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divendres, 30 de gener de 2015

Lo que yo cargo conmigo.

Aquel profesor era un hombre comprometido y estricto. Era conocido por sus alumnos como un hombre justo y también comprensivo. Aquel día de verano, al terminar la última clase del año académico, mientras el profesor organizaba unos documentos en su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y con actitud desafiante le dijo:
-Profesor, no sabe cuánto me alegra haber terminado ya las clases para dejar de oír tonterías y de aburrirme en esta asignatura.
El alumno se quedó de pie, con la mirada arrogante, esperando la reacción de su profesor. Suponía que éste se sentiría ofendido y que sus palabras lo iban a herir. Mientras tanto, iba mirando y mostrando una media sonrisa a los compañeros que quedaban dentro del aula y que se quedaron a la expectativa de lo que sucedía. El profesor miró a su alumno un instante y con la palabra pausada y suave le preguntó:
-Dime una cosa, cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?
El alumno, desconcertado, por la pregunta inesperada le respondió, aunque despectivamente:
-¡Por supuesto que no!
-Así pues -prosiguió el profesor-, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia o rencor, que puedo decidir no aceptar.
-No entiendo a qué se refiere -dijo el alumno, aún más confundido.
-Muy sencillo -replicó su profesor-, tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo. Y para decirte la verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad.
El alumno lo escuchaba sorprendido.

-Muchacho -concluyó el profesor-, tu rabia pasará, pero no intentes dejarla conmigo porque a mí no me interesa. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargue con el mío.

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