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diumenge, 15 de març de 2015

"Vivimos atrapados por aquello de lo que huimos". Catherine Camus. La Contra de la Vanguardia. 04/08/12

Catherine Camus, hija de Albert Camus y albacea de su obra



Tengo 66 años. Nací en las afueras de París y vivo en Lourmarin, en el campo. Divorciada, con pareja. Tengo 2 hijos, 3 nietos, 5 gatos y 3 perros. Licenciada en Derecho. El poder es nefasto, para dedicarse a la política hay de matar los ideales. Soy libertaria. Creo en la vida.

La sonrisa de Camus
Ha salido de su refugio en el campo para presentar Albert Camus. Solitario y solidario (Plataforma). Un libro de fotos y material inédito sobre su padre que ha decidido mostrar, explica, "para recuperar su sonrisa y para que mis nietos sepan quién era realmente". Con el título recuerda que su padre desafió a los grandes sistemas ideológicos. Luchó contra el fascismo y abandonó el PC tras denunciar a Stalin y el gulag. "Se quedó solo, todos estaban contra él por defender el camino de en medio". Y en el prólogo cita: "Nadie puede morir en paz si no ha hecho todo lo posible por que los otros vivan". Solidario y humilde, ese es su recuerdo. Lo demás, la fama del escritor, es para ella una losa.

Qué le ha enseñado la vida?
A ser tolerante. Y tuve que aprenderlo muy pronto.

¿En qué circunstancias?
Cuando murió mi padre yo tenía 14 años y entendí que tanto la celebridad como el poder matan todo lo que hay a su alrededor.

¿Por qué lo dice?
Nadie se fijó en que había dos niños que se habían quedado sin padre. Había mucha gente en casa, hablaban entre ellos, pero a nosotros nadie nos habló. El dolor de los demás hay que tenerlo en cuenta. Aquella dureza se instaló en mí.

¿Y su madre?
Se marchó al lugar del accidente y cuando volvió no dijo nada.

¿Qué pasó entre su madre y su padre?
Creo que eran amigos, él no se comportaba como un marido, pero ¿acaso existe un marido de ensueño?...

¿Lo está justificando?
Se separaron cuando yo tenía 10 años, pero no era mi problema. Para mí lo extraño era lo de los demás, que los padres de mis amigas durmieran juntos.

¿Cómo era su madre?
Muy dulce pero neurasténica. Siempre estaba cansada, de hecho mi padre se fue de casa porque la familia de mi madre se lo pidió, consideraban que le hacía daño.

¿Le hacía daño?
No le era fiel; pero ella antes de morir me dijo que no se arrepentía de nada y que siempre amó a mi padre.

¿Cuál es su mejor recuerdo infantil?
La ligereza, no me hacía preguntas, simplemente vivía, como los gatos. Empecé a hacerme preguntas cuando nació mi primer hijo; yo tenía 22 años, crecí con ellos.

¿Qué ha significado en su vida ser la hija de Albert Camus?
El padre era estupendo, pero lo que representaba para los otros era un problema.

¿Eso dificultaba la relación con él?
No, él me protegía y todavía lo hace, siento su energía. Recuerdo sobre todo su risa.

¿Qué ha sido lo malo?
Ya en el colegio la gente esperaba que escribiera como mi padre, pero en lo que yo destacaba era en gimnasia.

Entiendo.
Incluso he temido por mis hijos, la sombra de la fama es terrible y he procurado que crecieran al margen. El hijo de un padre hiperfamoso no existe para los demás.

¿Ni siquiera para las cuatro parejas que ha tenido?
Mi padre murió a los 47 años, era joven, guapo y premio Nobel. El hombre tiene más necesidad de poder que la mujer, y la sombra de mi padre les hacía sentirse disminuidos.

¿Ha llegado a sentir rabia contra él?
Sí, porque su personalidad me ahogaba, pero no era su culpa.

¿Por qué decidió ser abogada?
Cuando mis hijos eran pequeños decidí estudiar Derecho para no tener que depender de ningún hombre. Escogí esa carrera porque era aséptica: ningún profesor podía esperar de mí grandes textos.

¿Cuándo leyó por primera vez un libro de su padre?
Calígula, a los 12 años. Mi padre me daba muchos libros para leer y luego me pedía la opinión. Sobre Calígula le dije que era muy divertido y se quedó muy sorprendido. Después de su muerte leí La peste y no volví a leer nada de él hasta los 17 años. Su obra se parece mucho a él.

¿En qué sentido?
Escribió lo mismo que nos exigía a mi hermano gemelo y a mí: sed libres pero siendo responsables de vuestros actos; hay que respetar y no mentir.

¿Qué ha sido de su hermano?
Estamos muy cerca, pero nunca hablo de él porque está psicológicamente enfermo.

Quisiera entender por qué destruye tanto ser hijo de...
Ya se lo he dicho: tú no existes. Sólo si tienes la certeza de ser, puedes más o menos vivir con ello; si no, te convierten en un animal de circo.

Entonces, ¿por qué ha acabado dedicándose a la memoria de su padre?
Es la vida la que ha escogido. La vida decide más que nosotros, y lo mejor que puedes hacer es estar de acuerdo. Me hice cargo de su obra a los 34 años, cuando murió mi madre.

Podía no haberlo hecho.
Todo el mundo insistió y me fastidió mucho, pero lo acepte sin hacerme más preguntas, como de costumbre. Vivimos atrapados por aquello de lo que huimos.

¿Por qué esa falta de rebeldía?
Mi vida no son las cosas que encuentro por el camino, ni la vida en sociedad. Mi vida es mi camino, pequeño pero profundo: el campo, las flores, los animales, mis hijos. No quiero parecer, quiero solamente ser.

Usted publicó el manuscrito que viajaba con él en el coche cuando se estrelló.
Publiqué El primer hombre porque era hermoso, porque habla de la persona, un hombre de origen muy pobre, hijo de una mujer analfabeta y huérfano de padre.

¿Qué ha comprendido del ser humano?
Cuando murió mi padre entendí que la muerte es un hecho con el que hay que contar, y fue algo muy positivo. Todo es liviano en la vida a excepción de la muerte. A menudo, ante ciertos comportamientos suelo pensar: "Fíjate, no sabe que va a morir".

A usted le gustan mucho los animales...
Sí, porque ellos no saben que soy la hija de Albert Camus.



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