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diumenge, 18 de gener de 2015

“No permitas que una discapacidad te defina”. Ignasi Cambra. La Contra de La Vanguardia.

Ignasi Cambra – Pianista
Tengo 25 años. Nací en Barcelona y estoy viviendo en Nueva York. Soy concertista de piano, y lo seré mientras disfrute. Estoy soltero. ¿Política? Me la tomaré en serio cuando lo hagan los políticos. ¿Creencias? No practico. Prefiero la hondura expresiva al virtuosismo técnico.

Mientras toca, ¿qué hace su perro guía?
Duerme.

¿Buena señal?
Sí. Al anterior le disgustaba una sonata de Scarlatti: si la tocaba, se levantaba y se iba.

¿Le acompaña el perro a los recitales?
Antes sí. Hasta que un señor me confesó en California que se distrajo todo el recital mirando al perro cómo dormía, sus pequeños sobresaltos al soñar...

¡Competencia desleal!
Podría sacarle partido: ¡el enternecedor show del pianista ciego con su fiel perro guía, que le inspira! Pero no, yo busco otra cosa. Y ahora me duerme en el camerino.

Y ¿qué busca al piano?
Profundidad, expresión, decir algo sobre la pieza que interpreto, transmitir emoción, compartir la experiencia del momento.

¿Qué dice el público de su talento?
Pregúnteles, yo no atiendo a eso. Es innecesario. Si me analizas mientras toco, ¡no escuchas! Dime sólo cómo lo has pasado.

¿Qué pianista le gusta a usted?
Los que transmiten algo, Sokolov, Pollini... Cortot, de mayor, hasta olvidaba las notas correctas, pero te contaba cosas. Lang Lang es alucinante con los dedos, pero... ¿Y? Él está escondido por ahí detrás.

¿Adónde querría llegar con el piano?
Mi ambición no pasa por llegar a nada que no sea estar contento mientras toco. Si disfruto tocando, alguien vendrá. No soy un obseso de la perfección ni seguiré por inercia.

¿Cómo empezó?
A los seis años: mi madre vio que me gustaba y me apuntó. Y ha seguido gustándome, y hoy tengo la suerte de que me llaman para tocar... y me divierto haciéndolo.

¿Ser ciego dificultó su formación?
Leía en braille las partituras, una para cada mano. Ciego o no, se trata de que tus dedos memoricen la pieza.

Sobre esto me contó Alicia de Larrocha algo memorable...
Admirable pianista, llevó a los compositores españoles al mundo... ¿Qué le contó?

Me dijo: “Mientras toco pienso en la lista de la compra”.
Cierto, a veces tu cerebro desconecta de los dedos... ¡y tocas mejor que nunca! Por mucho que controles, siempre hay un margen incontrolable. Por eso tenemos manías.

¿Qué manías?
Alexander Toradze, antes de salir a tocar se arrodilla y reza. Él es magistral, pero ante ese margen de error, pide ayuda a Dios.

¿Alguna otra manía de pianista?
Algunos se niegan a tocar si no es con su propio piano, como Krystian Zimerman, que viaja a todas partes con su piano y con su afinador de piano. Yo no tengo manías.

¿Qué compositores prefiere tocar?
Los que expresan emociones hondas, como Brahms al final de su vida.

¿Qué debe tener un pianista para ser muy bueno?
Mucha perseverancia. Y autoconfianza. Y que te guste mucho tocar. Es una empresa exigente, y si no la vives, no avanzas.
Dicen que dedicándole a una actividad más de 10.000 horas, ¡virtuoso! Bien, ¿y qué? Se trata de transmitir algo al que escucha.

De no dedicarse al piano, ¿qué haría?
Empecé a cursar Empresariales e Ingeniería Informática, pero para no hacerlo todo a medias, me concentré sólo en el piano. Me gustan los ordenadores, la informática, montar y desmontar artilugios... Y soy adicto a la información, todo el rato estoy pendiente del móvil.

Pero no ve la pantalla.
Es un móvil adaptado, claro: hay aplicaciones que pasan a voz todas sus funciones.

¿La ceguera ha afinado su oído?
Es lógico que haya prestado máxima atención al mundo mediante mi oído, pero no mediante mi olfato, que es un desastre.

¿Le ha pesado su ceguera?
Sólo cuando se me cae un objeto al suelo, ja, ja. No: nací así y no puedo comparar.

¿Aceptaría ver, si fuera posible?
Por curiosidad, sí, pero sin creerme que ver tenga que ser algo mejor que no ver.

¿La ceguera le ha limitado?
No, porque no hay más discapacidad que la que uno mismo se autoimpone, ¡y yo nunca me he cerrado puertas! Qué delicada es, por eso, la discriminación positiva.

¿Por qué?
No sabes si estás por tus méritos o por corrección política. Pasa eso con las cuotas de género, de raza, de discapacidad...

Todos tenemos alguna discapacidad, sí.
¿Quieres ver un ciego que toca el piano? Pues ven. Me da igual por lo que vengas. Pero si el concierto es malo, ¿volverás? No, claro. Aconseje lo que quiera a quien se sienta discapacitado. Tú no eres sólo tu discapacidad: no permitas que ella sola te defina. Ya sé que es difícil, porque nos gustan tanto los clichés...

¿Cómo ve nuestra música?

Veo que aquí no apostamos por la cultura musical. La música forma la mente del niño, la lógica, la sensibilidad... pero como los políticos no ven ahí ningún rédito electoral inmediato, pues no hay manera.


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