de un abuso, de vivir de cerca la violencia, de pasar por una enfermedad potencialmente mortal... Su principal tarea a partir de entonces será aprender a vivir con esa experiencia en su memoria y sanar la herida para que pueda cicatrizar sin dejar secuelas irreparables.
Ciertas personas muestran una mayor capacidad para hacer frente a los reveses, consiguiendo incluso dar un giro a esas experiencias para convertirlas en una fuente de riqueza y fortaleza. Pero la resiliencia, más que patrimonio de unos pocos, algo que se tiene o no se tiene, es una cualidad que es posible construir.

HALLAR UN SENTIDO
¿Cómo se moviliza esa fortaleza interior? Según los estudios sobre resiliencia, para que alguien pueda creer en sí mismo es indispensable que antes otras personas hayan creído en él. Se ha comprobado que individuos con historias terribles, con carencias enormes, eran más capaces de sobrellevar su situación si en algún momento de su vida habían contado con una persona, aunque tan sólo fuera una, que les hubiera ofrecido reconocimiento y afecto de manera incondicional.
Construimos nuestra identidad y, por lo tanto, también nuestra fortaleza, en interacción con las personas de nuestro entorno. Ningún bebé puede sobrevivir sin cariño y que de mayores nos sintamos capaces depende, sobre todo, de que los demás nos hayan devuelto una imagen competente de nosotros mismos. Pero superar una situación muy adversa requiere un proceso en el que intervienen ante todo el esfuerzo o la tenacidad de la persona.
En momentos especialmente difíciles, en que la fuerza flaquea, el único poder que parece tener la persona es aceptar la situación, por terrible que sea. Sólo a partir de este rendimiento pueden cesar la lucha y la rabia contra la situación, que quizás en otro momento le ayudaron a sentirse fuerte, pero ahora sólo la estancan en la impotencia y el sufrimiento.
Aceptar, sin embargo, no significa consentir, abandonarse o negar la herida o el reto. El problema existe, y uno no puede retroceder, aunque quiera, al lugar donde se hallaba antes. Se trata de saber qué hacer con eso, y cómo convertirlo en una oportunidad para ser mejores.
Una de las llaves para lograrlo es empezar a hallar un sentido a lo que se está viviendo, o lo que se vivió en un pasado. En cuanto alguien empieza a relatarse su propia historia toma distancia de la situación y surge un hilo, una razón, que le puede ayudar a sobrellevar mejor el momento presente.
Según Nietzsche, «quien encuentra un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”. Rescatar este sentido sobre la propia vida implica mirar hacia el futuro, tener esperanza en el porvenir y en que se pueda extraer de esta vivencia una utilidad.

ADUEÑARSE DEL DESTINO
Viktor E. Frankl, un psiquiatra vienés, profundizó durante años en su experiencia en un campo de concentración nazi para ayudar a otras personas a encontrar un sentido que aportara un horizonte a sus vidas. Tras meses de trabajos forzados, humillaciones y contacto directo con la muerte, tomó conciencia de lo que denominó «la libertad última del ser humano». Se percató de que lo único que sus carceleros no podían arrebatarle era la voluntad de elegir su actitud ante tales circunstancias.
Frankl observó que, en situaciones límite, los individuos podían pasar a ser juguetes de la situación, dejando aflorar su faceta más ruin, independientemente de que fueran presos o carceleros. O, en cambio, mantener su integridad a pesar del sufrimiento, lo cual les permitía crecer a nivel humano y espiritual.
En definitiva, lo que descubrió Frankl  fue que de cada uno depende lo que llega a realizar con las circunstancias que le toca vivir. Esta convicción puede resultar incómoda, o incluso suponer un sufrimiento añadido, dado que ya no es posible culpar a la situación, complacerse en el lamento de la propia desdicha o abandonarse a una actitud resignada. Pero, precisamente, este sentido profundo de responsabilidad, aunque comporte un peso añadido sobre los hombros, es lo que puede hacer que una persona se sienta dueña de su propio destino y no un mero objeto a merced de las circunstancias.

