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dissabte, 3 de gener de 2015

"Cuánto tiempo hace que no abrazas a tu madre?". Luis Galindo. la Contra de La Vanguardia.

Luis Galindo. Físico y psicólogo, lider del movimiento Reilusionarse.
Tengo 56 años. Nací en Zaragoza y vivo en Madrid. Casado, tengo dos hijos. Soy formador y conferenciante en motivación y liderazgo. Los políticos deberían propiciar ambientes en los que las personas saquen lo mejor de sí mismas. Soy católico practicante.

LO BUENO
Reilusionarse es un movimiento que se resume en un libro (ReIlusionarse, Alienta Editorial) y que tiene 70.000 seguidores en la red. Su impulsor, adalid del optimismo inteligente, da conferencias por medio mundo e imparte seminarios de motivación y liderazgo a empresas (comité de dirección del Grupo Santander, de La Caixa, Telefónica, Garrigues, Microsoft, Zurich, BMW, Volvo...). Habla tan deprisa que a veces no le entiendo. "¡Es usted un nervio!", le digo (hace tres años sufrió un infarto). "Digamos que soy intenso y, con o sin infarto, sigo dando el cien por cien, porque necesito sentirme orgulloso de lo que hago. Urge poner en valor todo lo bueno que tenemos".

La resignación es un suicidio cotidiano. .

...o un signo de madurez.
Déjeme que le cuente una historia.

Adelante.
Cada mañana, Emilio, un barrendero de 48 años, hacia su recorrido con la escoba por el barrio madrileño de Las Tablas. Cuando pasaba frente a la valla del colegio a la hora del recreo cantaba acompañado de su escoba la canción. de Bob Esponja.

¿Los niños le coreaban?
La respuesta era entusiasta, le esperaban. Un día alguien lo grabó y colgó su show en la red, y Emilio se hizo famoso y optó por volver a la discreción.

¿Ya era tarde?
Sí, en Twitter clamaban por su vuelta, reclamaban la necesidad de su actitud "El barrendero ya no canta", se lamentaban. Y los niños seguían esperándole.

Debía de estar aterrorizado, el pobre Emilio.
Temía que el Ayuntamiento de Madrid le despidiera, pero no fue el caso. "Yo también echo de menos a los niños", confesó cuando RTVE le localizó. El hombre no canta muy bien, y la calidad de la grabación era bastante mala, pero llamó la atención por su ternura, inocencia y alegría. Y ahí sigue cantando con su escoba.

La alegría es muy contagiosa.
Y también el sinsentido. En esta sociedad casi hay que pedir perdón si estás contento con tu trabajo, si estás enamorado de tu pareja, si te gusta tu vida... Lo malo pesa demasiado.

...y eclipsa lo bueno.
Sí, como el millón y medio de personas que diariamente hacen voluntariado en este país, muchos de ellos con pocos recursos. A esa gente nadie le aplaude.

Que reciban nuestro aplauso.
Llevamos veinte años siendo líderes mundiales de trasplantes de órganos, y eso quiere decir que este país es generoso. Somos un pueblo extraordinario con gente extraordinaria.

Pues algo falla.
Yo vengo del mundo de los recursos humanos, y cuando me preguntan si una empresa tiene futuro, lo primero que hago es analizar el capital humano, y España tiene millones de personas competentes, lo que hace falta es que la gente que las dirige, tanto en el ámbito político como en el empresarial, sea un ejemplo. Hay que regenerar a los de arriba.

¿Cómo?
Hay que trabajar los valores, y empezar por uno mismo. El ser humano necesita sentir que lo que hace tiene sentido, yo en las grandes compañías no veo a nadie con brillo en los ojos, y voy a las monjitas de San Juan de la Cruz y lo veo. ¿Por qué, si son bajitas, feas y gorditas, y encima trabajan sin cobrar?

...
Hemos creado organizaciones muy productivas, pero sin alma. Hay que vivir con pasión.

Pasión todo el rato es un estándar un poco alto.
Cuando Nelson Mandela llevaba 13 años de condena y le quedaban 14 más -que cumplió-, escribió: "No podrás vivir con auténtica pasión si te conformas con llevar una vida que es menos de lo que eres capaz de vivir". Si puedes llevar una vida de pareja de 7, no te conformes con un 6; si puedes ser una hija de 6, no seas una hija de 5; si puedes ser una madre de 8, no lo seas de 7, si puedes ser un profesional...

Entiendo.
A menudo somos tacaños con nuestra vida Damos mucho menos de lo que podemos dar, y estoy hablando de ternura, comprensión, amabilidad y amor. A muchos ejecutivos de primer nivel les pregunto: "¿Cuánto tiempo hace que no abrazas a tu madre?".

“Y”
Demasiado tiempo, les da apuro.

Ya.
Hay que entrenarse. Luchar contra la resignación. Detesto esa frase: "Es que yo soy así"... ¡Ponte las pilas, cabrón!

Ssssssh.
El ocio también hay que cuidarlo. Hav una gran diferencia entre el ocio pasivo y el ocio activo. No tiene nada que ver poner ilusión: ";El domingo madrugamos y nos vamos a caminar!" o "¡Vamos al mercado, compramos y preparamos un arroz buenísimo!", que hacer zapping delante de la tele o echar la tarde en un centro comercial.

Pensar cansa.
El 80 por ciento de la gente practica el ocio pasivo, consumen su fin de semana, es un ocio que te deja vacío.

La ilusión es un bien escaso.
Es un motor importantísimo: cuando hablas de futuro con ilusión, mañana o el año que viene, el cerebro produce endorfinas. Y otra cosa: ser amable es muy rentable.

Dicho así...

Cuando somos agradecidos, la huella perdura en la zona prefrontal izquierda del cerebro (donde guardamos los pensamientos positivos) seis meses después. Es un estudio de Robert Edmon, que lleva 40 años investigando el agradecimiento, y concluye que las más felices son las personas agradecidas.


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