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dijous, 12 de març de 2015

Reinventando los idiomas del amor. Beatriz G. Portalatín.

Ilustración de Riki Blanco
A lo largo de estas últimas décadas, numerosos estudios se han hecho eco de los cambios sociales que han ocurrido en torno al amor y a las relaciones de pareja. El matrimonio sigue siendo en nuestra cultura el gran referente de unión afectiva pero, en los últimos años, otras formas de compromiso han encontrando su lugar.
Según señalaba el Censo de Población y Viviendas 2011 del Instituto Nacional de Estadística (INE) publicado en 2013, las parejas de hecho han aumentado de forma importante en los últimos años. Entre 2001 y 2011, el incremento de estas parejas con sus dos miembros solteros fue del 249,5%, y el de las parejas de hecho de otro tipo fue del 136,4%. Sin embargo, las de derecho siguen siendo más numerosas, aunque las parejas del mismo sexo se multiplicaron por cinco durante esos 10 años, siendo las masculinas más del doble que las femeninas.
A pesar de todo, explica Juan Macías Ramírez, psicólogo y experto en terapia de parejas, el matrimonio sigue siendo el origen de nuestro modelo de pareja que, aunque haya evolucionado mucho en la forma, en su esencia repite los mismos fundamentos iniciales. «Siguen siendo elementos que pesan sobre nuestras relaciones de pareja. Sentimos una cierta obligación de cumplir con estos requisitos y sufrimos frustración o fracaso cuando lo que nos pasa no se corresponde con lo que debería ocurrir», señala. Eso sí, cada vez más se van flexibilizando estos elementos y existen otras formas de uniones que ya no se no se basan en la idea de amor eterno que nos han inculcado generación tras generación porque han surgido nuevas necesidades. ¿Queremos menos por ello? ¿Amamos con menor intensidad por pensar que tal vez el amor puede no durar siempre? No se trata de dar más o menos, sino de reinventar idiomas.
Según asegura Delfina Mieville Manni, socióloga, agente de igualdad y sexóloga, existen nuevos modelos de ser (y de ser pareja) que tienen que inventarse nuevos idiomas. Parejas del mismo sexo que tienen que crearlos porque hay pocos y sesgados referentes, mujeres que desean estar solas y que vuelan por encima de ellas viejos mitos, o parejas que viven cada uno en una punta del mundo. Por todas esas circunstancias, «necesitamos reinventar los idiomas».

