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diumenge, 29 de març de 2015

"Si entiendes, las cosas son así. Si no entiendes, las cosas son así". Frases para cambiar vidas.

Autor: Proverbio Zen
El Zen es una escuela del Budismo Mahāyāna. La palabra Zen es la pronunciación en japonés de la palabra china Chán (), que a su vez deriva de la palabra sánscrita Dhyana, que significa aproximadamente "meditación" o "estado meditativo". El Zen busca la experiencia de la sabiduría más allá del discurso racional.
El Zen emergió desde distintas escuelas de Budismo y fue difundido primero en China, en el siglo VII, para luego propagarse hacia el sur, a Vietnam y hacia al este, a Corea y Japón.
El Zen es, por otra parte, una de las escuelas del budismo más reconocidas y apreciadas en Occidente, como un recurso espiritual  para encontrar un camino que enseñe al hombre moderno a liberarse del seductor engaño de los sueños, la ambición o de los estímulos de la publicidad, como únicos orientadores de su actividad.
El Zen recoge una sencillez de principios, de difícil transmisión a través de las palabras, que trata de rescatar al hombre del sufrimiento de la existencia. La doctrina Zen subraya los siguientes fundamentos de su enseñanzas:
- La recuperación de la simplicidad y de la sencillez.
- La posibilidad de hallarlo todo, paradójicamente, al perderlo todo.
- Un especial entusiasmo en la riqueza del vacío.
- La inexistencia de un principio y un fin. Tan sólo existe el vacío.
En resumen, el Zen trata de ser una reconciliación de la persona con el ser sensible y con el cosmos, a través de un estado de "desprendimiento" y "ausencia" de deseos a la vez espiritual y psicológico. Para el Zen vaciarse significa darse cuenta de que realmente no se tiene nada y que nunca se ha tenido nada. Nada que ganar y nada que perder, nada que dar y nada que recibir; ser exactamente así de pobre y, sin embargo, ser rico en posibilidades inagotables.

12 preceptos Zen
Hay doce puntos fundamentales y básicos para llevar una vida parecida a los monjes Zen sin necesidad de tener que convertirse en uno de ellos:

1. Una cosa cada vez. Es parte de la vida de un monje Zen, una tarea, nada de multitareas. Un proverbio Zen dice "cuando camines, camina. Cuando comas, come"
2. Hazlo pausadamente y con propósito. Aunque hagas una cosa cada vez, pueden realizarse aleatoriamente y con precipitación. Por el contrario, tus acciones deberán ser razonadas y realizadas con pausa, así ganarás en concentración.
3. Hazlo de forma plena. Centra tu mente en la tarea y complétala antes de pasar a la siguiente. Si algo queda inacabado, aparta la tarea completamente no dejando ningún resquicio. Si preparas un bocadillo, no lo comas hasta que hayas recogido y limpiado todo lo que utilizaste para prepararlo.
4. Haz menos. Un monje Zen no tiene una vida perezosa. Se levanta pronto y trabajada durante todo el día, pero no genera una lista de tareas sin acabar. Realice las tareas que realice serán esas y ninguna más. Menos tareas significa poner tu atención en ellas y las realizarás plenamente. Muchas tareas programadas harán que saltemos de una a otra rápidamente sin pensar y sin concentrarnos en ellas.
5. Espacia las tareas. Disponer de tiempo entre tareas te ayudará a concentrarte en ellas y te facilitará completarlas. Una programación relajada ayudará a finalizar tareas que se alarguen disponiendo del tiempo que necesario para finalizarlas.
6. Desarrolla rituales. Los monjes Zen tienes sus propios rituales para las tareas que realizan, desde comer a limpiar o meditar. Eso les ayuda a darles la máxima atención y a que sean realizadas, con pausa, correctamente. No tienes que seguir ningún ritual, crea tus rutinas propias para cada tarea que realices: preparar comida, limpiar, despertarse o acostarse o hasta como prepararse para el ejercicio.
7. Asigna tiempo para ciertas tareas. Hay tareas diarias que requieren un horario específico. Determina el tiempo para el aseo, para trabajar, para limpiar o para comer. Esto asegura que las tareas sean realizadas regularmente. Si para ti una tarea tiene la importancia suficiente para realizarse con regularidad, asígnale el tiempo necesario.
8. Dedica tiempo a sentarte. Una parte fundamental de la vida del monje Zen es la meditación sentado (zazen). Esto requiere designar un tiempo simplemente para sentarse. La meditación es práctica, ayuda a encontrarse, pero no hay por qué realizarla cuando estés sentado. Hacer ejercicio puede ser una buena práctica para centrarse en uno mismo, cualquier actividad te puede ayudar a encontrarte.
9. Sonríe y ayuda a los demás. Los monjes Zen dedican parte de su día al servicio a los demás. Esto enseña humildad y aleja el egoísmo de sus vidas, que se orientan al servicio. Dentro de la familia o fuera, puedes dedicar ese tiempo a los demás. De igual forma, sonreír y ser amable con todo el mundo ayuda a mejorar la vida de los que te rodean. Considera unirte al trabajo voluntario.
10. Haz que limpiar o cocinar sean parte de la meditación. Además de la meditación zazen, limpiar y cocinar son partes importantes del día de un monje Zen. Pueden resultar ensalzantes al realizarlas cada día como practica del auto-conocimiento. Si para ti son aburridas, intenta hacerlas parte de la meditación, concéntrate en ellas, hazlas pausada y plenamente y tu día cambiará... y tu casa estará más limpia.
11. Piensa qué es necesario. Hay muy poco en la vida de un monje Zen que no sea necesario. En su armario no hay prendas exclusivas, ni muchos zapatos, nada de instrumentos tecnológicos, coches o comida basura (su dieta es vegetariana). No es necesario vivir como un monje Zen, pero nos tiene que servir para recordar que hay muchas cosas en la vida que no son necesarias, y es interesante pensar qué necesitamos realmente en nuestra vida y qué cosas son necesarias.
12. Vive de forma sencilla. Es el corolario de la regla 11, si no es necesario, puedes vivir sin ello. Libérate de aquello que no sea necesario o esencial. Para cada uno, esto será diferente, familia, lectura, ejercicio o lo amigos, pueden ser algo esencial en tu vida. Decide qué es lo más importante para ti y hazle hueco en tu vida eliminando lo que no sea esencial.

"El camino perfecto carece de dificultades 
excepto la de negarse a admitir preferencias,
solo cuando se ha liberado del odio y del amor 
se revela plenamente y sin disfraces;
una diferencia de un décimo de pulgada 
es lo que separa al cielo de la tierra.
Si quieres verlo con tus propios ojos, 
no debes tener pensamientos fijos, ni a favor ni en contra.
Todo es adecuado y a la vez nada es adecuado" 
(Poema Zen)

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