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dimecres, 21 de gener de 2015

EL PICAPEDRERO. Fábula

Había una vez, un picapedrero que estaba insatisfecho con él mismo y con su situación de vida. Un día, cuando pasaba por la casa de un acaudalado comerciante vio, a través del portón, exquisitas pertenencias y visitantes distinguidos:
-¡Qué poderoso debe ser ese hombre! ¡Quién pudiese ser como él!
Ni bien lo pensó, se convirtió en el acto en dicho hombre. Así comenzó a disfrutar de lujos que nunca antes había imaginado. Y también fue blanco de envidia de otros.
Al poco tiempo, se encontró en la calle con un séquito que acompañaba a un alto funcionario del gobierno, con varios guardaespaldas, a quien la gente se detenía para observar admirada. Nuestro picapedrero, ¡perdón! Rico comerciante, deseó ser ese personaje con tanto poder y dinero ¡y lo fue!
Así se encontró al cabo de unos días en medio de un acto oficial, emperifollado con un fino uniforme, muerto de calor mientras el sol le daba de lleno:
 - El sol sí que es poderoso, ¡doblega a un alto oficial!
Y al pensar así, se transformó en el sol, que brilló ferozmente sobre campos y trabajadores, sobre ciudades, pueblos y bosques. Sin embargo, cuando estaba disfrutando de su poder, una nube negra se posó entre él y la Tierra, y sólo esto le bastó para desear ser la oscura nube. Con este deseo se convirtió en nube. Así lanzó toneladas de agua a su paso, llenó cauces de ríos secos, inundó comarcas, ahogó cultivos haciendo alarde de su fuerza...
Hasta que un fuerte viento le cortó la diversión lanzándolo al medio del océano, pues su próximo deseo fue ser viento. Y viento fue, sopló en todo su rigor levantando techos de moradas, destruyendo poblados, fue temido como nunca. En medio de su actividad, observó algo que se mantenía inamovible ante su furia: Era una gran roca, masiva, enorme.
-¡Quiero ser esa roca! ¡Y al fin seré lo más poderoso de la Tierra!
Y fue así como la roca sintió el ruido acompasado de un martillo hundiendo el cincel en su duro corazón. 

La roca estaba siendo alterada... y a su lado se encontraba nada más ni nada menos, que la figura diminuta de un picapedrero...

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