Compromiso frente a independencia
En uno de sus últimos libros, la escritora y socióloga británica Catherine Hakim señala que «necesitamos una visión más flexible de las parejas, no sólo la que se basa en el amor eterno». Sin embargo, todo esto tiene un porqué o quizá más de uno. Macías Ramírez, psicólogo, confirma que el conflicto viene dado por la dicotomía en que nos movemos en la actualidad: Entre el anhelo del amor (compromiso, pertenencia, espacio común) y el culto narcisista a la independencia (autonomía, libertad, individualismo, etc.) que encontramos en los actuales modelos de gestión y en los referentes culturales.
La vivencia del amor y la pareja, explica este experto en Psicología, está muy condicionada por el conflicto entre estas partes. En la actualidad, estamos acostumbrados a modelos de gestión rápidos y con control directo, al mundo de lo inmediato y la libertad de cubrir la apetencia. Esos son nuestros referentes actuales que entran en conflicto directo con «la construcción de un espacio común, el compromiso y la pertenencia -donde encontramos lo que anhelamos a nivel emocional y afectivo, pero su modelo de gestión es más lento, torpe y con menos control directo-».
El abanico de nuevas formas de amar y comprometerse (renunciar a las ideas de un amor eterno, otros compromisos de fidelidad y de gestión de la intimidad, nuevas estructuras familiares, etc.) revelan cambios significativos especialmente visibles en personas que tienen referentes culturales, sexuales, religiosos y de género más flexibles, aclara Macía Ramírez. Pero esto no siempre ha sido así. Cada idea o concepción que tengamos del amor, de las parejas y de otras cuestiones, hay que colocarla en su contexto social.
Como explica Mieville Manni, antes el para siempre era una condena y una tabla de salvación. Lo mismo pasaba en el ámbito laboral. Por ejemplo, si nacías hijo de pastor, morirías pastor. Por lo que «los males del amor y de la pareja son males del primer mundo», reflexiona esta profesional. De hecho, hace siglos el amor no era una prioridad sino que lo principal era la supervivencia. Todo se construye en base a las leyes y a las condiciones del momento.
Gracias al divorcio existe alguna posibilidad de volver a crearse de nuevo. Incluso, indica esta socióloga, en el terreno profesional (saltándonos la situación de crisis actual que realmente es un continuo salto al vacío) puede existir cierta movilidad social. Pero, «¿estábamos tan preparados para la incertidumbre?, ¿para la falta de continuidad?», pregunta la experta. Ahora, compramos eternidad con consumismo compulsivo, es decir, aplacamos la angustia de la pérdida o su posibilidad consumiendo cosas, servicios y personas. Nos movemos entre el para siempre y el nunca más. Rezamos mantras internos más o menos saludables como el hasta que la cosa dure, intentando convencernos que podemos manejar el no saber si estaremos solos.
Ahora, el amor se ha vuelto líquido, menos definido y menos acotado, con menos reglas o con normas cada vez más blandas, sigue explicando la especialista. Compramos el amor a crédito o, lo que es lo mismo, no podemos comprometernos completamente con nada, porque todo parece rápidamente caduco. Y esto hace que valoremos menos lo que tenemos y que además nos endeudemos emocionalmente. «Una pareja amorosa ha de ser un planeta grande e importante en mi constelación vital, pero no lo único. Si no se quiere crecer al lado del otro, es cuando la ruptura no tiene vuelta, aunque sigan juntos. En la pareja, así como en la vida, hay que ser consciente de las carencias pero no esperar complementariedad», afirma Mieville Manni.
Hay muchas definiciones de pareja, cada dupla es un mundo con sus particularidades. Pero lo importante, mantiene la psicóloga y terapeuta de pareja, Ares Anfruns Nomen, responsable del Área Clínica de Instituto Gomà, es cómo se sienta cada uno con respecto a la relación que crea con el otro, cómo se relaciona y cómo se comunica. No obstante, antes de formar una pareja del tipo que sea y con las reglas que ambos decidan, es básico amarse a uno mismo para poder amar de una forma libre: «La gente pide del amor sentirse bien consigo mismo, disfrutar de lo que se siente. Las personas queremos disfrutar de la vida, así que se puede elegir estabilidad, pasión o ambas ya que pueden ir unidas perfectamente».
Lo fundamental es seguir tu propia forma de vida. Si tu modelo perfecto es el para siempre, apuesta por ello, aconseja Mieville Manni. Si es el carpe diem o la monogamia en serie, apuesta por ello. Siempre desde el cuidado y la equidad -algo imprescindible y fundamental en las relaciones- todos los modelos pueden ser perfectos.

Cómo evitar rupturas
Son muchos los factores que pueden desencadenar el fin de una relación. Los más frecuentes, según los expertos, son la falta de comunicación y tener una mala o escasa sexualidad. Es fundamental que la pareja sepa buscar momentos de intimidad a pesar del trabajo, los hijos y los quehaceres cotidianos. También saber reinventarse en la esfera sexual es clave cuando esta faceta no va bien. Organizar planes juntos es otro elemento fundamental para fortalecer la relación de pareja. Por ejemplo, hacer una escapada de cuando en cuando o acordar un plan durante la semana sólo para la pareja. Pero, sin duda, un elemento prioritario es la comunicación. Según los expertos, aquella pareja que tiene una mala comunicación está abocada al fracaso. Hablar poco, o no hacerlo, da lugar a malentendidos, desconfianzas y silencios innecesarios. Algo que podría cambiar si se está dispuesto a dialogar y a solucionar los conflictos en el momento, no dejarlos amontonados y que exploten de golpe. En resumen, las claves son saber escuchar, saber pedir perdón y saber ceder un poco de ti en las discusiones.


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