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dimarts, 17 de març de 2015

“No existe párvulo que no quiera descubrir el mundo”. Richard Gerver. La Contra de La Vanguardia.

Tengo 46 años. Británico, casado, dos hijos (14 y 18). Fui maestro y dirigí un colegio 20 años. Los sistemas tradicionales están diseñados alrededor del concepto de control y deberían basarse en el empoderamiento. Todos nacemos creativos e innovadores. Soy judío no religioso.

Cómo un profesor de primaria acaba de asesor de Tony Blair.
Me nombraron director del peor instituto público del Reino Unido y lo convertimos en una de las escuelas de mayor éxito del país, con varios premios Unesco.

¿Cómo lo hizo?
Empezamos preguntándonos en qué adulto debían convertirse los alumnos para desarrollarse plenamente en el futuro.

¿Qué sabe usted del futuro?
El autoempleo será lo común, la tecnología seguirá expandiéndose, tendrán que colaborar con personas de cualquier rincón del mundo... Y eso requiere un entorno educativo activo, que no enseñe a los niños a escuchar sentados y en silencio, a memorizar y a verificar lo aprendido mediante pruebas.

¿Está en contra de los exámenes?
De que constituya la forma principal de medir el éxito educativo, sí. La educación ha de basarse en la experiencia, la resolución de problemas, la innovación y la colaboración.

De acuerdo, pero ¿cómo se pone en práctica todo eso en la escuela?
Con todo el respeto, su pregunta es de la era industrial. Si analizamos los fallos de los sistemas educativos, de las empresas tradicionales e incluso de los gobiernos, vemos que el primero es creer que los sistemas y las estructuras son el vehículo para el cambio; por eso cuando se produjo la crisis financiera (2008) nadie supo reaccionar. Es la gente la que cambia las cosas.

¿Qué tipo de maestro reclutaría usted?
Nuestros niños deben distanciarse de los pupitres, y los docentes, de estar frente a ellos explicando la lección. Tenemos que crear un aprendizaje más contextual, que no sea abstracto. Internet es una herramienta de aprendizaje increíblemente potente.

Volvamos a su escuela de primaria.
Creamos una microsociedad que reflejaba la vida real para que pudieran autogestionarse. Tenían su propio sistema político, emisora de televisión y radio, y gestionaban sus comercios y museos, es decir, todo lo que encuentras en una sociedad real.

¿Niños de entre 3 y 11 años?
Sí. El programa de estudios pivotaba en torno a cuatro principios: la comunicación, la empresa, la cultura y el bienestar. Todas las materias estaban interconectadas. Y los viernes escogían de entre 30 cursos (danza contemporánea, avanzadas, ajedrez, gestión su financiera, día de universidad, ciencias). Y nada de deberes, porque no existe evidencia de que marquen una diferencia positiva. La escuela debe inspirar a los niños y dejarles espacio siguiéndolos de cerca.

Todo eso es carito.
Los estándares académicos de nuestra escuela pasaron de una tasa de fracaso escolar del 40% a una de éxito del 90% en menos de dos años, lo cual prueba que si tú diseñas un sistema que es rico en experiencias y en contextos, los niños rinden.

Las escuelas se han convertido en empresas que compiten entre ellas.
Estoy de acuerdo. Sin embargo, según los informes internacionales, las más exitosas son las que se han distanciado del sistema competitivo. El problema es que la mayoría de los políticos consideran que la única manera de lograr éxito es concentrándose en la eficiencia y la competencia. Son antiguos.

Entiendo.
Si analizas las corporaciones más exitosas del siglo XXI, uno de sus fundamentos es la colaboración. Pero los políticos están obsesionados con las cualificaciones y los resultados académicos, con estar arriba en el ranking internacional.

Ahora toca ser finlandés.
Ya han caído, ahora lo que mola es Shanghai. ¡Esa es la locura del sistema! Los responsables de la política pública defienden que lo importante son las matemáticas, la tecnología y la lengua. Pero la verdad es que las capacidades más importantes en el futuro serán esas consideradas blandas, como la inteligencia emocional, trabajar en equipo, comunicar y resolver problemas.

La mayor parte de los grandes emprendedores del mundo en el siglo XXI no fueron universitarios. Amaban el conocimiento, pero eran autodidactas, mentes libres.

Hay tantas teorías que los padres nos volvemos locos.
No existe un párvulo que no quiera descubrir el mundo. Mientras estimulemos su imaginación, sus sentidos y les cuestionemos, desafiemos y retemos, continuarán aprendiendo. No existe secreto alguno, los padres tienen que dejar de leer libros escritos por expertos como yo, y empezar a tener más confianza en su propio instinto.

¿Qué aconseja a los padres?
Que no sobreprotejan a sus hijos. Hay que permitirles cometer errores.

¿Y a un director de colegio?

Que no intente poner en práctica todos los sistemas, que tenga la valentía de construir el sistema educativo sobre la base de esa visión del conjunto de profesionales de su escuela. Los profesores deben estar implicados, comportarse como profesionales, es decir, más pasión y menos quejas.


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