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divendres, 23 de gener de 2015

¿Por qué tropezamos siempre con la misma piedra en las relaciones amorosas?. Psicologiaymente.

¿Cuál es el denominador común que nos hace enamorar y escoger a una persona en particular para que sea nuestra pareja? Esta pregunta parece muy simple, pero muchas personas afirman que realmente no saben el porqué escogen a una persona u otra. Dicen que quizá se guían al principio por unas determinadas  características  -físicas o no- que les llaman la atención o algún rasgo de personalidad o simplemente  se guían por una intuición.
Es curioso que muchas personas, tras romper con una relación insatisfactoria, caigan en una situación parecida una y otra vez al cabo del tiempo. Esta situación es debida a que hay un denominador común en estas relaciones, se enamoran de una persona muy similar a su ex pareja y eso lleva a repetir el mismo patrón. Por lo tanto, eso genera situaciones y conflictos muy parecidos en relaciones distintas -pero no tan diferentes las unas de las otras-.
Los estudios científicos dicen que las personas tienden a relacionarse con sus parejas de forma parecida a como aprendieron a relacionarse con sus padres durante su infancia. Dependiendo de eso se puede encontrar un gran abanico de posibilidades relacionales. Si las relaciones con sus padres fueron positivas, sanas y satisfactorias tenderán a buscar parejas similares a sus padres -en la manera de relacionarse y comunicarse entre ellos-.
En cambio, si las relaciones con los padres fueron más bien negativas, conflictivas e insanas, tienden a repetir esos patrones relacionales en futuras parejas. ¿Y por qué pasa eso?
Eso se debe a que en las relaciones parentales se crearon unas inseguridades, unos miedos y unas necesidades emocionales  que dejaron, de alguna manera, esa marca emocional que los suele acompañar a lo largo de la vida. Pueden buscar personas que aparentemente parezcan distintas a esas figuras, pero que inconscientemente tienen algo en común. Eso es debido a que intentan hacer mejor lo que los padres hicieron mal- o lo que podría mejorarse-.
Son personas que al principio de una nueva relación se relacionan de manera positiva y sana. Pero que con alguna otra dificultad o problema en pareja -que siempre aparecen con el tiempo- hacen que salgan a flote esas inseguridades y miedos. Eso les hace volverse absorbentes, desconfiados, distantes, etc., que es lo que aprendieron de la manera en la que se relacionaban con sus padres. Llegados a este momento se sienten decepcionados con su pareja, por ser completamente distintos a lo que ellos conocieron de esa persona en el inicio de esa relación. Y no es verdad que sean distintas personas -la del principio con la del final de la relación- sino que, en los inicios, se relacionaban de una manera más sana, más positiva y eso cambia cuando en uno de los dos integrantes o en ambos se activan esos miedos por alguna razón. Empiezan a relacionarse desde la inseguridad y el miedo, que eran los patrones que aprendieron y registraron en su infancia.
Hablamos de que se tiende  a seguir los patrones que se aprendieron en la infancia, pero nadie dice que esos patrones no puedan modificarse. Si uno se da cuenta de que esos patrones lo llevan a ser infeliz con la elección de sus compañeros de viaje en la vida, deberá hacer alguna cosa para salir de esa situación. Con mayor o menor dificultad puede modificar algunas cosas para que esa reincidencia en la búsqueda de patrones erróneos de pareja varíe, se modifique y llegue a desaparecer.

¿Cómo podríamos cambiar esos patrones reincidentes y problemáticos?
Para salir de esa reincidencia en la búsqueda de patrones de relaciones complicadas tenemos que:
1. Identificar nuestros miedos: pensar qué nos hace más miedo cuando estamos en una relación y pensar por qué puede que nos sintamos así (relaciones parentales en la infancia, alguna ruptura amorosa no superada, etc.)
2. Semejanzas entre las relaciones que has tenido y cuáles son los problemas que tiendes a vivir con tus parejas. De esta manera identificarás cuales son las cosas que tienes que trabajar de manera individual.
3. Superar los miedos: no tener miedo a que sucedan las cosas antes de que sucedan. Pero que no sean esos miedos los que te lleven a propiciar situaciones que te hagan sentirte incómodo/a o infeliz.
4. Tener confianza en ti mismo/a y valorarse (Conocerse a uno mismo): tenemos que tener en mente que toda persona tiene una serie de virtudes y defectos (en mayor o menor medida). Ser consciente de ello te puede hacer valorar tus actitudes y comportamientos. Esos comportamientos se pueden trabajar y potenciar. No debes pensar que tu felicidad depende de la persona que tienes a tu lado (que ayuda o la potencia) pero tú mismo debes sentirte bien y feliz por ti solo.
5. Ampliar horizontes: descubrir que hay personas interesantes que salen de “los patrones en que te sueles fijar” y que te pueden aportar muchas cosas. Ampliar el tipo de persona en la que te sueles fijar, tanto a nivel físico como a nivel personal.

Texto de Xantal Sinapsis. Graduada en Psicología por la Universidad de Barcelona. Psicóloga clínica y Reeducadora infanto-juvenil.




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