CAMINO DE HÉROES
Aunque no se vivan circunstancias tan extremas, igualmente la actitud que se adopta ante lo que sucede puede marcar el rumbo de la situación. Muchas veces no podemos cambiar lo que nos toca vivir, pues con frecuencia la vida nos depara sorpresas poco agradables o plantea desafíos que asusta encarar. La fortaleza empieza a surgir cuando asentimos a lo que está sucediendo, incluso reconociendo el miedo, y aceptamos esa prueba. ¿Acaso existe otra alternativa?
Los héroes no nacen, sino que se hacen. Para llegar a serlo necesitan haber tenido el valor de adentrarse en territorios desconocidos, haberse topado con obstáculos importantes y superar las pruebas encontradas a su paso. De la misma forma, la fuerza interior no se descubre al inicio del camino, sino que se desarrolla y fortalece a medida que vamos avanzando por él y asumiendo los retos que surgen.
La voluntad de aceptar lo desconocido, o lo que no depende enteramente de nosotros, es lo que nos da valor. Podemos tropezar, caer, perdernos... y, sin embargo, volver a levantarnos conservando la fe en nuestra capacidad para continuar. De esta forma, cuando miremos hacia atrás y divisemos el camino recorrido, quizá podamos apreciar el valor de nuestros actos y estar orgullosos de no habernos desalentado.
Poco antes de morir, Indira Gandhi dijo: «Es un gran privilegio haber vivido una vida difícil». Si hay algo que agradecer a las adversidades, a los contratiempos o los retos, es que, aunque no nos guste toparnos con ellos, son una gran ayuda para descubrir y desarrollar la fuerza que cada persona alberga en su interior.
En los momentos en que necesitemos encontrar esa fuerza podemos recordar que si tenemos miedo, hallaremos firmeza en nuestra voluntad. Si dudamos,  la decisión nos dará poder. Y si tememos fracasar, podemos dejarnos guiar por la fe en nosotros mismos.

ACTITUDES PARA MOMENTOS DIFÍCILES
La actitud tiene el poder de transformarlo todo. Incluso en las situaciones más difíciles podemos hacer algo para sentirnos mejor:

ACEPTACIÓN: Aceptar el momento que se está viviendo, por muy difícil que sea, implica no gastar más fuerzas en luchar o renegar de la situación. Sin embargo, para llegar a la aceptación a menudo se necesita pasar por un proceso de cambiantes emociones.
HUMOR: Incluso en las situaciones más terribles se puede encontrar lugar para el humor. Tiene un efecto liberador y nos ayuda a tomar distancia de la situación y restarle dramatismo.
RESPONSABILIDAD: Sentirse dueño de la actitud con la que decidimos encarar las situaciones, implica también buscar y centrarse en las áreas en las que uno tiene control o capacidad de cambiar cosas, y dejar de esforzarse en las que esto no es posible.
CONFIANZA: Tanto en uno mismo y en las propias capacidades, como en el camino individual que se está recorriendo.
REALISMO: Mantener los pies bien asentados en la tierra para calibrar de manera realista nuestras posibilidades, sin caer en una visión demasiado esperanzadora o idealizada, ni excesivamente negativa.

CONECTAR CON LA FUERZA INTERIOR
Proponemos una serie de herramientas útiles para conectar con la fuerza que nos permite afrontar los retos con mayor confianza y seguridad: 
DESCUBRIR NUESTROS TALENTOS: Todas las personas tienen aptitudes especiales. Conocerlas y apreciarlas es esencial para poder desarrollarlas y tener mayor confianza en uno mismo.
  • ¿Cuáles crees que son tus mejores cualidades? ¿Qué destacan otras personas de ti?

CREER EN NUESTROS VALORES: Uno se siente más sólido si sus acciones refuerzan y están en concordancia con sus principios y valores.
  • ¿Qué es lo verdaderamente importante para ti?
  • ¿Qué da sentido a tu vida? ¿La forma en que vives refleja tus valores?

EXPECTATIVAS REALISTAS: A la hora de enfrentarse a retos es importante partir de unas expectativas que se correspondan con la realidad. Una visión excesivamente fatalista incrementa el miedo y el estrés, pero si es demasiado esperanzada podemos exponernos a decepciones importantes. Procura detectar cuál es tu tendencia para poder equilibrarla.
Ante una situación novedosa o difícil, pregúntate: 
  • ¿qué capacidades pueden serme útiles en esta situación? 
  • ¿Qué obstáculos exteriores puedo hallar? 
  • ¿Qué dificultades propias tengo que superar?

VISUALIZACIONES: La mente tiene mucho poder. Imagínate consiguiendo aquello que deseas. Intenta visualizar los detalles y estar especialmente atento a tus sensaciones. De esta manera empezarás a crear en tu mente lo que quieres conseguir.
AFIRMACIONES POSITIVAS: Muchas veces el discurso interior es totalmente negativo y limitante. Nos repetimos: “no soy capaz”, “no soy lo suficientemente fuerte”. Se trata de mandar mensajes positivos y constructivos, del estilo “soy capaz de afrontar esta situación”. El lenguaje tiene la capacidad de modificar la realidad.


Cristina Llagostera, Cuerpomente 162.

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